Lleras, 200 años (I)

Lleras, 200 años (I)

Junio 26, 2011 - 12:00 a.m. Por: Carlos Lleras de la Fuente

En 2011 se cumplen 200 años del nacimiento del primer Lleras (Lorenzo María) en territorio colombiano; su padre, José Manuel Lleras y Ala era natural de Barcelona, teniente de Navío de la Armada Española y había desembarcado en Panamá donde contrajo matrimonio.Esperaba su esposa, Manuela de Jesús Gonzales Casis, su primer hijo en ese entonces malsano lugar donde la fiebre amarilla por poco gana años más tarde la batalla contra la construcción del canal de Panamá, cuando resolvió el antiguo marino buscar un clima mejor y más sano y viajó a Santa Fé de Bogotá donde resolvió establecerse, ahora como honrado comerciante.Lorenzo María Lleras nació pues en esta ciudad el 8 de septiembre de 1811 y aquí nacieron también sus dos únicos hermanos: Judas Tadeo y Eustoquia María del Rosario que murieron jóvenes y sin descendencia, de manera que los cientos de miembros de la familia no tienen disculpa en cuanto a ser todos parientes entre ellos, lo cual no nos ha dejado otra salida sino la socorrida frase de que “todo el mundo tiene parientes que cambiar”.Dedicaré varios escritos a este evento que tantas consecuencias, buenas todas hasta donde yo las conozco, ha tenido para el país.Precisamente, y apartándome temporalmente de la serie de crónicas más o menos ordenadas que me propongo escribir, voy a referirme -ya que el tema está sobre el tapete- a los Lleras, la docencia y la cultura.Todos los miembros de la familia Lleras, por lo menos hasta mi generación, heredaron del fundador la vocación de enseñar y la hemos seguido con entusiasmo como aporte al país, que remuneración económica no tiene.Don Lorenzo María, tiempo después de regresar de su voluntario exilio de santanderista furibundo, de haber ocupado la rectoría del Colegio Mayor de Nuestra Señora de Rosario y de sobrevivir a sus frustrantes aventuras en el gobierno del general Obando, abrió el Colegio del Espíritu Santo (!), nombre que no cuadra mucho con la masonería en la cual la tradición oral lo ha colocado.Fue el primer colegio (¿y el único hasta la fecha?) que enseñaba dos idiomas extranjeros, francés e inglés y que impartía educación en tres; muchos hombres ilustres fueron sus discípulos, sin contar a sus hijos (19 en total) de los cuales recibieron educación gratuita todos los hombres que, de no haber existido el colegio, habrían sido analfabetas dadas las precarias condiciones económicas de mi tatarabuelo.Su hijo Federico Lleras Triana, quien además heredo de la familia de su madre el interés por la cultura (ver: el sabio José Jerónimo Triana) también tuvo colegio, El Colegio Lleras, que no logró tampoco sobrevivir muchos años por los altos costos que tenía su educación de gran calidad.Mi abuelo, mi padre y yo estuvimos vinculados por muchos años a la universidad y los descendientes de Luis María Lleras Triana y de su esposa Rosario, hija del general Agustín Codazzi -director que fue de la Comisión Geográfica- han sido siempre profesionales distinguidos y dedicados pedagogos.Los tíos Eduardo y Ricardo Lleras Codazzi integraron el grupo de fundadores del Gimnasio Moderno, junto con Agustín Nieto Caballero; Ricardo fue por muchos años el gran profesor de ciencias del colegio (“Papa Rico” lo llamaban sus alumnos) y más adelante fue Director del Museo Nacional (1924-1926) donde hoy trabaja mi hija menor como Curadora de las Colecciones de Arte e Historia, todo lo cual prueba que el amor por la pedagogía y la cultura viene en los genes y no se improvisa de la nada.De la misma rama Lleras Codazzi traigo a colación a Monseñor Rudecindo López Lleras, quien nunca se consoló de que Sínodo alguno no lo hubiese designado Papa; dada esta omisión del Espíritu Santo, fundó y dirigió la escuela de Derecho Canónico que tuvo como texto el excelente libro que escribió sobre la materia, ambas cosas después de retirarse de la cátedra del Colegio Mayor de Nuestra Señora del Rosario, universidad donde tenía fuertes enfrentamientos con monseñor Castro Silva (continuará).

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