Política tóxica

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Política tóxica

Octubre 10, 2019 - 11:40 p. m. Por: Carlina Toledo Patterson

Todos los días de la vida me pregunto cómo hace Barak Obama para manejar con tanta altura los embates verbales de Donald Trump y la manera como, desde que llegó a la Presidencia, ha convertido en trizas la mayoría de sus programas de gobierno. Algo similar me preguntaba durante el gobierno anterior ¿Cómo hace Juan Manuel Santos para permanecer impávido ante la virulencia de las críticas de su más enconado opositor?

Seguramente ambos -Obama y Santos- tienen una inteligencia emocional más alta que la mía y la de la gran mayoría de sus conciudadanos o están rodeados de un grupo de apoyo tan sólido que no les permiten tambalear. O ambas dos como dice mi marido.

Lo cierto es que -y esto no es nuevo para nadie- alrededor del mundo el fraccionamiento de la sociedad por temas políticos ha sido tan grande que hay familias rotas, amistades perdidas y la política en ciertos contextos es tema prohibido porque nos escapamos de irle a la yugular a quien no piense como nosotros.

Personalmente, siendo yo un animal político por naturaleza, me sustraje por completo hace unos años del tema. No oigo, no veo, no leo, no hablo y no me importa ya lo que pase o deje de pasar. Me hastié y eliminé la política de mi vida porque empecé a sentir que estaba siendo demasiado tóxico para mí y afectaba no solo mis relaciones personales, sino mi sueño, mi genio y mis reacciones ante cualquier cuestionamiento. Y no estoy dispuesta a enfermarme por eso.

Hace unos días, preciso un par de semanas antes de las elecciones en Colombia y cuando en Estados Unidos el inicio de campañas está en un momento candente, leí un post en Linkedin de Ariana Huffington sobre la enfermedad que está causando en el mundo el manejo zarrapastroso y bajo de la política y cómo manejar el estrés que este induce. Este post me llevó a otro par de lecturas, entre las cuales está un divertido e ilustrativo libro de un par de coaches, llamado Beyond Resistance: coping with the stress of the Trump era.

Entre las conclusiones que tengo es que la actitud mía pueda que sea sana para mí, pero no lo es para la sociedad. Porque en este momento más que nunca se necesita de personas valientes, que cuestionen, que argumenten, informadas y que propongan. Pero, ¿cómo mantenerse al margen del círculo de la ira permanente y conservar la energía y el deseo de comprometerse en alto, todo sin enfermarse?

Pues hay que aprender a interactuar con la política de una manera segura para uno. Dicen que se trata de encontrar lo que los griegos llaman ataraxia, un lugar de imperturbabilidad en el cual uno pueda estar en el ojo del huracán y también tener un impacto sobre el mundo.

Entre las propuestas que hacen están cosas bastante básicas, como por ejemplo, un ayuno gradual de Twitter hasta llegar al abandono total; leer en impreso y no ver TV ni escuchar radio; involucrarse en los asuntos importantes para cada quien, porque quedarse quieto aumenta el sentimiento de frustración; dormir bien, lo cual es un “bloqueador contra la insolación política”; cuando en reuniones sociales, buscar dinámicas distintas a la conversación sobre política porque es una granada que tarde o temprano explota y en últimas, comprometerse de una manera que no sea tóxica en lo personal. Yo agregaría, apelar a la inteligencia emocional de cada uno y volver a discutir con altura.

Yo no sé en qué medida me vaya volviendo a interesar en la política si aplico lo anterior, pero lo que sí tengo claro es que tengo un papel que desempeñar, así como lo tenemos todos. Hemos llegado al límite de la política tóxica y esto lo tenemos que cambiar.

Sigue en Twitter @CarlinaToledoP

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