Cali, pachanguero

Cali, pachanguero

Diciembre 06, 2018 - 11:35 p.m. Por: Beatriz López

Vísperas de diciembre, el país al borde del colapso con las marchas estudiantiles, la amenaza del IVA en los alimentos básicos, la muerte de líderes sociales, el aumento de robos y asesinatos en Cali, las migraciones de venezolanos y las bombas lanzadas a policías inermes.

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Para variar, el debate en el Congreso donde el fiscal Martínez se defendió ferozmente de las acusaciones de tres senadores sobre el caso Pizano-Odebrecht, del cual salió sonriente en medio de aplausos, gracias a su actuación merecedora de un Óscar. Paloma Valencia cerró con broche de oro el ‘debate del Siglo’ con el Petro-video, durante el cual, el defensor a ultranza de la anticorrupción recibía fajos de billetes, en una noche oscura, hace 14 años.

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Con ese estado de ánimo, fuimos al lanzamiento de la 61 Feria de Cali, en el Teatro Municipal. Derroche de luces en el escenario, la Orquesta Filarmónica de Cali con 50 músicos concertistas que al compás de oboes, fagots, violines y contrabajos, acompañaron a inolvidables intérpretes de salsa en canciones que hacen parte de la identidad caleña como ‘Mi Valle del Cauca’, ‘Oiga mire vea’ y ‘Cali pachanguero’, aquí sí, el teatro se estremeció y las penas se esfumaron.

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Mientras José Aguirre pasó cuatro meses en el ensamble sinfónico de la salsomanía, hasta vestirla de frac, Luz Adriana Latorre, gerente de Corfecali, lleva siete años poniéndole el alma y el coraje a posicionar la Feria al sitio donde está hoy: evolucionada, compacta, incluyente y diversa.

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Confieso que más de una vez he protestado por el título de ‘Capital de la Salsa’, pues olvidamos que Cali fue epicentro de festivales de arte de altísima factura, en el orden nacional e internacional, y que en alguna época fuimos la ‘Capital del Deporte’. No me gustaba esa connotación de ciudad rumbera y guapachosa, mientras las universidades crecían con la presencia de las nuevas generaciones ávidas de conocimientos, que soñaban con una ciudad moderna, educada y pluriétnica.

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Pero las culturas se funden y se entremezclan, la música une a los pueblos y hacia los años 70 las grandes orquestas de origen antillano coincidieron en las casetas decembrinas caleñas con la migración de la Costa Pacífica y todo el ritmo y el sabor de la raza afro formó esa argamasa que une a caleños, antillanos y afros hasta lograr el tumbao, la sensualidad y la soltura que identifica a esta Cali fiestera que hoy siente orgullo por ser la ‘Capital de la Salsa’.

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Es que además, las migraciones de la Costa Pacífica se convirtieron en un problema de grandes implicaciones sociales en los cinturones de miseria de la ciudad. Y si no es por la música, ese barril de pólvora habría estallada hace rato. Como bien lo dijo José Duván Lucumí de ‘Esencia Pura’, durante el Encuentro de Salsa Caleña organizado por la Alcaldía en el Parque Alameda: “En algún momento cometimos errores contra la sociedad, pero los enmendamos haciendo música, pues cambiamos las armas por los instrumentos”.

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Feliz noche de velitas. Todo estará permitido, menos la violencia.

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PD: Un fuerte abrazo para Jorge Arturo Sanclemente, que hoy soporta un nuevo duelo: la muerte de su hermano Fabio, el de la voz prodigiosa que le cantó a la vida. Paz en su tumba.

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