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Corona de Adviento
Corona de Adviento | Foto: Getty Images

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Año nuevo, mirada esperanzadora

Dios viene a todos en el Evangelio que se proclama cada día; en los sacramentos que recibimos; en los grandes santos que son dados a la Iglesia una y otra vez; en los grandes cambios con los que Dios renueva a su Iglesia...

3 de diciembre de 2023 Por: Redacción El País

* Monseñor Germán Martínez R., vicario episcopal para la educación

Hoy, domingo 3 de diciembre, para nosotros los creyentes es año nuevo. Comienza el año litúrgico 2024, que tiene ‘otro ritmo’, otra dinámica: mientras muchos están contando los días para que termine el 2023, los creyentes, con el adviento, que significa ‘llegada’, iniciamos un nuevo ‘tiempo de gracia’. Así como el año civil está marcado por el primero de enero y las fechas claves para declarar renta, celebrar el día de la madre, del padre, de la secretaria, etc., etc.; el año eclesial está marcado por el adviento, la navidad, la cuaresma, la pascua.

Para toda la Iglesia Católica, el 2024 será el año de la oración, como preparación al gran Jubileo del año 2025, cuyo lema es peregrinos de la esperanza. El texto evangélico que resuena hoy en todos los templos es el de Marcos en el capítulo 13.

Los especialistas lo llaman “discurso escatológico”, es una palabra técnica, su origen es griego, ésjaton, significa último y decisivo momento, es un tiempo cualificado, tiempo existencial, tiempo decisivo y oportuno para optar y decidir. Hace mucho que olvidamos que la vida tiene un fin, un sentido, nos gusta más el ‘carpe diem’, es decir, el ‘momentico placentero’, pasajero, volátil.

El mensaje de este adviento 2024 es concreto y preciso para todos: viene Jesucristo, el Hijo de Dios, continuamente viene a nosotros, Él permanece con nosotros, no se muda, decía Teresa la grande. Adviento tiene dos sentidos: es el tiempo de preparación para la Navidad, la primera venida del Hijo de Dios pobre y humilde en un pesebre y luego su venida en poder y gloria como juez del mundo al final de los tiempos.

Dios ha entrado en nuestra historia personal y colectiva; Dios ha entrado en nuestra sociedad, que quiere cerrarse a él y no puede. Dios viene a todos en el Evangelio que se proclama cada día; en los sacramentos que recibimos; en los grandes santos que son dados a la Iglesia una y otra vez; en los grandes cambios con los que Dios renueva a su Iglesia, como la sinodalidad, el caminar juntos, la renovación de nuestro ser bautizados que nos hace a todos iguales en dignidad.

Un verbo se repite varias veces en el evangelio de hoy: gregorein, en griego significa ‘velar, vigilar’, es una invitación a estar despiertos, atentos, libres de la neblina del sueño y de la inmovilidad. Dentro de poco comenzaremos la novena de Navidad, olvidémonos de nosotros mismos, arrodillémonos ante el Niño Jesús, entreguémosle nuestro corazón. Maranatha, Ven, Señor Jesús.

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