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Muerte a la corrupción

Enero 30, 2020 - 11:45 p. m. Por: Angela Cuevas de Dolmetsch

Hace 4 años elegimos a un empresario y no a un político como Alcalde de Cali, con la promesa que manejaría la ciudad con parámetros empresariales, cero corrupción, cero mermelada, eficiencia al máximo y equidad laboral como lo había hecho por años en su importante industria modelo de éxito empresarial. Llegó diciendo que el Tránsito era la cueva de Alibabá y los 40 ladrones, y todos pensamos que habría mano dura, castigo, revolcón, pero no se dio.

Ahora afloran las quejas. Una amiga tuvo que desistir de su contrato en Planeación porque debía entregar el 70% de su mesada a un intermediario que según él la repartía con diferentes funcionarios. Así trabajó por necesidad dos años. Al tercero rehusó pagar el soborno y ya al cuarto no hubo contrato.

Lo más grave aún es que la cultura del soborno está tan arraigada que cuando un contrato se gana en franca lid, como fue la escogencia de María Fernanda Cuartas como la escultora que hiciera ‘Ella’, el homenaje a la mujer vallecaucana que le da la bienvenida a los viajeros, los que están acostumbrados a ganar los contratos con prebendas se dedicaron a atacarla sistemáticamente escribiendo artículos, enviándole mensaje insultantes y groseros que a veces podrían considerarse amenazas a su vida e integridad.

¿Será que a estas personas les tocó pagar por un contrato que nunca les dieron? Sería bueno saber el trasfondo de la persecución a María Fernanda, pues no es solo a su obra sino a ella personalmente. Ojalá sea más bien parte del calibalismo que nos caracteriza cuando una mujer de la región sobresale.

Es tiempo que empecemos un ‘Me too’, ‘Yo también’, con víctimas de la corrupción. Que Alcaldía y Gobernación abran una página web de denuncias para desenmascarar a los vendedores profesionales de puestos y contratos públicos que según entiendo existen en muchas entidades a espaldas de los gobernantes.

Que tanto Jorge Iván como Clara Luz se vuelvan modelos de la lucha contra la corrupción y las prebendas en Cali y en el Valle, y a lo mejor también en otros municipios con alcaldes honestos como en Palmira.
Colombia encabeza la lista de los países más corruptos del mundo, sin embargo en las encuestas cuando se les pregunta a las personas que es lo que más le duele la deshonestidad no es primordial. Hablan de la pobreza, la salud, la educación, pareciera que nuestra cultura no considera dar y recibir sobornos como un pecado capital, pero los que lo han sufrido en carne propia seguro estarían preparados a denunciar anónimamente para que su vida no peligre.

En este nuevo periodo gubernamental sería interesante empezar un ‘me too’ con víctimas de corrupción y ver si logramos lo que el alcalde empresario no pudo, hacer de Cali una ciudad de cero corrupción que al mismo tiempo reduciría los índices de homicidios pues según me cuentan cuando un corrupto es denunciado su fácil defensa es acabar con la vida del denunciante.

Sigue en Twitter @Atadol

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