Daniel Quintero

Enero 13, 2022 - 11:45 p. m. 2022-01-13 Por: Angela Cuevas de Dolmetsch

Con gran sorpresa, los lectores de la revista Semana encontraron en la portada de su edición del 9 al 16 de enero a Daniel Quintero, alcalde de Medellín y una explosiva entrevista de Vicky Dávila sugiriendo que “enfiló baterías contra el GEA, Uribe y Fajardo y le agradece a Petro por su apoyo”. Pocos recuerdan que los accionistas mayoritarios del semanario tienen sobrados motivos para apoyar al controvertido alcalde, no solo porque se está cometiendo una injusticia pidiendo la revocatoria de un joven honesto, elegido por voto popular y que ha tenido el coraje de enfrentarse a las mafias, que según sus palabras le robaron el futuro a Medellín, destruyeron a Hidroituango, y ahogaron en deudas a la EPM, sino porque también fueron víctimas de manejos no muy santos a fines del siglo pasado.

En el laberinto de la política hay muchas ollas podridas qué destapar y son pocos los que se atreven a hacerlo, sobre todo en Medellín donde legendariamente ha habido mafias de diferentes tipos no solo del narcotráfico sino de carteles de muchas índoles.

El burgomaestre tiene 41 años y ha sido el alcalde más joven de esa ciudad, todo lo hizo temprano. Niño prodigio, hacía robots y a los 12 años se salió del colegio porque se aburrió y terminó a los 14 en una institución pública para entrar a la Universidad. Le tocó colarse a las clases porque no tenía cómo pagar la matrícula, pero por ser brillante los profesores se lo permitieron hasta que una madrina anónima le pagó la carrera. Le tocó vivir del rebusque, vendió postres en la calle y así empezó su carrera de empresario.

No viene de una familia de abolengo, aunque dice que su madre era hija de un hombre pudiente, pero se voló con un novio humilde de un barrio pobre, que la dejó pocos años después y como madre cabeza de hogar sacó adelante a sus tres hijos mientras vivió, pues falleció a los 39 años, cuando Daniel apenas terminaba el bachillerato.

Daniel fundó el Partido del Tomate con Juan Carlos Upegui hoy su secretario de la No violencia, donde hacían atentados de paz. Una vez llenaron con banderas blancas que decían ‘paz sin peros’ la sede del Centro Democrático y otra vez le tiraron tomates a una pancarta de Ordóñez.

Su campaña para la alcaldía fue quizá una de las más sucias, llena de ataques personales, hasta de atentados de muerte. Los carteles que se beneficiaban de la corrupción de Hidroituango no iban a permitir que lo eligieran y son los mismos que con firmas falsas hoy tratan de lograr su revocatoria.

En las elecciones prepandemia, las tres ciudades más grandes de Colombia eligieron alcaldes democráticos independientes que hoy los tratan de tumbar por razones diversas, que van desde el manejo del paro hasta la contratación de un maquillador para Claudia López. ¿Será que no podemos acabar la cruzada del odio y dejar que estos tres mandatarios elegidos democráticamente terminen su mandato?
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