Paz total esquiva

Diciembre 06, 2022 - 11:40 p. m. 2022-12-06 Por: Álvaro Guzmán Barney

El Gobierno se ha propuesto una política de paz de Estado apoyado en una ley que busca la Paz Total. Sin duda, esta es una meta deseable para todos los colombianos. Pero se trata de una meta esencialmente política que se confronta con la dura realidad de lo que efectivamente se puede lograr. La paz total es imposible, en Colombia y en otros países del mundo.

La ley hace una distinción fundamental entre los diálogos y acuerdos que se pueden hacer, ya sea con los grupos que tienen una motivación política que los enfrenta al Estado, o bien con aquellas organizaciones que son esencialmente criminales. Con estas últimas, las negociaciones serán muy difíciles ya que se requiere desmontar los fundamentos del crimen organizado que en Colombia son las economías ilegales, especialmente, pero no únicamente, el narcotráfico. Mientras este incentivo de lucrarse con economías ilegales exista, algunos estratos del crimen organizado podrán dejar las armas y el negocio, pero otros lo retomarán, por lo menos en las circunstancias actuales del país.

Pero, por otro lado, están las negociaciones que ya han comenzado con el Eln, un grupo político alzado en armas hace más de 50 años. Este grupo es experto en negociar, desde hace 35 años, pero sin llegar a acuerdos con diferentes Gobiernos para dejar las armas. Si el Eln es verdaderamente un grupo político, entonces la decisión de optar por la vía armada y violenta deben haberla entendido como un medio y no como un fin para lograr el cambio de la sociedad. Hay muchos argumentos para sustentar que desde Belisario Betancur, pero especialmente desde 1991, no hay justificación alguna para continuar con la vía armada.

Ahora, cuando otro grupo que estuvo armado y se desmovilizó ha llegado al poder por la vía electoral, es importante que el Eln manifieste clara y públicamente su convencimiento de que la vía armada es obsoleta y que se ha llegado el momento de dejar las armas definitivamente. Si lo hace, es aceptable que el Eln busque llegar, en el corto plazo, a unos acuerdos que se espera sean realistas. Teniendo en cuenta la trayectoria negociadora de este grupo se deben poner de presente dos problemas. El primero, que el Eln siempre ha insistido en que se debe negociar “con la participación de la sociedad civil”. Este es un tema muy complicado que solo se puede resolver puntualmente con la participación de algunos sectores sociales, los ganaderos, por ejemplo.
Pero no puede ser una participación indefinida de los llamados a hacerse presentes en la negociación. Tampoco ‘vinculante’ per se y menos alternativa a la participación que los ciudadanos tenemos con la representación parlamentaria en el Congreso.

El segundo problema es que el Eln ha insistido en que las conversaciones y los acuerdos deben llevar a la solución de los ‘problemas estructurales’ de la sociedad colombiana, especialmente la desigualdad y la exclusión.
Para resolver estos problemas, afirmo yo, no se requiere en Colombia levantarse en armas. Se necesita que el sistema político sea lo suficientemente amplio como para darle lugar a que todas las propuestas para salir de la pobreza y la desigualdad se puedan discutir y que salgan adelante las que mayor apoyo tienen. Se requiere fortalecer la democracia liberal. En este contexto, no se entiende la declaración del máximo negociador del Eln, Pablo Beltrán, en el sentido de que el Eln no necesita ni quiere curules en el Congreso. Muchas cosas están por aclararse en unas negociaciones que parecen más mediáticas que planificadas. Más complicadas aún aquellas negociaciones que involucran a los grupos criminales organizados.

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