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Angelino Garzón, columnista El País
Angelino Garzón | Foto: El País

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Algunas historias dignas de contar

Algunos de los jóvenes con los cuales he podido hablar están de acuerdo, a manera de prevención de futuras protestas sociales, que se lleve a cabo una mesa de diálogos solidarios...

25 de junio de 2024 Por: Angelino Garzón

Algunas personas, posiblemente por falta de información, han querido mostrar al departamento del Valle del Cauca y a la propia ciudad de Cali como sitios de corrupción, de violencia, de rumba, cuando en la vida real es una región de trabajo, alegre y en progreso.

Somos ricos en diversidad ambiental. En medio de las dificultades sociales y económicas, tenemos una buena red empresarial, de instituciones educativas, culturales, de investigación científica, y una significativa red hospitalaria, pública y privada.

A partir de esa realidad y haciendo las veces de escribano, me permito reseñar algunas historias dignas de contar y donde los actores son personas muy diversas por su origen social y cultural.

Por ejemplo, en las protestas sociales en el 2020 y 2021 ocurrieron diversos hechos de violencia que le hicieron daño, tanto a las instituciones estatales como a la propia protesta social.

Un conjunto de jóvenes habitantes de varios barrios que conforman la comuna de Aguablanca en Cali, con necesidades en materia de alimentación, estudio y trabajo, participaron activamente en esas protestas sociales.

En medio de tanta irracionalidad y polarización, una historia que debe resaltarse, y que muestra otra cara de la denominada ‘Primera Línea’, es la firma del acuerdo de 8 puntos, conocido como ‘Acuerdo Nuevo Latir’, firmado por la Alcaldía de Cali, los diversos organismos de control del Estado, las Naciones Unidas y la OEA y por voceros muy diversos de los jóvenes.

Tal como me lo manifestó Andrés Valencia, uno de los líderes sociales de ese sector de jóvenes, dicho acuerdo no solo fue una manifestación de confianza en el Estado, sino también una oportunidad de vida de miles de jóvenes, que, tanto en el 2020 como en el 2021, lucharon por tener oportunidades de comida, trabajo y estudio.

Esas banderas que, en opinión de ellos y también mía, continúan vigentes, los actuales gobiernos de Cali, del Valle del Cauca, como el propio Presidente Petro, no pueden desconocerlas.

Algunos de los jóvenes con los cuales he podido hablar están de acuerdo, a manera de prevención de futuras protestas sociales, que se lleve a cabo una mesa de diálogos solidarios, donde participen voceros del Estado y de empresarios de Cali.

Otro tema valioso es la iniciativa de sectores empresariales del Valle del Cauca, de jóvenes que hicieron parte de la denominada” primera línea”, que no se consideran ni de izquierda ni de derecha, sino jóvenes constructores de vida, de paz y reconciliación, quienes aglutinados en el proyecto ‘Compromiso Valle’, coordinado por Propacífico han iniciado una experiencia de huertas urbanas en Cali.

Igualmente, digno de contar es el propósito en que se halla empeñado el alcalde de Cali, Alejandro Eder, de recuperar el optimismo y la esperanza de todas las personas que vivimos en Cali.

Sobre ese particular, le sugerí personalmente al alcalde, que aprovechando todo el proceso de organización de la COP 16, sería importante la socialización de esa política de recuperación de la ciudad en el próximo mes de julio, con la colaboración de la Cámara de Comercio de Cali y la gobernación del Valle, buscando comprometer a todos los que aquí vivimos y que tenemos en común el propósito de contribuir a una Cali mejor.

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