Liderazgo de Duque

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Liderazgo de Duque

Noviembre 05, 2019 - 11:50 p. m. Por: Alfredo Carvajal Sinisterra

La inmensa mayoría de los comentaristas le atribuyen al presidente Duque escasez de liderazgo. Lo cual me ha hecho reflexionar, ¿cuál es el liderazgo que demandan nuestros compatriotas?

Mirando retrospectivamente los líderes más reconocidos en nuestro país son personas como Jorge Eliécer Gaitán, Laureano Gómez, Álvaro Uribe, Alfonso López; en el siglo anterior, Simón Bolívar, Rafael Uribe Uribe, Tomás Cipriano Mosquera, etc. Son las estrellas que más alumbran. La característica más sobresaliente de los caudillos es un magnetismo que obnubila, un sentimiento más emocional que racional, el cual produce en sus seguidores fanatismo. No importa lo que expresen, se convierte en la última palabra. Algunos de ellos, que han ostentado cargos públicos, han tenido desempeños mediocres. Cuando los ejercen priorizan su prestigio y desestiman los postulados de una administración responsable. Intentan imponer sus convicciones. Gobiernan para sus partidarios. Infortunadamente en Colombia existe un amplio sector de la opinión pública que responde a este tipo de liderazgos, les gustan. A eso están habituados.

El presidente Duque fue elegido para gobernar a todos los colombianos y su propósito es servirlos por igual, sin reparar en sus ideologías o sus partidos. Se trata de un líder sereno, ponderado, equilibrado que escucha la opinión de sus ciudadanos y actúa con eficacia. Es un estadista que no busca reelección o construir toldo aparte como Santos. Su obsesión es gobernar con acierto. Que el país crezca económicamente con más equidad, respeto con el medio ambiente y responsabilidad fiscal.

En el último certamen electoral se eligieron funcionarios regionales. Los dirigentes de su partido seleccionaron los candidatos y los apoyaron. Esa no es la labor del presidente. El senador Uribe aceptó con valor y sindéresis su responsabilidad como jefe del partido, lo que correspondía en un tema político partidario.

El Dr. Duque ha perdido favorabilidad. Él escogió un camino espinoso. Para evitar la corrupción que nos agobia, decidió abolir la mermelada de tajo. Todos los gobernantes anteriores del orden nacional y regional la han practicado, para lograr sus propósitos políticos. El presidente Santos utilizó esa perversa costumbre para triunfar en su segundo periodo y para que le aceptasen sus propuestas, en un tema polémico como el acuerdo de paz. Lo mismo hizo el presidente Uribe para ser elegido en la segunda oportunidad. Inexpicablemente el expresidente Gaviria lo critica por ahorrar gastos, en cambio pondera al gobierno anterior por aumentarlos innecesariamente, o mejor, necesariamente para lograr sus propósitos. Ha tenido que soportar críticas de su propio partido por su política anti-mermelada. Ojalá persista en su empeño para ver si logra torcerle el pescuezo a un hábito practicado por los gobernantes, nacionales y regionales, con consecuencias funestas, un hábito que causa corrupción y déficit fiscal.

Está cumpliendo con los acuerdos con las Farc a pesar de no estar de acuerdo con todo el contenido. Se trata de un gobierno serio que cumple sus deberes.

El gobierno anterior le dejó una tarea ardua, reducir la mayor extensión de cultivos de coca de la historia, por un acuerdo que finalmente se precipitó, para ganar méritos.

Es un estadista, no un jefe político; como debe ser.

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