Libertad y orden

Diciembre 06, 2022 - 11:50 p. m. 2022-12-06 Por: Alfredo Carvajal Sinisterra

Este es el lema de nuestro escudo. No voy a comentar sobre la libertad, que aunque tiene falencias, es satisfactoria en buena medida. En cambio, padecemos desorden y confrontaciones. La guerra entre los partidos tradicionales en el pasado, en la actualidad, la guerrilla, el narcotráfico y la inseguridad ciudadana, un hecho atemorizante.

Lo incomprensible son las aberraciones, activas o pasivas, aceptadas por las autoridades. Mencionaré algunos ejemplos que observamos en nuestro diario acontecer.

Tropezamos continuamente con vehículos coloquialmente llamados gualas. Se utilizan como buses de servicio público. Son unos jeeps hechizos de más de 30 años de uso, reconstruidos con piezas de diversos orígenes. Sus pasajeros van sentados sin cinturones y otros se cuelgan en la parte trasera. ¿Quién habrá realizado y aprobado su revisión técnica? ¿Quién los autorizó para prestar servicio público? ¿Qué papel cumplen los agentes de tránsito cuando los ven con sobrecupo, con pasajeros empacados como sardinas en lata? ¿Por qué no se ha exigido sustituirlos por vehículos más modernos y seguros?

Continuamente constatamos carros estacionados en los andenes, impidiendo el tránsito de las personas. Vendedores ambulantes invadiendo aceras y vías públicas. El peatón en Cali carece de carriles para circular.

Vemos crecer barrios en las lomas de Cali como Montebello, Menga, Terrón, etc., invadiendo cerros donde no es permitido urbanizar.

Particulares se apropian de zonas públicas. Un ejemplo protuberante son las bermas de los rieles del ferrocarril, en donde funcionan parqueaderos privados y talleres. Tan pronto nos aproximamos a la galería de Santa Elena surgen cambuches convertidos en expendios de alimentos carentes de higiene.

Para quienes viven en el Distrito de Aguablanca o en barrios periféricos se observa que existen costumbres habituales como conducir moto sin casco, llevar parrilleros del sexo masculino, etc. Curiosamente los guardas en esas zonas son invisibles.

En el perímetro urbano las normas de tránsito y los semáforos se violan con insólita frecuencia.

Se destruye la naturaleza para darle paso a los cables en la ciudad más arborizada del país.

Se decretaron unas Megaobras, para las cuales se cobró una suma cuantiosa, hace más de una década, y varias no se piensan construir.
En el MÍO hay colados que no pagan.

Casi la mitad de la actividad comercial, de servicios o productiva de Colombia es informal. Sus trabajadores carecen de seguridad social y sus remuneraciones en la mayoría de los casos es menor al salario mínimo.

En los periódicos, la televisión y la radio dan noticia frecuentes de personas que han reincidido en el mismo delito seis o siete veces y son nuevamente aprehendidos. Los jueces no los condenan por que no existe espacio para encarcelarlos.

Recientemente fue publicado un fallo por el asesinato de Monseñor Isaías Cansino Duarte, cometido hace 20 años. Es habitual que los fallos jurídicos se produzcan con una tardanza inusual.

La impunidad en nuestro país es mayor al 90%.

Sin orden no puede haber paz. Es imposible que exista confianza institucional, en quienes las gobiernan. Los funcionarios del Estado, y los políticos, municipales, departamentales y nacionales, deben comprender que su deber primordial es cumplir con los postulados constitucionales y las leyes.

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