Gran diferencia

Diciembre 18, 2022 - 11:55 p. m. 2022-12-18 Por: Alfonso Otoya Mejía

Esta semana se ha acrecentado la discusión sobre los beneficios que podrían tener los denominados gestores de paz. Por más que el gobierno pretende aclarar las diferencias semánticas entre gestores de paz, voceros de paz y gestores de convivencia, el problema real no está ahí.

En Colombia hay cerca de 12 millones de colombianos entre los 14 y 28 años. Estas son las edades que internacionalmente determinan a una persona como joven. De estos jóvenes, unos 100 mil expresaron su descontento el año pasado de muchas formas y salieron a marchar de manera pacífica, la mayoría. Esta expresión de descontento después se vio reflejada en las urnas a favor del actual presidente. La juventud buscando el cambio, eligió a Petro.

Sin embargo, muchos tenemos gravados los desmanes, destrozos, vandalismo y asesinatos que durante días prosiguieron a las marchas de abril y mayo del 2021. A los jóvenes que lideraron estos crímenes, desde los primeros momentos se les conoció como la primera línea. Hoy 313 de ellos están procesados judicialmente por los delitos causados durante los días del paro. Es aquí donde creo que sí vale la pena hacerle una aclaración semántica al gobierno. No es lo mismo los jóvenes colombianos que la primera línea y además no toda la primera línea son jóvenes.

Si lo que el gobierno verdaderamente quiere es brindar oportunidades reales a los jóvenes, debería partir de la base de no estigmatizar a los 12 millones de colombianos, con su constante referencia a ellos como los miembros de la primera línea. Esto solo trae al imaginario general los 313 delincuentes que amenazaron durante días la tranquilidad de los colombianos.

Como sociedad nos tenemos que comprometer con el futuro de nuestros jóvenes, sobre esto no hay duda y hay un consenso general. Es el futuro de nuestro país. Hoy en día muchas empresas y compañías hacen esfuerzos importantes por crear oportunidades para los jóvenes de nuestro país. Es más, estarían dispuestas a hacer esfuerzos adicionales, bien estructurados que les permitan en los próximos años a estos 12 millones de compatriotas generar proyectos de vida sostenibles y exitosos. Es aquí donde está el verdadero esfuerzo que debemos hacer para los jóvenes de Colombia.

Si queremos que esta generación ponga a nuestro país en una senda de crecimiento sostenible, que traiga oportunidades y además mejor su calidad de vida, debemos plantear estrategias que les permitan construir y no solamente sobrellevar sus vidas. Estrategias como ser pilo paga eran una buena medida. Seguramente tenía aspectos por mejorar, pero generaba posibilidades reales. El planteamiento del gobierno actual de pagar un millón de pesos mensuales a cien mil jóvenes no deja de ser un programa asistencialista más, que no genera ningún tipo de obligación del ciudadano y aumenta las obligaciones del Estado.

Hay que construir programas que sean generadores de oportunidades, que permitan preparar y capacitar a una población que tendrá en poco tiempo que iniciar su etapa adulta en medio de un mundo cada vez más integrado y competitivo. Esto no se va a lograr con un millón de pesos ni estigmatizándolos como primera línea. No permitamos que nos confundan. Hay una gran diferencia entre los jóvenes y la primera línea.

Nuestra prioridad debe ser los jóvenes no la primera línea. Gran diferencia.

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