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Enero 03, 2021 - 11:55 p. m. Por: Alfonso Otoya Mejía

Aunque el inicio del año se encuentre marcado por el debate entre las medidas improvisadas para la contención de la pandemia, las cuestionadas formas como el municipio está contratando y la falta de conciencia de muchos en cómo cuidarnos, hay algo que está por encima de todo esto. Hoy más que nunca debo resaltar y agradecer el trabajo a todos los profesionales de la salud, que durante estos 10 largos meses han puesto de lado sus propias necesidades, familias y seguridad. Son miles de personas que se han dedicado a protegernos y cuidarnos.

Doctores, enfermeras, auxiliares, instrumentadores, comunidad administrativa y todos los colaboradores del sistema de salud han vivido momentos de gran tensión y estrés. Su sacrificio ha permitido traer alegría a muchas familias que han visto cómo sus seres queridos retornan a sus hogares agobiados por los padecimientos vividos fruto del coronavirus pero con vida para poder continuar compartiendo.

Al inicio de la cuarentena recuerdo como con mi familia salimos a las 8 p.m. al balcón de nuestra casa a aplaudir a los profesionales de la salud. Ver a mis vecinos con la misma actitud y a mi hijo emocionado aplaudiendo me parecía el mínimo soporte para estas personas y sus familias que estaban en la primera línea de defensa. En ese momento el grado de ansiedad e incertidumbre frente a las causas, efectos y formas de contagio del virus eran altísimas. Desde la comodidad de mi hogar solo pensaba en el valor que se requiere y la vocación de servicio que se tiene que tener para, que confiando solo en la ciencia, dejar a su familia, y poner en riesgo su integridad para tratar de salvar a otros.
Desafortunadamente esa muestra diaria de apoyo se perdió, pero no la gratitud incondicional.

Durante la pandemia se han vivido escenas desgarradoras de valentía y entrega de estos profesionales pero al mismo tiempo episodios vergonzosos y reprochables de otros actores de la sociedad que en algunos casos por miedo o cobardía han asumido actitudes de discriminación cercana a la xenofobia. Cómo olvidar el caso en el cual un médico trató de entrar a una sucursal bancaria y se le negó el acceso por estar con su uniforme de trabajo. Menos mal se trata de casos excepcionales.

Esta semana las UCI de nuestra ciudad volvieron a alcanzar niveles de ocupación superiores al 90% no solo por el Covid-19 sino por los padecimientos habituales de esta temporada. Sin importar que sus hijos los estuvieran esperando para cantar villancicos y comer buñuelos, estos valientes seres humanos han dejado todo de lado, sin cuestionar la responsabilidad que pudo tener la persona al momento del contagio, para luchar por la vida de ellos. Hoy las enfermeras y médicos reciben en las áreas de urgencias centenares de personas que hace 10 días estaban gritando y festejando en la calle. Hoy sus vidas están en las manos del cuerpo médico y del azar que es el único capaz de explicar por qué un paciente se complica y fallece.

Quiero rendir un reconocimiento a los más de 100 profesionales de la salud que han fallecido en estos meses por causa del covid. Igualmente agradecer a todas esas personas que de forma anónima todos los días se despiertan a pesar del cansancio físico y mental a salvar vidas. A sus familias reconocer el sacrificio que hacen por el tiempo que sus seres queridos tienen que dedicar a luchar por la salud de otros. Estas personas fueron los héroes del 2020. Por todo eso gracias.

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