Realidad tenebrosa

Febrero 27, 2022 - 11:35 p. m. 2022-02-27 Por: Alejandro Éder

Una guerra de agresión en Europa en pleno Siglo XXI es algo que parecía imposible hasta el impacto de los primeros misiles rusos en Ucrania la madrugada del jueves pasado. Este hecho dio inicio a la primera guerra de agresión internacional en el viejo continente desde la invasión Nazi a Checoslovaquia en marzo de 1939. A pesar de las reiteradas advertencias del presidente de Estados Unidos, Joe Biden, y de la Otan, existía la esperanza de que el presidente ruso Vladimir Putin sólo amenazaba con la espada para mantener su posición de poder e influencia en la región y para obtener la concesión política de Ucrania de abandonar su anhelo de ingresar a la Unión Europea y la tan. La guerra sucedió.

Los últimos días de combates no dan indicio de cómo se pueda desenvolver esta situación. Hay un riesgo real de que, una vez ocupada Ucrania o estancada la operación, el ejercito ruso -de los más grandes y capaces del mundo para guerras convencionales, y principal potencia nuclear del planeta junto a EE. UU.-, tornará su mira para probar la resiliencia de la Otan, sobre todo la voluntad de la alianza para aplicar el principio de defensa mutua para sus países miembros de Europa Oriental, en especial aquellos que integraron el antiguo Pacto de Varsovia en tiempos de la Unión Soviética.

Para algunos analistas lo que busca Putin, un nostálgico del Imperio ruso, es recomponer la URSS. Por ello, pueden estar en la mira las tres pequeños países bálticos -Estonia, Lituania y Letonia- antiguas republicas conformantes de la Unión Soviética, como lo fue Ucrania. También pueden estar amenazados Rumania que colindan con Ucrania y Polonia que colinda con Ucrania, Bielorrusia y Rusia, pues no solo están fluyendo armas desde sus territorios hacia la resistencia ucraniana, sino que cuentan con bases de sofisticados misiles interceptores americanos. Repito, el riesgo más grande en esta confrontación se dará si Putin busca probar si Estados Unidos y sus principales aliados de la Otan -léase el Reino Unido, Alemania y Francia- están dispuestos a ir a la guerra y apurar un holocausto nuclear por defender estas pequeñas naciones europeas. Él cree que no reaccionaran.

Ahora bien, en el extremo oriente, la República Popular de China está observando cuidadosamente la evolución del conflicto en Ucrania y la respuesta de Occidente y sus aliados. Si bien China se ha declarado neutral, el 4 de febrero Putin se reunió con el presidente Xi en Pekín donde anunciaron una alianza estratégica política y de seguridad, y desde la invasión Xi se ha cuidado de criticar la agresión rusa, ni siquiera en el Consejo de Seguridad de la ONU. El interés chino en observar la reacción estadounidense yace en su intención de recuperar, así sea por la fuerza, a Taiwán, nación independiente de facto desde 1949 y una de las democracias más desarrolladas y fuertemente armadas de Asia.
Gracias al rechazo mundial tanto de gobiernos como de ciudadanos a la incursión de Putin, una agresión a Taiwán se ve cada día menos probable. China tiene un perfil geopolítico mucho más alto que el de Rusia y por lo tanto más que perder.

Estar ante una posible confrontación bélica entre potencias nucleares, es decir la Tercera Guerra Mundial, nunca había estado tan cerca, ni siquiera durante la crisis de los misiles en Cuba de 1962. Esperamos que el escenario al que acabo de aludir sea hipotético y no una realidad tenebrosa a la que podríamos acercarnos a pasos acelerados. Confiemos en que quienes hoy están navegando esta tormenta mantengan la mano firme para evitar un rumbo devastador.

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