Pequeña memoria electoral

Mayo 22, 2022 - 11:35 p. m. 2022-05-22 Por: Alejandro Éder

No recuerdo una elección tan reñida, polarizada e incierta, donde se evidenciara que tanto estaba en juego. Las explicaciones son diversas y pueden ser demasiadas para explorar en una columna. Sin embargo, repasemos la reciente memoria electoral con miras a que nuestra democracia salga intacta y consolidada de este trascendente ejercicio democrático.

La actual época presidencial comenzó en 2002. En ese año, Colombia estaba desangrada por el terrorismo incesante de las Farc y de los paramilitares. Estábamos mamados de los abusos de la guerrilla durante el Caguán. Una guerrilla rica, mentirosa y bien armada. Álvaro Uribe Vélez fue electo en primera vuelta ese año con el 55% de la votación con la promesa de derrotarla. Su posesión se llevó a cabo al interior del Palacio de Nariño debido al asedio de las Farc. Esto no impidió que atacaran la ceremonia con una lluvia de cilindros bombas que dejó 17 muertos y 20 heridos.

Para 2006 se revivió la reelección. Muchos hoy dicen que ese fue el punto de quiebre de Uribe, pero lo cierto es que en ese momento los colombianos estábamos bien con el presidente y fue reelecto con el 62% de la votación en primera vuelta. Algo notable de esa elección es que la segunda votación, la de Carlos Gaviria del Polo Democrático consiguió el 22%. Entonces quedó claro que la izquierda puede participar democráticamente acabando así con las apologías revolucionarias de las Farc.

La luna de miel con el uribismo duró hasta 2010 cuando Juan Manuel Santos fue electo con el 70% de la votación en segunda vuelta, luego de haber logrado el 47% en primera. En esta ocasión la Ola Verde de Antanas Mockus no alcanzó el 30% ni en primera ni en segunda vuelta, pero se hizo sentir.

Durante el primer periodo de Santos se gestó la confrontación con Uribe que polarizó el país. Muchos dicen que la polarización fue por los diálogos con las Farc. Pienso que las razones fueron muchas y diversas, y el Proceso de Paz sirvió de caballito de batalla, pero esta es otra discusión. El hecho es que la polarización se produjo.

La pelea Santos-Uribe marcó las elecciones del 2014 y 2018. En la primera triunfó con mucha dificultad la reelección de Santos con el 51% en segunda vuelta, y durante cuatro años se alimentó con el caballito de batalla, esta polarización dentro y fuera del establecimiento. Lo que sucedió es que en 2018 y como resultado de la polarización un candidato de izquierda pura y dura como Gustavo Petro la aprovechó para colocarse como opción. Su campaña fue marcada por el radicalismo que lo caracteriza y si bien casi no llega a segunda vuelta, al final saco 8 millones de votos y el 41% de la votación. Iván Duque fue electo con el 54%.

Hoy lo más probable es que el próximo presidente sea electo con el 50% y pico de la votación, tal como las últimos dos presidenciales. Quede quien quede, su gran reto será reconciliar a Colombia y unirnos ante un propósito. La resultante de no hacerlo será 4 años más de polarización. Debemos definir un nuevo objetivo nacional. Hace 20 años era dominar a las Farc y los paras. Hoy debe ser convertirnos en un país rico y de oportunidades, consolidando la democracia y ampliando nuestra economía de mercado. Debemos jugárnosla toda por elegir un presidente que una y comparta esta visión. Un presidente que no piense que haber vencido en las urnas le permite ignorar a quienes no ganaron. Pero si ello no se da, la pelea es peleando, y en democracia y dentro de las instituciones retomaremos el rumbo y no permitiremos que se descarrile el futuro que merecemos y al que podemos aspirar.

Sigue en Twitter @alejoeder

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