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Iota, no

Noviembre 22, 2020 - 11:35 p. m. Por: Alejandro Éder

El paso del huracán Iota por San Andrés y Providencia sirve como alerta. Nadie está a salvo del calentamiento global. Es raro que un huracán golpee territorio colombiano, inclusive el Archipiélago de San Andrés. Por más distante que algunos consideren la realidad de las lejanas islas, hay lecciones vitales qué aprender. La principal es que, ante el nuevo escenario de cambio climático, lo aparentemente imposible es posible y debemos estar preparados para toda adversidad.

En el caso de Cali, el escenario más aterrador -con la capacidad de destruir nuestra ciudad y hasta impactar de manera fatal y notable el PIB nacional- sería que se reventara el jarillón que protege a la ciudad del río Cauca. En la ola invernal de 2010, el dique debilitado por haber sido colonizando y habitado por décadas de manera irregular, casi se revienta ante la creciente del Cauca poniéndonos en riesgo a todos. De haberse reventado, 800 mil caleños hubieran quedado bajo agua; se hubiera afectado infraestructura crítica como la Planta de Agua Potable de Puerto Mallarino, dejando el 75% de la ciudad sin suministro de agua potable; y el daño económico y social hubiese sido pavoroso.

Para resolver este riesgo, hace una década el Gobierno Nacional y las autoridades del Valle gestionaron el Plan Jarillón de Cali con el Fondo de Adaptación, que financiaría las dos terceras partes del casi $1 billón que cuesta; el resto lo paga la región. El plan tiene como objetivo liberar el jarillón de asentamientos y fortalecer la totalidad de los 26 kilómetros para que pueda cumplir su función de protegernos de eventuales crecientes del río Cauca. Esta obra parecía titánica cuando se inició en los años 2012 y 2013 por una simple razón: lo era.

Durante la alcaldía Armitage se avanzó de manera importante. Las autoridades municipales, departamentales, nacionales y actores del sector privado y de la sociedad civil se articularon para este esfuerzo. Se aclaró la situación de 5 mil hogares de los casi 9 mil que habitaban sobre el jarillón; se dejó contratado el 89% de los trabajos de reforzamiento requeridos y el 50% culminaron exitosamente. Si bien estos logros son loables, son insuficientes en este momento ante la realidad de una nueva Niña. Cali acaba de tener un annus horribilis a causa del covid, cuyo daño socioeconómico sobrepasó con creces la crisis sanitaria. Si el 2021 resulta ser un año invernal igual o peor que el de 2010, el no tener finalizado el jarillón podría ser fulminante.

La buena noticia es que estamos cerca de lograr esta obra titánica para el bienestar de todos los caleños. Cuatro de los seis puntos más débiles del jarillón ya fueron reforzados y otro debe estar listo a finales de diciembre; las obras de reforzamiento suspendidas parte del año debido al aislamiento ya se retomaron y a hoy vamos en 63% ya reforzado; el grueso del jarillón en área ya fue liberado de asentamientos, así falte aún casi la mitad de los hogares por reubicar, obligación de la Alcaldía que no se puede retrasar; tres mil hogares reasentados recibieron viviendas dignas, en diciembre se entregarán 200 más.

La alcaldía y la CVC deben persistir en esta importante labor, con el apoyo del Gobierno Nacional y la sociedad, pues es el tipo de obra que nadie extraña hasta que se necesite. En un momento en que aún tenemos la lección fatal de la falta de previsión en el Archipiélago tan presente en el ojo nacional, debemos como sociedad movernos para evitar la llegada de este ‘Iota’ caleño anunciado.

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