Escuchar este artículo

¿Qué está pasando?

Mayo 11, 2021 - 11:40 p. m. 2021-05-11 Por: Alberto Valencia Gutiérrez

En este momento no creo que estemos simplemente frente a una crisis social, que ha llevado a las gentes a la calle a reclamar asistencia y defender sus derechos, como resultado de sus necesidades insatisfechas, la pobreza y la miseria, la falta de oportunidades, el desempleo crónico. Una situación social extrema no produce necesariamente una conmoción de esta magnitud si al mismo tiempo no se acompaña de una crisis política e institucional. La confluencia de ambas condiciones es la que nos permite explicar lo que está ocurriendo.

La crisis institucional tiene que ver con la precaria legitimidad del ejercicio del poder que ha acompañado al gobierno del presidente Iván Duque, desde sus comienzos. Los acuerdos de La Habana y el resultado favorable al No en el plebiscito crearon una polarización que ha marcado la vida política desde entonces. En las elecciones de 2018 la gente no votó por un candidato sino en contra del otro hasta el punto de que el verdadero triunfador fue la polarización. Además, buena parte de la legitimidad política del ganador provenía del apoyo del expresidente Uribe y no propiamente de sus cualidades propias.

El presidente Duque parece no haberse dado cuenta de que la desmovilización de la guerrilla de las Farc constituía un proceso irreversible que transformaba radicalmente el panorama político nacional e imponía una nueva agenda. Por el contrario, siguió aferrado a los parámetros que le señalaba su mentor y entre sus prioridades figuraba el proyecto de echar para atrás, hasta donde le fuera posible, las instituciones creadas por los acuerdos de La Habana. Y fue así como se lanzó a objetar la ley que reglamentaba la JEP, eje de las negociaciones, la cual representaba, además, una amenaza para su jefe, por las confesiones comprometedoras que allí podían hacer exmilitares o facilitadores del paramilitarismo. El fracaso fue total.

Durante 2019 se desataron en América Latina movilizaciones sociales que repercutieron en Colombia, en la movilización del 21 de noviembre.
La gente salió a la calle a protestar en masa contra un Estado que no daba respuesta a sus requerimientos. El Presidente no escuchó el mensaje y promovió unas “conversaciones” que no dieron ningún resultado, sin darse cuenta de que con la desmovilización de las Farc, la agenda del país ya no giraba alrededor de la seguridad y el miedo, sino de la atención a las necesidades sociales de la población.

La violencia ha sido funcional para el mantenimiento del statu quo y el principal elemento saboteador de las reivindicaciones populares. A comienzos del 2000 la gente privilegiaba por encima de todo la seguridad: no importa que no tuviera comida, vivienda o salud con tal de que pudiera conservar su vida. El candidato que promoviera el miedo y, al mismo tiempo, propusiera seguridad, era el elegido. Hoy en día, decía un marchante, la gente prefiere “morir de covid a morir de hambre”.

La prueba más fehaciente de la sordera y la ceguera del Presidente frente a las nuevas exigencias la constituye la reforma tributaria, en la que se conservaban las exenciones para los ricos y se hacía recaer el peso del déficit fiscal y la ayuda social en la clase media, en la más estricta ortodoxia neoliberal, que era precisamente la que la pandemia cuestionaba en el mundo entero. La nueva situación obligaba a reconsiderar los dogmas de la reducción del Estado a sus mínimas proporciones y del relegamiento a un segundo plano de la gestión de lo social, con base en la idea de que la pobreza es simplemente una falta de emprendimiento.

En síntesis, nos encontramos frente a la quiebra de un modelo que no se corresponde con las nuevas situaciones creadas y de un Gobierno que no ha sabido descifrar lo que está sucediendo y ha hecho todo lo posible por regresarnos al pasado. La solución es muy sencilla: recuperar para el Estado su legitimidad y sintonizarlo con las necesidades reales de la población y la nueva agenda mundial. No sabemos si el Presidente podrá entenderlo. La primera tarea sería ganar autonomía frente a su mentor y ampliar la participación de grupos y partidos en el gabinete ministerial.

Conecta con la verdad. Suscríbete a elpais.com.co
VER COMENTARIOS