Disparos a la paz

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Disparos a la paz

Septiembre 03, 2019 - 11:40 p.m. Por: Alberto Valencia Gutiérrez

Hace un par de semanas apareció publicado el libro ‘Disparos a la paz. La historia desconocida de la implementación del acuerdo’, escrito por los dos últimos ministros del Interior del presidente Santos (JF. Cristo y G. Rivera). A quien quiera conocer en qué consiste la mecánica de la política en nuestro medio, su bajeza y mezquindad, le recomiendo su lectura. El texto permite captar hasta dónde llega el nivel ético de nuestros políticos o, como se dice en ‘retórica republicana’, su ‘falta de grandeza’.
La paz, uno de aquellos valores en los que todos debemos estar de acuerdo más allá de nuestras diferencias de opinión, posición social o intereses, pasó a convertirse en botín de los apetitos electorales de los candidatos, ilusionados en capitalizar a su favor la copiosa votación del No en el plebiscito. Tres ejemplos, traídos por los autores, permiten ilustrar esta situación.

El libro nos cuenta que a las pocas semanas del plebiscito, en una reunión entre el Gobierno y los delegados del No (De la Calle, S. Jaramillo, Iván Duque, Oscar I. Zuluaga y CH. Trujillo) se había llegado a un acuerdo que abría la vía a un gran pacto nacional por la paz. Con excepción de la participación de los exguerrilleros en política las demás objeciones estaban resueltas. A las 10:00 de la mañana se separaron para encontrarse de nuevo a las 4:00 de la tarde y ratificar lo pactado.
Pero en esas pocas horas la ilusión se esfumó. Su jefe Álvaro Uribe rechazó lo acordado y sus emisarios nunca regresaron. ¿Cuál fue el motivo del cambio según los autores? El problema no era de convicciones políticas sino de simple cálculo electoral. El triunfo del No representaba para el expresidente un caudal de votantes que no podía ser desperdiciado en la contienda electoral que se avecinaba (pp. 63).
El segundo ejemplo tiene que ver con la manera como el precandidato Germán Vargas Lleras, en su afán de posicionarse en la contienda por la Presidencia, utilizó el tema de la paz para captar electores. Consciente de que la mitad del electorado había votado por el No comenzó a ubicarse a la derecha como disidente del proceso de paz para disputarle a Uribe su capital político. Pero ante la imposibilidad de lograrlo en enero del 2018 dio marcha atrás, comenzó a desplazarse hacia el centro y trató de presentarse como partidario de la implementación del acuerdo. Pero ya era demasiado tarde: su figura se había desdibujado.
Los autores del libro se preguntan cuáles eran las verdaderas convicciones del candidato. Más adelante terminó apoyando la oposición a las objeciones del presidente Duque a la ley estatutaria por la paz (pp. 139-149).

El tercer ejemplo es el de Rodrigo Lara quien, como presidente de la Cámara de Representantes, se dedicó a torpedear, a través de las maniobras más mezquinas de vulgar politiquería (que deshonran la memoria de su padre, demócrata integral asesinado por Pablo Escobar en 1984), una reforma política que era uno de los resultados positivos de los acuerdos de La Habana, hasta que la iniciativa se hundió por agotamiento de términos (pp. 169-178).

La conclusión que se puede sacar del libro es que el relativo fracaso de un proceso de paz, que se auguraba promisorio para Colombia, no se debe tanto a las convicciones éticas de sus contradictores o a la validez de sus posiciones, sino a simples problemas de política menuda y de cálculo electoral. La crónica que presenta el libro es tan cruda que debería convertirse en ‘material de base’ para estudiar en nuestras universidades el problema de la relación entre ética y política. Lo único que les sugeriría a sus autores es que en una segunda edición eviten el uso de la expresión incorrecta ‘al interior’ (propia del francés no del español) que aparece repetida mil veces a lo largo del libro. Deberían consultar el ‘Diccionario panhispánico de dudas’ de la RAE, en la página 370. Lo demás muy bien.

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