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La papa

Noviembre 11, 2020 - 11:55 p. m. Por: Alberto Silva

Las veces que vamos al mercado a proveernos de los alimentos con que surtimos la canasta familiar, necesariamente llegamos al sitio donde se encuentra la reina de todos ellos: la papa. Apareció en la Cordillera de los Andes en el territorio incaico incluido Colombia hace aproximadamente 8000 años y sigue reinando en todo el cinturón andino cordillerano y en el mundo entero.

Fue llevada a Europa desde el Siglo XVI y hoy es el cuarto producto agrícola con que se alimenta la población mundial después del trigo, el maíz y el arroz siendo sus principales productores: China, India, Ucrania, Rusia y los Estados Unidos en su orden. Colombia, donde sus habitantes presumimos ser buenos consumidores de ella no alcanza a salir en pantalla ni en el top veinte del listado de los 125 productores del mundo.
Sin embargo la papa le da un toque particular a las regiones donde más se cultiva en Colombia y se coloca en lugar especial con el 32% de la producción de los cultivos transitorios del país. Cundinamarca, Boyacá y Nariño son los departamentos que se llevan la mejor tajada de esa participación, y en las otras regiones andinas colombianas la producen en la cantidad suficiente para su autoabastecimiento.

Su consumo per cápita de 60 kg en Colombia, es inferior al mundial que alcanza los 100 kg. Esta diferencia se debe a que aquí no se aprecia el valor que sí le dan allá en Europa, Asia y Norteamérica por su carácter alimenticio, abundante en carbohidratos, rico en micronutrientes potasio, calcio, hierro y fósforo y especialmente vitaminas C, A y B y se constituye en deleite de millones de personas alrededor de todo el mundo.

Caso insólito; la papa en Colombia ha reducido su precio y se tornó en pérdida su producción para los cultivadores. Cuál es entonces el contrasentido que habiendo tierras volcánicas tan aptas para su cultivo en el país, este sea superado a nivel internacional. Una de las razones es la falta de tecnificación, industrialización y exaltación con nombres de marca y origen, como lo han hecho los paneleros, azucareros, y cafeteros ahora, con tan buenos resultados.

Aquí y en el extranjero la papa es un alimento utilizado de diversas formas: sus tubérculos se guisan, se sancochan, se asan, se saltean, se fríen, se transforman en purés, cremas, sopas, suflés, croquetas, tortillas y masas, pero no se exportan, como sí lo hacen las otras naciones productoras.

Hasta connotaciones especiales tiene la papa. En el aspecto cultural, aquí en Colombia otorgamos el título, criollo nobiliario de: “Buena papa”, a todo aquel que demuestre nobleza, bondad, rectitud, solidaridad y trabajo. En el turístico las regiones paperas son dignas de visitar por la belleza de sus cultivos y la cultura de sus gentes. En Europa causa curiosidad conocer Colombia, las tierras donde se producen actualmente los mejores ciclistas del mundo, alimentados desde niños con 13 variedades de papa.

Hasta connotaciones de tipo histórico posee esta herbácea que junto con la panela, el plátano, la yuca y la arracacha fueron los alimentos troperos de las fuerzas patriotas durante las guerras de la independencia que duraron doce años. Hay mucho valor agregado para endosárselo a la papa e inducir su consumo nacional y ayudarle a salir de este impase a los agricultores del ramo. Si los colombianos aumentáramos su consumo siquiera unos 10 kilos al año, aliviaríamos la situación de miles de familias campesinas que viven del cultivo de este tubérculo con que nos ha dotado la naturaleza, primera verdura cultivada en el espacio, de fácil digestión, de rol importante en la alimentación de enfermos, personas convalecientes y niños. Y trascendental como ‘caldo de papa’ para el desenguayabe.

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