Columnistas
Aeropuerto Bonilla Aragón y desarrollo regional
La propuesta elaborada por la Secretaría Municipal de Planeación local plantea para la zona de Palmaseca un proyecto ambicioso llamado a generar veinte o treinta mil empleos...
Siga a EL PAÍS en Google Discover y no se pierda las últimas noticias


5 de oct de 2026, 02:20 a. m.
Actualizado el 5 de oct de 2026, 02:20 a. m.
La recuperación del suroccidente colombiano tras el terremoto de agosto debe incluir, además de viviendas, escuelas, hospitales y edificios públicos, la renovación y actualización de la infraestructura física. Un asunto que se había despreciado de forma manifiesta durante el gobierno del pacto histórico, que dejó en veremos las vías terciarias y las dobles calzadas; la actualización y dragado de Buenaventura y Tumaco; el ferrocarril del Pacífico; y la reconversión de los aeródromos de la región.
En este orden de ideas, la demora para volver a concesionar y repotenciar el Bonilla Aragón o Palmaseca sería un grave error. La experiencia internacional enseña que los aeropuertos regionales son mucho más que un conjunto de edificios y pistas. Por el contrario, están llamados a constituir el núcleo central de polos de desarrollo integral, ejerciendo influencia transformadora sobre las regiones circundantes.
Es así porque alrededor de la conectividad aérea se integran sistemas intermodales de transporte de carga y personas, instalaciones de bodegaje y acopio, espacios de clasificación y reenvío, parques de industrias ligeras, empresas de alta tecnología, servicios aduaneros. Todo en íntima relación con las instalaciones de un terminal que alberga comercios y outlets, servicios hoteleros y de restauración, oferta lúdica, etc.
Las expectativas sobre el Bonilla Aragón se fundamentan en un hecho incuestionable: tenemos las mejores condiciones de ubicación y aeronavegabilidad del país. Por eso podríamos convertirnos en el ‘hub’ privilegiado que impulse el tráfico de carga y viajeros entre Suramérica y la cuenca del Pacífico. Además, por la proximidad con Buenaventura, puerto de escala de los modernos portacontenedores, podríamos acreditarnos como un gran centro de distribución final hacia otros mercados.
La urgencia de relanzar el aeropuerto se relaciona también con el hecho de que su operación no viene dando muestras de la dinámica deseable. Según datos de la Aeronáutica Civil, al cierre del 2025 ocupamos el quinto lugar nacional en movimiento de carga: apenas veintidós mil toneladas frente a las ochocientas mil de Bogotá y ciento treinta y dos mil de Medellín. En cuestión de pasajeros, ocupamos un cuarto puesto.
No puede culparse a quienes han operado el Bonilla Aragón porque esta situación sería apenas espejo de una menor dinámica exhibida por la economía regional. Pero los proponentes de este contrato nuevo, llamado a extenderse hasta mediados del presente siglo, necesitan entender que no están ante un negocio financiero en el cual, a partir de inversiones discretas, se obtiene el máximo rendimiento. La realidad es que su responsabilidad tiene que ir mucho más allá: asumir el compromiso de que el bien público concesionado se convierta en epicentro de transformaciones económicas y sociales que irradien a todo su entorno. Es la lógica aplicada en los grandes aeropuertos del mundo, trátese de Estados Unidos, Europa o China.
Por otra parte, los términos de referencia y alcances de la licitación en ciernes deberían estar coordinados con los propósitos y estrategias del nuevo Plan de Ordenamiento Territorial (POT) de Palmira, ahora en trámite. Este instrumento influirá de manera determinante sobre el futuro de la zona económica que pueda desplegarse alrededor del aeropuerto. Lo hará a través de las regulaciones en materia de modelo económico, usos del suelo, ocupación del espacio, infraestructura estratégica e incentivos. La propuesta elaborada por la Secretaría Municipal de Planeación local plantea para la zona de Palmaseca un proyecto ambicioso llamado a generar veinte o treinta mil empleos y cuyas reglas específicas se concretarían en un Plan Maestro expedido durante los próximos tres años.
Ojalá la Aerocivil entienda el alcance del desafío relacionado con esta adjudicación. Y ojalá los funcionarios de Palmira, al cumplir su cometido regulador, tengan un intercambio activo y fructífero con el sector productivo, y con las organizaciones y autoridades a cargo de la prospectiva regional. Esto sin dejar de conocer y, en lo posible, visitar las experiencias del exterior sobre grandes aeropuertos vinculados a estrategias de desarrollo regional.
6024455000






