Opinión

A sacar la cabeza

La Policía no puede ni es la única herramienta para que la gente priorice la razón y la solidaridad en sus interacciones diarias.

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Gustavo A. Orozco Lince

27 de jul de 2023, 02:50 a. m.

Actualizado el 27 de jul de 2023, 02:50 a. m.

Después de décadas, los colombianos han vuelto a salir del país en números récord. Las explicaciones apuntan a una migración represada por el covid y a la creciente inseguridad, entre otras causas. Yo creo, además, escuchando a la gente en las calles de Cali que por acá la gente está simplemente cansada.

Los caleños están hartos de la peleadera en cualquier esquina, de la intranquilidad hasta en su sofá, de la incapacidad de disfrutar sus vidas, porque esta ciudad se ha llenado de hostilidad y de agresividad. Con esa realidad, muchos deciden buscar la suerte en otro rincón.

Acá, ni un barrio con seguridad es un barrio tranquilo. Entre el negocio que se mete por la faja las normas, el vecino atarbán que hace lo que se antoja, los imprudentes que se toman el andén para lo que quieren, el dueño del perro que se resiste a usar bolsas, los ladrones terminan siendo unos más de los que ponen en jaque la paz en cualquier esquina.

Son amenazas incomparables. El crimen, organizado o común, necesita respuestas muy distintas que los problemas de convivencia. Pero ambos frentes necesitan una respuesta contundente para que los caleños se puedan gozar sus vidas y su ciudad como se merecen.

El ruido ha sido un problema desde hace mucho. Las basuras y el tráfico también. Hoy, sin embargo, sumado a los atracos y la extorsión todo suma para rebosar el vaso. Yo siento en el aire de muchos barrios una tensión difícilmente comparable. Además del descontrol del crimen, la sensación de impunidad fomenta los comportamientos que amenazan la convivencia. Ni el desadaptado, el indiferente, el egoísta tienen incentivo alguno para respetar la ley o las reglas sociales de la vida en comunidad.

El Estado debe reaccionar para que la convivencia no sea un asunto de seguridad. La Policía no puede ni es la única herramienta para que la gente priorice la razón y la solidaridad en sus interacciones diarias. Es urgente revertir la tendencia individualista y conflictiva que nos impuso el narcotráfico.

Seguimos encapsulados en solamente proteger el pellejo propio e ignorar todo lo que venga de terceros. Una actitud construida a través de los años de forma inconsciente que nos apartó del sentido de lo común y de lo público. Pero en todo caso, así como nos metimos la cabeza entre las piernas para sobrevivir debemos volverla a sacar y estirar el cuello para que esto vuelva a mejorar.

Está claro que necesitamos más y mejores líderes, pero también urgen ciudadanos que sumen y remen para retomar el rumbo. Ya hay muchos que lo hacen. Da esperanza ver el trabajo de barrios enteros que, en vez de rendirse, se fortalecen con la zozobra. Los vecinos de la Loma de la Cruz son unos para destacar. Unidos han construido su propio esquema de vigilancia en apoyo de las autoridades y no han descansado un solo minuto en defender su espacio y sus vidas. Ese también es el camino.

Ha sido asesor del gobierno nacional y local y actualmente es consultor en temas de seguridad nacional. También lidera la Fundación Objetivo Cero que trabaja por reducir la violencia en el Pacífico colombiano. Ha sido reconocido como estudiante sobresaliente por el Presidente de los Estados Unidos, becario por méritos durante su pregrado y posgrado, miembro de la sociedad de Honor Phi Beta Delta, y fue reconocido como uno de los 100 voceros juveniles de Colombia por el British Council.

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