2019

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Diciembre 22, 2019 - 11:35 p. m. Por: Alejandro Éder

Otro año que pasa y este ha sido uno especial para mí, tanto en lo personal como en lo profesional. Lo más importante que me deja es el nacimiento de mi primera hija, Alicia -ya entiendo eso de que no se experimenta el verdadero amor hasta que llegan los hijos, y una niña para un padre, pues ni hablar. Me deja también la certeza de que mi esposa es la mejor compañera que la vida me ha podido brindar. Una mujer que como familia, no titubeó a la hora de asumir los sacrificios personales y profesionales para acompañarme en el camino del servicio a través del ejercicio democrático.

Algo valioso que también me deja el 2019, es la fe renovada y la certeza de que las cosas en Cali y en Colombia pueden ser mejor, porque es posible plantear maneras distintas para lograr cambios verdaderos. En este tiempo emprendí un camino que para muchos, en el peor de los casos, era una locura, y quijotesco en el mejor de ellos. Participé por primera vez en el ejercicio democrático, pero con una aproximación contraintuitiva. Quise buscar la Alcaldía sin caer en las prácticas clientelistas y corruptas que tanto daño le han hecho y le hacen a Colombia.

Las reglas planteadas fueron sencillas: primero, hacer una campaña 100% ciudadana, de salir a las calles todos los días, de escuchar a los ciudadanos, de entender sus problemas, de escribir sus propuestas, sus sueños de ciudad y desarrollarlos en un plan, de plantear soluciones reales para implementarlas en nuestra eventual administración.

Segundo, no compramos votos, no negociamos puestos y no feriamos contratos; porque bajo estas reglas era que nuestra intención de gobernar con los mejores única y exclusivamente para servirles a los ciudadanos, podía ser realidad. Reglas sencillas que nos permitirían gobernar bajo esos mismos principios: la transparencia y los ciudadanos primero. Y así fue que abrimos las puertas a todos los que también anhelaban ese cambio frente a la forma como tradicionalmente se hace el ejercicio político en Colombia.

El 2019 me dejó la fortuna de apretar la mano de miles de ciudadanos, de atenderlos. Fui testigo de los problemas que durante décadas han estado sin resolver en Cali, la inseguridad, la calidad de la educación pública, las deficiencias en el servicio de salud (a pesar de los avances), la inequidad y las escasas oportunidades para los jóvenes. Me generó alegría la conciencia que existe para proteger el medio ambiente y el amor por los animales; la berraquera de los caleños a la hora de emprender, de encontrar la excelencia cuando nos lo proponemos y ese deseo tan marcado de ser de nuevo una Cali líder, de pensarla como la ciudad orgullo de la nación. Encontré resistencia frente a los liderazgos incendiarios, frente a la polarización, frente al odio. Y encontré eco, porque más de 134.000 caleños y caleñas creyeron y confiaron en este camino, en que no es necesaria la trampa para recuperar el rumbo de nuestra democracia. A ellos, gracias.

Aunque en esta ocasión no nos alcanzó para llegar a gobernar, avanzamos y mandamos un mensaje contundente buscando el cambio. Por lo tanto, nuestro camino seguirá, pero hoy lo más importante es Cali. Es por eso que esperamos que quienes tendrán en sus manos el destino de la ciudad, gobiernen para unirnos y no para dividirnos, gobiernen de manera honesta y responsable. De nosotros solo encontrarán deseos de buen viento y buena mar. Pues si a ellos les va bien, a todos nos irá bien.

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