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Viajero relata muertes y contagios en el crucero afectado por Hantavirus: “No tomaron el problema lo suficientemente en serio”
Según el relato del pasajero tras la muerte de un pasajero en altamar, la rutina a bordo del crucero continuó sin mayores cambios mientras los viajeros compartían espacios sin mascarilla.
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7 de may de 2026, 12:32 p. m.
Actualizado el 7 de may de 2026, 12:32 p. m.
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La travesía que comenzó como un viaje científico y de observación de aves por el Atlántico Sur terminó convertida en una experiencia marcada por la muerte y el temor a un brote infeccioso a bordo delcrucero MV Hondius.
El videobloguero turco Ruhi Cenet, de 35 años, embarcó el 1 de abril en Ushuaia en Argentina para documentar un recorrido que incluía como destino el remoto archipiélago de Tristán de Acuña. A bordo viajaban 88 pasajeros, en su mayoría mayores de 60 años, atendidos por 59 tripulantes.
Durante los primeros días, el ambiente fue tranquilo. Sin embargo, la mañana del 12 de abril, el capitán anunció por altavoz que un pasajero neerlandés de 70 años había fallecido el día anterior. En un video grabado por Cenet se escucha al capitán afirmar que, según el médico del barco, no se trataba de una infección y que la muerte obedecía a causas naturales.
“Ni siquiera consideraron la posibilidad de que fuera una enfermedad tan contagiosa. No tomaron el problema lo suficientemente en serio”, relató Cenet en entrevista con la AFP.

Pese al anuncio, la rutina a bordo continuó sin cambios. En sus grabaciones se observa a los pasajeros reunidos en el buffet, compartiendo espacios cerrados y sin uso de mascarillas. “Seguimos comiendo todos juntos”, contó.
Ante la incertidumbre, Cenet y su camarógrafo optaron por aislarse por decisión propia. “No sabíamos que había un virus, pero simplemente tomamos precauciones”, explicó.
Días después, el barco fondeó frente a Tristán de Acuña y varios pasajeros desembarcaron. Esa escala hoy es motivo de preocupación para el viajero. “Ojalá no hubiéramos bajado allí después de la primera muerte. Es una isla muy remota y no tienen suficientes médicos”, señaló, al advertir que hubo contacto con los habitantes locales.

Con el paso de las semanas, el panorama se agravó. Tres pasajeros murieron, incluida la esposa del primer fallecido y una mujer alemana. La Organización Mundial de la Salud reportó que al menos otros cinco viajeros contrajeron, de forma confirmada o probable, hantavirus, una enfermedad respiratoria poco frecuente y potencialmente mortal.
Cenet desembarcó el 24 de abril en Santa Elena junto con otros pasajeros. Al día siguiente tomó un vuelo hacia Sudáfrica, en el que también viajaba la viuda del primer fallecido. La mujer murió un día después. “Iba en silla de ruedas, con la cabeza baja. La enfermedad comenzaba a afectarle”, recordó.
Desde allí regresó a Estambul. A su llegada, las autoridades le indicaron que, mientras no presentara síntomas, no debía cumplir cuarentena.
El Hondius permaneció en cuarentena frente a Cabo Verde y posteriormente zarpó hacia las Islas Canarias. Según un contacto que sigue a bordo, los pasajeros permanecen ahora aislados en sus cabinas y con mascarillas.
Para Cenet, la experiencia deja una lección: “Este tipo de barcos debería contar con algún laboratorio o equipo necesario en caso de brotes”. Cada pasajero pagó cerca de 10.000 dólares por el viaje que, según su testimonio, cambió de rumbo tras la primera muerte en altamar.
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