Política
Estados Unidos: el balance de poderes está de vuelta
Un gobierno dividido entre el Congreso manejado por los demócratas y el Ejecutivo controlado por los republicanos, ralentizará varias de las decisiones del presidente Trump.
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8 de nov de 2026, 05:06 p. m.
Actualizado el 8 de nov de 2026, 05:36 p. m.
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Por Henry Rafael, estratega internacional. Presidente del Instituto de Comunicación Política y Gobierno, Icpg.
Especial para El País
El resultado de las elecciones de medio término en Estados Unidos ha hecho renacer y devolver el gran valor al principio de “check and balance” o balance de poderes, sobre el cual descansa, en buena parte, la fortaleza histórica de la democracia de ese país, principio del que aun tenemos que aprender mucho los latinoamericanos.
Las consecuencias de este resultado electoral, sin embargo, aún son inciertas tanto para el futuro de los partidos Demócrata y Republicano, como para la Nación y el mundo general, ya que, terminado este proceso, empieza de manera inmediata uno más grande y relevante: el camino a la Casa Blanca en tan solo dos años más.
En términos económicos, el mercado financiero entra en un estado de atenta observación sobre cuál será el estilo que adoptará el presidente Trump en los meses por venir, ya que un gobierno dividido entre el Congreso manejado por los demócratas y el Ejecutivo controlado por los republicanos, ralentizará sin duda varias de las decisiones del mandatario estadounidense, quien si bien puede seguir desarrollando políticas públicas a través de las autoridades ejecutivas, especialmente en comercio, aranceles, inmigración y regulación, tanto el Senado como la Cámara de Representantes podrán usar audiencias, investigaciones y otras para hacer frente o limitar esas acciones.
El balance de poderes es vital para el sostenimiento de una sana democracia cuando el poder hegemónico del Gobierno y el Legislativo comienzan a dar señales de autoritarismo o desgaste. Por eso resulta saludable que el primero que haya reconocido los resultados electorales haya sido el mismo Trump, asegurando con un alto sentido estadista estar dispuesto a trabajar con los demócratas para alcanzar acuerdos legislativos pese a las diferencias partidistas.
Sus declaraciones alejaron las sombras de quienes esperaban que el Mandatario desconociera su derrota, mostrando una altura política que no se le había visto en las semanas previas y cuyo ejemplo deberían aprender varios líderes de izquierda y derecha latinoamericanas.
Sin embargo, aunque el balance de poderes es muy importante para los sistemas democráticos, afronta también retos y riesgos muy peligrosos, especialmente cuando la oposición, desde el Congreso, cruza la delgada línea roja que divide el concepto de oposición con obstruccionismo. Y eso es tan peligroso como el autoritarismo de la hegemonía del poder.
Por ello, el triunfo del balance de poderes en las recientes elecciones norteamericanas tiene aún un futuro incierto para la política local y mundial, toda vez que pondrá a prueba el carácter y las intenciones reales de los demócratas respecto al país (leáse saber si optan por ser opositores u obstruccionistas).

Y, por otro lado, el presidente Trump tendrá que poner a prueba su liderazgo tanto al interior de su gobierno, para lograr acuerdos con la oposición, como al interior de su partido, para definir al candidato que intente sucederlo, imponiéndose primero en las elecciones primarias del Partido Republicano y luego en las presidenciales del 2028.
Un final que marca el inicio de nuevas pugnas
El gran problema que deja las elecciones de medio término a ambos partidos, Republicano y Demócrata, es la incertidumbre por determinar quién será el candidato o candidata que compita por la Casa Blanca al concluir el periodo de Trump.
En el lado demócrata, la disputa está entre el ala progresista y más izquierdista, en donde se alojan la exvicepresidenta Kamala Harris y la congresista socialista Alexandria Ocasio-Cortez, quien revalidó su asiento en la Cámara de Representantes y es muy cercana al alcalde de Nueva York, Zohran Mamdani. A ellas se suma la figura emergente del electo senador por Michigan, Abdul El-Sayed, primer musulmán en lograr ese cargo.
En el lado más conservador de los demócratas estaría el senador por Georgia Jon Ossoff, quien logró su reelección por casi 20 puntos en un bastión conquistado por los republicanos en el 2024. A esto se suma la visible y trascendental figura del expresidente Barack Obama, cuya aparición y militancia ha sido fundamental para reconquistar territorios demócratas en las recientes elecciones.
En el Partido Republicano las figuras que más sobresalen para asumir un nuevo liderazgo con miras al 2028 son el vicepresidente JD Vance, quien goza de una alta popularidad, pero que recientemente marcó distancia de la Casa Blanca sobre la guerra con Irán, con lo que su relación con el presidente Trump podría haberse visto afectada.
El otro candidato es el secretario de Estado, Marco Rubio, que se ha convertido en la figura más relevante del Gobierno y cuyo origen latino y excelente dominio del castellano ha estrechado las relaciones políticas y comerciales de Estados Unidos con los países de Latinoamérica.
Impacto en la geopolítica latinoamericana
El imponente triunfo de los demócratas no traerá un drástico cambio en la política exterior de Washington hacia Latinoamérica. Sin embargo, la disminución del voto latino hacia el lado republicano podría afectar algunos planes de la Casa Blanca con relación a países como México y Venezuela. El principal impacto podría suceder en la política de deportaciones masivas y las operaciones del Servicio de Inmigración y Control de Aduanas (ICE), sobre el cual el Congreso, con su nueva mayoría demócrata, de seguro tratará de frenar o al menos controlar.
Las ganancias políticas no son despreciables: cerca del 60% de votantes hispanos apoyaron a los demócratas mientras que los republicanos solo captaron la tercera parte de esta votación. Un retroceso que haría recalcular sus decisiones, principalmente al secretario de estado, Marco Rubio, si en sus planes está captar el voto latino para las presidenciales del 2028.
Hay quienes creen que los resultados en EE. UU. pueden impactar en el resurgimiento de la izquierda latinoamericana, oxigenada con el triunfo de Lula en Brasil. Sin embargo, la coalición formada a través del Escudo de las Américas con gobiernos de derecha en el continente es abrumadora. El gran reto está en los gobernantes de El Salvador, Colombia, Ecuador, Perú, Chile y Argentina, quienes deben demostrar su eficacia en el desmantelamiento de las bandas criminales que operan en la región. Si lo logran y son eficaces en la satisfacción de las necesidades de sus ciudadanos, difícilmente podamos ver en el horizonte cercano un resurgimiento de la izquierda. Pero eso están en manos de los gobernantes de nuestros países, no en el ámbito decisional de Washington.
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