Diario de una pandemia: cómo el Covid-19 está cambiando radicalmente al mundo

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Diario de una pandemia: cómo el Covid-19 está cambiando radicalmente al mundo

Marzo 22, 2020 - 07:00 a. m. Por:
Santiago Cruz, editor de Crónicas / El Pais 

En redes sociales circulan cientos de imágenes, de diferentes lugares en el mundo, donde se ven anaqueles vacíos y personas comprando papel higiénico por temor al desabastecimiento.

Foto: Agencia AFP

Domingo

Apenas fue un dolor de garganta. Algo de mocos. A veces tos y estornudos. Nada de fiebre. Los síntomas de una gripa cualquiera. En otros tiempos no les hubiera puesto atención. En otros tiempos, distintos a los días del coronavirus, hubiera seguido la vida como si nada. Esta vez sentí incertidumbre. ¿Y si tengo el virus? ¿Y si se lo transmito a mi tío, operado del corazón? ¿O a mi suegra, que está en el “sexto piso, habitación uno”, es decir que tiene 61 años?

Preferí quedarme en la casa, así tuviera bríos para trabajar. También suspender las visitas a familiares, las entrevistas presenciales. Bien dijo – por WhatsApp - la epidemióloga Sol Abad Faciolince, hermana de Héctor, el escritor, e hija de Héctor Abad Gómez, el médico y fundador de la Escuela Nacional de Salud Pública, a quien asesinaron en 1987 por defender los derechos de los demás:

– La enseñanza que nos deja esta pandemia de coronavirus que apenas comienza es que la salud es colectiva. Es mucho más importante la salud de los demás, el bien de todos, que el individual. Recordemos que la mayoría de las personas jóvenes que contraen coronavirus salen adelante, mientras que los más viejos tienen más posibilidades de morir, por lo cual, de ahora en adelante, insisto, es muy importante pensar la salud como un colectivo. Si los demás están sanos, yo lo estaré.

El coronavirus, y la crisis mundial que ha desatado, quizá nos cambie las prioridades, la forma de mirar. Como diría el escritor Mario Mendoza, ya no la selfie, la cámara volteada sobre nosotros mismos, “que es el alimento del ego”, sino al revés, a la antigua: el lente apuntando hacia los otros.

Martes

Aunque el periodismo – como la prostitución – se ejercen en la calle, la cuarentena obliga a utilizar la tecnología para intentar captar la foto del mundo.

Por WhatsApp les pregunto a mis amigos cómo llevan el encierro. Mónica Rengifo, comunicadora social, madre de una niña de tres años y un bebé de 8 meses, escribe que está dedicada al “home office”, que en el apartamento tienen por regla no salir a nada, que se elige a una persona para mercar, que sigue al pie de la letra la recomendación de los epidemiólogos y de la Organización Mundial de la Salud: lavarse las manos con frecuencia.

– En el apartamento instalamos un dispensador de alcohol glicerinado.

María Fernanda Mejía, educadora de familia certificada en disciplina positiva, madre de Martín (3 años), comenta que en su casa implementa las “tablas de rutina”.

– Funcionan muy bien con los niños más pequeños. Se crean tarjetas visuales con las actividades que se van a hacer en el día, desde levantarse, desayunar, lavarse los dientes, el juego libre, la actividad física. Hemos hecho todo tipo de actividades para Martín. Y él participa en la elaboración del plan del día, así que no lo siente como algo impuesto. Con las tablas se logra que las rutinas sean las que manden y se hace más fácil sobrellevar el tener que aislarse.

Desde Francia, Fernando Santacruz, docente, comunicador social con maestría en cine, envía un audio en el que informa que el país se encuentra “en estado de confinamiento”.

– Desde ayer no voy a trabajar. Elo (su esposa) tiene suspendidas las clases de la maestría que está haciendo. Apenas ve algunas clases virtuales, pero son muy pocas. Las calles están desiertas. Apenas se puede ir al supermercado o a la farmacia. Si vamos a salir a dar un paseo con Pablo (su hijo) debe ser muy corto y sin ver a los amigos o parar a hablar con la gente. Cada uno sigue su camino respetando la distancia de dos metros. En el barrio nadie sale. El silencio es absoluto. De vez en cuando vamos al parque, pero no nos podemos quedar sentados sino circular.

El coronavirus nos está cambiando los hábitos, la forma de relacionarnos, de saludarnos incluso, pero también de trabajar y disfrutar de la familia. En algunos casos, en algunos oficios, no en todos por supuesto, no es necesario sacrificar el tiempo de los hijos o de la esposa o de los padres o de los sobrinos o de los tíos para, también, “producir”. Y eso, escribe en The Washington Post Ignacio Escobar, director de eldiario.es, va a ser una transformación global de ahora en adelante:

“Desde hace varios días todas las personas del periódico que dirijo trabajamos desde casa. Hemos aprendido que el teletrabajo es muy eficaz, y estoy seguro que, cuando todo esto pase, mi empresa no será la única que llegue a esta conclusión. El coronavirus va a ser para el teletrabajo lo mismo que fue la Primera Guerra Mundial para la incorporación de la mujer al mercado laboral. Estos cambios, una vez que llegan, no tienen marcha atrás”.

***

En WhatsApp, el chef Pierre Manchola envía una pieza gráfica en la que explica que debido a la amenaza del coronavirus, su restaurante, Bifes, “cierra hasta nuevo aviso”.

– No queremos ser fuente de propagación del virus. Ahora no estamos pensando en los gastos ni en las consecuencias, sino en supervivencia, en salud. A nuestros diez empleados los enviamos a sus casas. El objetivo es que la gente se guarde.

Mientras pasaba el pico y placa, Andrés Román, el propietario de la hamburguesería El Paso, y del restaurante WTF (comida gigante), decía al teléfono que este último concepto de restaurante, donde la gente llegaba para compartir una hamburguesa tan grande como una bandeja, o un perro tan largo que se sale del plato, debió cerrarlo por responsabilidad frente a la propagación del covid – 19. Varias personas arremetiendo en el mismo alimento podría ser peligroso. En El Paso, en cambio, apenas se preparan hamburguesas para llevar, o se atienden domicilios. Con todo y eso, algunos empleados, que estaban bajo la figura de prestación de servicios, debieron salir de la empresa.

– Hay una carga emocional frente a la situación que genera el covid – 19. Tengo incertidumbre. Un día como hoy, martes, las pérdidas pueden ser de $14 millones. El fin de semana ascienden a $20 millones por día. Por otro lado, si no hay un tema de equidad, en el sentido de que todos los restaurantes cerremos, el virus se va a propagar. La única manera de sobrellevar esto lo más pronto posible es con cuarentena y los restaurantes tenemos una responsabilidad. Cerrar es una decisión muy difícil cuando tenés una carga laboral detrás, pero hay que hacerlo.

Pese a todo, Andrés también dijo que iba a preparar hamburguesas para donarlas a los médicos que están en la trinchera contra el coronavirus.

– Me parece que les daría aliento.

Desde Brasil, Ricardo León, un caleño propietario de la empresa Malpelo Tours, y a quien le cancelaron un viaje para regresar a Colombia, dice que al igual que la gastronomía, el turismo está jodido.

– Con el cierre de fronteras no hay clientes. Yo tenía, a finales de marzo, un viaje a Malpelo. Iba a ir con Pirry, y con una de las personas que sobrevivió a la tragedia de los buzos en 2016, para hacer una crónica. Eso quedó aplazado. Parques Nacionales nos dice que Malpelo estará cerrado hasta el 30 de mayo. Los viajes de abril y de Semana Santa se pospusieron. El impacto a nivel de turismo, así esta coyuntura pase rápido, va a perdurar. La gente no va a viajar como antes, por lo menos durante un año.

Miércoles

Los planes se aplazan en días de pandemia. El presidente de la Unión Colegiada del Notariado, Álvaro Rojas, calcula que al día 140.000 trámites entre matrimonios, registros civiles, autenticaciones, deben posponerse por el covid -19. También hay otros sueños que se postergan. Como perseguir la belleza. Al teléfono, el cirujano Álvaro Arana, fundador de la clínica de cirugías estéticas Interplástica, dice que decidió cerrar hasta que el coronavirus sea una situación controlada.

Entre el 60 y el 70% de sus pacientes son extranjeros. Algunos provienen de países que son foco de propagación del virus como España e Italia. Entonces, dice el doctor Álvaro, cerrar así se pierda plata es un acto de responsabilidad con Colombia. Además no es recomendable hacerle una cirugía estética a nadie en estos tiempos. Las defensas bajan.

El doctor Arana también es el propietario del restaurante La Tinaja, en donde puede atender a 1200 comensales, y también cerró. Los sueldos de los empleados tanto de la clínica como del restaurante se seguirán pagando.

– Perder por ganar no es perder. Tenemos que ganarle al virus encerrándonos - dice antes de colgar.

Afuera, en la calle, los limpiavidrios le piden a los conductores que los dejen limpiar así esté lloviendo, con un argumento irrefutable: tener con qué mercar para el toque de queda. Los vendedores ambulantes y los recicladores viven algo parecido: si no trabajan en el día no tienen con qué comer o con qué pagar el arriendo o el cuarto.

La pandemia, entonces, a lo mejor obligue a un cambio en la economía tal y como funciona hasta hoy: una en la que la mayoría, si deja de trabajar un mes, tiene problemas para cubrir sus necesidades básicas. “Hay que crear economías sostenibles y de futuro”, se lee en una infografía que circula por Internet.

El coronavirus quizá también obligue al surgimiento de nuevas maneras de hacer dinero, nuevas economías – y servicios - en tiempos de aislamiento y urgencias de desinfección.

Erika Virginia González, quien tiene un lavadero de carros, dice en Facebook que a sus clientes les dan antibacterial en cuanto llegan, a los lavadores cada dos horas, “y ofrecemos la desinfección al interior de los vehículos a un precio muy razonable”.

En Tauros Gym, un gimnasio con cinco sedes, y del que dependen 30 familias, cerraron para evitar la propagación del virus, pero diseñaron rutinas online para sus clientes.

Durante una charla – virtual – entre los escritores Jorge Carrión y Alessandro Baricco, este último sentenció que lo que nos está sucediendo con el coronavirus “nos va a lanzar al futuro definitivamente”, uno en el que se deberá redistribuir la riqueza del planeta. “No hay dinero público suficiente para paliar los efectos de la crisis que se avecina”.

El cronista Martín Caparrós, en su columna del The New York Times, opinaba que “la enfermedad ha puesto al desnudo la fragilidad de un mundo interconectado e interdependiente. Si acaso hay alguna lección, es que la globalización nos hace a todos vulnerables: estamos más cerca del caos de lo que los poderosos pensaban”.

Jueves

El supermercado está lleno. La Gobernación del Valle confirmó un toque de queda desde el viernes hasta el martes y la gente salió a abastecerse. Una señora tenía una camioneta repleta de mercado. Hay gente que puede mercar como si se tratara del Apocalipsis. Un tipo de camiseta y bermudas tenía en su carrito por lo menos 50 latas de atún. Me pregunto si es lo único que come. En las góndolas ya no hay ni lentejas ni fríjoles.

Los encargados de entregar el pollo tienen orden de no manipularlo de más. No cortar gordos o piel ni nada de eso. La isla en la cual cada cliente podía prepararse una ensalada de frutas está cerrada, seguramente para evitar las aglomeraciones. En la entrada, un funcionario del supermercado extiende una cinta amarilla para controlar que no se llene demasiado.

En el ambiente se percibe cierta desconfianza. Sin decirnos, todos guardamos distancia. Nadie habla con desconocidos.

Me pregunto si la prevención hacia el otro, o la prudencia de no tener contactos cercanos, nos cambiará la cultura, la manera de ser, de expresarnos. O si más bien elevará la conciencia, nos recordará la fragilidad de la vida, lo que decía Sol Abad, a quien en Twitter le escribieron que era un sol por las recomendaciones que hacía: la urgencia de cuidarnos entre todos.

***

Tal vez somos masoquistas. En Netflix, la película más vista en Colombia se llama Virus. En el top diez aparecen Pandemia, y 93 días, protagonizada por Danny Glover; la historia de cómo unos médicos de Nigeria sacrificaron su vida para contener el ébola.

Son días en los que vemos más televisión. Un informe de la firma Mindshare dice que el consumo de TV en personas de 25 a 39 años ha aumentado cerca del 10%. También han crecido las compras digitales. El 80% de la población de entre los 45 y los 60 años dice querer evadir las tiendas físicas (aunque eso tal vez no aplique para supermercados).

Jugar también es un plan en cuarentena. Según el estudio de Mindshare, “el gaming se posiciona como uno de los principales medios de entretenimiento”. En China, país donde se originó el brote del coronavirus, la descarga de juegos aumentó en un 80%.

Aunque en Facebook, la psicóloga Gloria H hacía una advertencia: al encerrarnos cuidamos la salud física, escapamos del virus, pero se pone a prueba la salud mental y emocional. El encierro, para algunos, (quizá la excepción sean los escritores o las mamás que pasan por la cuarentena post parto) puede ser “peligroso, agresivo y desencadenante de comportamientos ofensivos”.

En el chat, una amiga muy cercana me decía que incluso la ARL le ofreció un psicólogo en caso de requerir apoyo durante la cuarentena. La psicóloga clínica Mabel Rojas Vélez agregaba que hay un pánico social ante el caudal de información que circula tan rápido como el virus. Se empieza a sufrir de ansiedad, a sufrir trastornos del sueño, sentir miedo por la posibilidad de perder lo más valioso que tenemos: la familia, la vida misma.

Para blindarse, decía Mabel, lo más importante es informarse adecuadamente, seguir los protocolos que sugieren las autoridades, apelar a la resiliencia: la habilidad que tenemos los seres humanos para sobreponernos a las adversidades.

– Lavarnos las manos, cuidar de lo que decimos, lo que buscamos en Internet, va a facilitar que estemos más tranquilos y alerta. Debemos enfocarnos en no intoxicarnos con demasiada información, o estar buscando obsesivamente en redes acerca de esta epidemia, de lo contrario lo único que se hace es alterar el sistema nervioso. Mejor aprovechar el tiempo en la casa para estar con la familia, hacer actividades de esparcimiento como juegos de mesa, cocinar, actividades que habíamos perdido por el afán del día a día. Esa es una forma básica pero sanadora de llevar un momento como el actual.

El psicólogo René Solano agrega que es sano, en el encierro, ordenar la vida: tener unos horarios, un plan. Conversar, pero también tener tiempo solo, “para mantener el equilibrio”. René igualmente recomienda dosificar la información. Como limitar las noticias a, máximo, una hora. Además variar los temas de interés. No hablemos todo el día del coronavirus. Y eso también es tarea de los medios de comunicación.

Por otro lado, el covid - 19 tal vez nos enseñó el secreto para salvar al planeta del calentamiento global. Si no nos movemos todos, si no salimos al mismo tiempo, en los mismos horarios, si un buen trozo de la población puede quedarse en casa haciendo teletrabajo, la contaminación se desploma. Los días del coronavirus son de cielos muy azules, aguas cristalinas, ciudades donde se avistan animales que jamás se habían atrevido a caminar por una calle, como los jabalíes en los barrios italianos. En Venecia el agua de los canales luce más clara. Y en las costas de Cagliari se han visto delfines donde antes ni se asomaban ante tanto barco.

Viernes

En Twitter, una noticia dice que así como los atentados del 11 de septiembre de 2001 hicieron más estrictos los controles en los aeropuertos, después del coronavirus solo podremos viajar tras hacernos un chequeo médico riguroso.

Sin embargo la tendencia es el anuncio del alcalde de Cali, Jorge Iván Ospina, de realizarse el examen del covid - 19 después de que tuviera contacto con el alcalde de Popayán, quien resultó positivo. Pienso en mis colegas que entrevistaron al Alcalde durante la semana. Pienso en lo que escribió el poeta William Ospina en El Espectador: la felicidad es la salud.

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