Crisis de Gobierno argentino resucitó la candidatura del kirchnerismo

Crisis de Gobierno argentino resucitó la candidatura del kirchnerismo

Junio 23, 2019 - 11:15 p.m. Por:
Patricia Lee / Corresponsal de El País en Buenos Aires, Argentina
Crisis de Gobierno resucitó la candidatura del kirchnerismo

La senadora y expresidenta Cristina Fernández enfrenta doce procesos judiciales. Sin embargo, no han sido obstáculo para lograr el primer puesto de preferencia en los sondeos electorales, junto a su fórmula presidencial, Alberto Fernández.

Agencia EFE

A juzgar por las encuestas, la fórmula de Alberto Fernández y Cristina Fernández de Kirchner podría llegar a la Presidencia argentina en las elecciones de octubre.

El repunte de la senadora y expresidenta, a quien muchos daban por liquidada debido a la multitud de causas judiciales que la acosan, es la inevitable conclusión de la tragedia económica que ha vivido el país en el último año, bajo el gobierno de Mauricio Macri.

La senadora tiene doce procesos judiciales. Se la ve por televisión asistiendo al juicio en el que es acusada de encabezar una asociación ilícita para desviar dinero de la obra pública; está procesada por el acuerdo de 2014 con Irán para investigar a los sospechosos del atentado contra la mutual judía AMIA en 1994 que dejó 87 muertos.

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También se le juzga por la manipulación de los precios del dólar futuro antes de que venciera su mandato; es investigada por presunto enriquecimiento ilícito en sus hoteles para lavar dinero de “retornos” de contratos de obra pública cedidos a sus amigos.

Está envuelta en la causa de los ‘cuadernos’, un entramado de sobornos empresarios a cambio de obra pública, descubierto a partir de las anotaciones de un chofer, que ha involucrado a las mayores constructoras del país; y es investigada por la ‘ruta del dinero K’, según la cual un íntimo amigo de Cristina y de su esposo Néstor habría sacado del país 55 millones de euros.

A pesar de esta avalancha de causas que amenazaban con sepultarla para siempre en la cárcel, Cristina se ha posicionado como la clara oposición a Mauricio Macri, aún si en estas elecciones ocupa un segundo lugar.

El pasado 12 de junio se cerró la inscripción de alianzas previo a las elecciones primarias de agosto y a las generales de octubre 27 y se definieron los principales bloques políticos: Juntos por el Cambio de Mauricio Macri y el senador peronista Miguel Ángel Pichetto; Frente de Todos, que propone la fórmula de Alberto y Cristina Fernández; Consenso Federal, del exministro Roberto Lavagna y el gobernador Juan Manuel Urtubey.

Pero si algo caracterizó a este cierre de alianzas fue la polarización y el vaciamiento del centro: a última hora los que antes proponían una “tercera vía” alejada del macrismo y el kirchnerismo terminaron uniéndose a una de las dos listas, dejando en el medio una alternativa debilitada.

Si bien todavía no hay encuestas que midan a las alianzas recién inscritas, la fórmula Fernández-Fernández ha movido el avispero de la política local y lleva la delantera. Según una encuesta publicada por Página 12 a fines de mayo, los Fernández-Fernández lideraban con 39,3 % de los votos contra el 29,7 % de Mauricio Macri.

Los partidarios de Cristina sueñan con ganar en primera vuelta, ya que, según la Constitución, es necesario superar el 40 % y tener más de 10 puntos de diferencia sobre el segundo para evitar el ballotage (segunda vuelta).

“Es posible que Cristina pueda ganar. Desde hace seis meses todas las encuestas muestran que la elección es entre ella y Macri”, dijo el analista Rosendo Fraga, del Centro para la Nueva Mayoría. “Puede ganar pese a las doce causas que enfrenta porque durante el gobierno de Macri aumentó la pobreza, el desempleo y la inflación y ha tenido lugar una fuerte recesión”, continuó.

La novedad de que la expresidenta haya decidido aparecer como segunda en la fórmula fue definida por el analista Rosendo Fraga como “una maniobra muy hábil”, porque “es y no es candidata”. En tal sentido, aseguró que “esto le da un rol político electoral muy importante”.

La popularidad y crisis

La sorprendente popularidad de la senadora solo se explica por la catástrofe económica del último año y por el fracaso de Macri en cumplir las principales metas que se propuso en 2015.

Desde abril de 2018 Argentina se desliza por el precipicio económico: Tiene la tercera inflación más alta del mundo, detrás de Venezuela y Zimbabue: 50 % en 2018 y se calcula 45 % para este año. La pobreza alcanza a la mitad de los niños y a más del 30 % de la población. La economía caerá 1,2 % y estará entre los ocho países que más se achicaron en el mundo, según el Fondo Monetario Internacional.

La crisis de la construcción, los cierres de fábricas, la parálisis de la obra pública, la caída abrupta del consumo, el cierre de restaurantes, tiendas y comercios, son la consecuencia de la brutal devaluación del peso frente al dólar. La divisa estadounidense pasó de valer 20 pesos en abril de 2018 a más de 45 pesos hoy, con tasas de interés del 70 % que matan cualquier industria.

Para salir de semejante descalabro el Gobierno de Macri endeudó al país en $US57.000 millones con el FMI, un salvavidas de plomo. El cumplimiento de los vencimientos solo está garantizado hasta este año. Entre 2020 hasta 2023, el nuevo gobierno deberá pagar $US156.000 millones.

Cuando Mauricio Macri ganó las elecciones en 2015, los globos amarillos, sus imitaciones de Freddy Mercury, los bailes al son de cumbia argentina, convencieron a una parte de la sociedad de que todo iba a mejorar.

Tan seguro estaba el presidente, que pidió ser evaluado por la reducción de la pobreza y prometió eliminar la inflación. Habló de la lluvia de dólares que vendrían del exterior y de las megaobras públicas en todo el país. Pero nada de eso sucedió, dejando paso a una gran decepción.

El actual presidente Mauricio Macri está habilitado para postularse a un nuevo mandato de cuatro años, según el Artículo 90 de la Constitución.

Vaivén continental

La política es circular. La alegría de los gobiernos conservadores que ganaron las elecciones en los últimos cinco años en América Latina, desplazando a los gobiernos populistas o progresistas, duró poco. El triunfo de Jair Bolsonaro en Brasil pareció reforzar el bloque antipopulista y anti Venezuela liderado por Macri, Sebastián Piñera de Chile; Martín Vizcarra, de Perú, e Iván Duque, en Colombia.

Luis Inácio Lula da Silva entre rejas, Rafael Correa en su exilio belga, Cristina acosada por la justicia y el aislamiento internacional de Nicolás Maduro, parecían el fin de los progresismos o populismos. La abrupta caída de la popularidad de Macri y el acelerado desgaste de Bolsonaro en Brasil han acortado la vida del ciclo antipopulista.

La revelación de conversaciones secretas entre el exjuez y actual ministro de Justicia Sergio Moro y los fiscales del caso Lava Jato, mostró una colaboración prohibida por las leyes de Brasil entre jueces y acusadores. El objetivo fue condenar y llevar a la cárcel al expresidente Lula, sacándolo de la carrera electoral cuando lideraba todas las encuestas, favoreciendo el triunfo de Bolsonaro.

La justicia brasileña deberá decidir en los próximos días si libera a Lula con base en estas pruebas, lo que sería un golpe en la cara al gobierno de Bolsonaro. Esto tendrá consecuencias directas en Argentina, donde se mirará con lupa cada una de las actuaciones judiciales contra Cristina Kirchner, ante el temor de que muchas de ellas puedan haberse politizado para perjudicar a la senadora e impedirle su retorno al poder.

Además de Presidente, los argentinos elegirán 130 diputados nacionales y 24 senadores nacionales. En varias provincias y en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires también se eligen ese mismo día, autoridades ejecutivas y legislativas.

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