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¿Por qué Colombia se quedó por fuera del Escudo de las Américas? Analistas explican qué hay detrás de la exclusión y sus implicaciones para el país
La iniciativa fue creada por el Gobierno de Estados Unidos para combatir el narcotráfico. Analistas advierten que la exclusión del país responde a tensiones políticas.
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22 de mar de 2026, 04:36 p. m.
Actualizado el 22 de mar de 2026, 04:36 p. m.
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La reciente creación del llamado Escudo de las Américas, una iniciativa liderada por Estados Unidos para fortalecer la cooperación en seguridad y lucha contra el narcotráfico, ha generado debate en la región. No solo por sus objetivos, sino por la decisión de no incluir a Colombia, junto a otros como Brasil y México.
El proyecto, impulsado por el gobierno de Donald Trump, busca articular acciones conjuntas entre países aliados para combatir organizaciones criminales transnacionales mediante cooperación militar, intercambio de inteligencia y operaciones coordinadas.
En la cumbre inaugural participaron Argentina, Bolivia,Costa Rica, Ecuador, El Salvador, Guyana, Honduras, Panamá, Paraguay, República Dominicana y Trinidad y Tobago, junto con Estados Unidos.

Sin embargo, su puesta en marcha ha estado marcada por cuestionamientos sobre su verdadero alcance y naturaleza. Mientras algunos gobiernos lo ven como una oportunidad para reforzar la seguridad, otros lo interpretan como un giro hacia una estrategia más selectiva y alineada políticamente.
Cabe destacar que el Escudo de las Américas se plantea como una plataforma de cooperación regional centrada en la lucha contra el narcotráfico y el crimen organizado. Su estructura contempla la articulación de fuerzas militares, agencias de inteligencia y recursos tecnológicos para enfrentar redes criminales que operan de manera transnacional.
Para entender esta iniciativa, es necesario mirar en retrospectiva: durante décadas la lucha contra el narcotráfico en la región ha estado marcada por esquemas de cooperación liderados por Estados Unidos, siendo el Plan Colombia uno de los más representativos. Sin embargo, los resultados no han sido los esperados y el problema persiste.
Una alianza ideológica
Desde diferentes sectores la exclusión de Colombia ha sido interpretada como una decisión que va más allá de lo técnico. Para algunos analistas, responde a una lectura política de los gobiernos que integran la iniciativa. Otros aseguran que la estrategia no responde a un esquema tradicional de cooperación multilateral, sino a una alianza entre países que comparten una visión política y estratégica cercana a Estados Unidos.
Para el analista Enrique Serrano, este tipo de mecanismos no son nuevos, pero sí responden a una evolución en la forma en que Washington entiende la lucha antidrogas.
“La lucha contra las drogas tiene muchas aristas y durante décadas se ha concebido de forma imperfecta. Lo que plantea ahora Estados Unidos es retomar esquemas de cooperación policial y militar, pero con nuevas tecnologías y mayor coordinación”, explica Serrano.
Sin embargo, a diferencia de iniciativas anteriores como el Plan Colombia, esta propuesta no cuenta con un consenso amplio ni con una política de Estado.

En su análisis, los países que no fueron incluidos son vistos como actores que no están plenamente ligados con la estrategia que busca implementar Estados Unidos, tanto en lo político como en lo operativo.
“Hay países que están dispuestos a establecer una cooperación más directa, pero otros, como Colombia, México y Brasil, son vistos como actores menos alineados o con posturas distintas frente a la lucha contra el narcotráfico”, señala.
Incluso va más allá al cuestionar el papel de la Casa de Nariño en este escenario: “El Gobierno de Petro no ha cooperado y muestra una actitud tan laxa que no pareciera combatir de manera eficaz los carteles de la droga”.
Desde otra perspectiva, el analista en conflictos Néstor Rosanía considera que la exclusión tiene un componente principalmente ideológico.
A su juicio, el Escudo de las Américas responde a una lógica de alineación política impulsada por el Partido Republicano, en la que se privilegia la participación de gobiernos cercanos a la visión de Trump y se deja por fuera a aquellos que no tienen las mismas posturas u objetivos.
También cuestiona la efectividad de la estrategia y advierte que el problema del narcotráfico es más profundo.
“Colombia ha sido el principal productor de cocaína durante décadas, independientemente del Gobierno, lo que demuestra que es un problema estructural”, señala.
En la misma línea, subraya que el impacto para Colombia podría ser más simbólico que operativo. “En términos técnicos, no hay una gran afectación porque la cooperación con Estados Unidos ya está asignada”, explica, aunque aclara que “Colombia queda en la fotografía de los no enemigos, pero tampoco de los cercanos”.
Desde la academia, el politólogo Javier Duque Daza ofrece una visión aún más crítica. “Eso del Escudo de las Américas es una falacia. ¿Escudo contra qué? América Latina no está siendo atacada. ¿Contra el narcotráfico? Eso requiere políticas regionales y no acciones armadas como las que está tomando Estados Unidos sin consultar a nadie”, cuestiona.
Para el analista, este tipo de iniciativas no solo son insuficientes, sino que pueden generar efectos negativos.
“Se requieren políticas concertadas y coordinadas, no acciones impuestas”, afirma, al tiempo que advierte que el enfoque militar no resolverá el problema del narcotráfico.

Para el académico, lo ocurrido responde a una lógica de poder más que a una estrategia de cooperación regional: “Lo que hizo el presidente Trump es lo que se denomina neomonarquismo, que es una pretensión de asumirse como un líder de grandes bloques, pero como un líder dominante”.
En ese sentido, sostiene que la convocatoria no fue arbitraria, sino selectiva. “Él seleccionó solo a un grupo de países amigos que corresponden a partidos de derecha. No invitaron ni a Brasil ni a México ni a Colombia, que son los tres países más fuertes donde son gobernantes de izquierda y han cuestionado sus políticas”, explica.
Daza insiste en que, más que una exclusión formal, se trata de una reunión entre aliados políticos.
“El presidente Trump se reunió con unos amigos, con quienes piensan como él y han sido sumisos ante sus políticas. Uno invita a su casa a quien quiere”, afirma.
¿Cómo queda la relación bilateral entre Colombia y EE. UU.?
Sobre el impacto en la relación bilateral entre Colombia y Estados Unidos, Daza considera que está marcada por el pragmatismo. “Trump no tiene una ideología clara, tiene intereses. Él conversa con quien sea, si eso favorece sus intereses”, explica.
Y añade que incluso suele acercarse a quienes inicialmente lo confrontan. A esta visión crítica se suma la del analista político Eduardo Llanos, quien interpreta la ausencia de Colombia en este escenario como una decisión estratégica por parte de Estados Unidos.
“No invitar a Colombia y a México a esa cumbre tiene que ver con mantener una presión política, diplomática y también de alguna manera comercial sobre esos dos países”, anota.
Para él, esta postura se enmarca en una política más agresiva del Gobierno de Washington frente al narcotráfico y la región.
“Trump ha manifestado que estaría dispuesto a meterse a México a combatir los carteles y en algún momento también habló de atacar a Colombia”, señala.
Aunque reconoce que la relación entre ambos gobiernos ha tenido acercamientos recientes, considera que la exclusión evidencia tensiones de fondo.
El analista también cuestiona el rol de Estados Unidos en la lucha contra las drogas y plantea una crítica estructural al modelo. “Es un gran ejercicio de hipocresía, porque Estados Unidos tiene toda una red de distribución interna donde jamás se captura a los grandes responsables del negocio”, sostiene.
Para él, este tipo de decisiones no solo responden a la lucha contra el narcotráfico, sino a un juego más amplio de poder e intereses en América Latina. “Es una forma de presionar en medio de un negocio gigantesco como el de las drogas, donde las responsabilidades no están distribuidas de manera equilibrada”, concluye.
Una postura que coincide con lo planteado por Javier Duque Daza, quien insiste en que el enfoque debe centrarse en el consumo y el control interno.
“Hay que empezar por casa. Si en el origen sale la cocaína o el fentanilo, pero no encuentran un mercado donde puedan entrar, ese negocio desaparece”, señala, al tiempo que subraya que el control de las rutas de ingreso sería clave para enfrentar el problema.
Un problema estructural sin solución inmediata
Esta idea de atacar el problema desde el consumo y no únicamente desde la producción se conecta con una mirada más estructural del fenómeno, como la que plantea el corresponsal en conflictos Néstor Rosanía, quien recuerda que la lucha contra el narcotráfico ha sido históricamente fallida.
“Colombia en términos generales pierde la lucha contra el narcotráfico. Estados Unidos la venía perdiendo, incluso el presidente Obama decía que asumían esa derrota”, señala.
En esa línea, advierte que este tipo de iniciativas tienden a presentarse como soluciones inmediatas a un problema de larga data. “Son como inyecciones más populistas, ideológicas, de que ahora sí se va a derrotar el narcotráfico”, indica.
Esta lectura coincide con lo advertido por Serrano sobre la dimensión del fenómeno: “La complejidad de este asunto hace que algunos digan que la lucha está fracasada, que esa manera de combatir reprimiendo a los carteles es ineficaz”.

En ese contexto, este analista plantea que el escenario actual representa un retroceso para varios gobiernos. “Esto es una derrota para Petro, pero también para la Presidenta de México y para Lula, en Brasil. Son gobiernos que, por su postura política y su forma de enfrentar el narcotráfico, terminan quedando por fuera en este tipo de alianzas”, afirma.
A su juicio, esta exclusión refleja una reconfiguración del mapa político en la lucha contra las drogas: “Mientras algunos países avanzan hacia una cooperación más alineada con Estados Unidos, otros quedan rezagados en medio de tensiones ideológicas y dificultades internas para enfrentar el problema”.
Ante este escenario, la exclusión de Colombia envía un mensaje sobre el lugar que ocupa el país en la estrategia regional de Estados Unidos. Colombia queda en una posición intermedia: no es un adversario, pero tampoco un aliado prioritario dentro de esta nueva lógica.
Frente a esto, el presidente Petro manifestó en su cuenta en X que este tipo de iniciativas deberían evitar divisiones y promover una respuesta conjunta entre los países del continente.
Además, advirtió que convertir una alianza contra el narcotráfico en un bloque ideológico es un error y defendió la necesidad de una estrategia que incluya a todos los países del continente: “Las mafias las derrotamos todas las naciones juntas, sin importar diferencias políticas”.
Creo que hay otra vez un teléfono roto.
— Gustavo Petro (@petrogustavo) March 11, 2026
Transformar una alianza anti narcotraficante en una alianza ideológica es un error sustancial.
Las mafias las derrotamos todas las naciones juntas, sin importar diferencias políticas. Ese fué el sentido de mi reunión con el presidente… https://t.co/Pfq0Fl9Axv
Así, la evolución de esta estrategia y la participación de los distintos gobiernos definirán el papel de cada país en los esfuerzos regionales frente a un fenómeno que continúa siendo uno de los principales desafíos compartidos.
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