¿Cómo es ser Policía en el Oriente de Cali? Una mujer con nervios de 'acero' lo cuenta

¿Cómo es ser Policía en el Oriente de Cali? Una mujer con nervios de 'acero' lo cuenta

Junio 23, 2019 - 08:00 a.m. Por:
Santiago Cruz Hoyos / Editor de Crónicas y Reportajes de El País 
La patrullera  Luisa Fernanda Ospina y su compañero Michael Quintero

La patrullera Luisa Fernanda Ospina y su compañero Michael Quintero patrullan a diario la comuna 15 de Cali, una de las zonas donde más ocurren homicidios.

Jorge Orozco / El País

La patrullera de la Policía Luisa Fernanda Ospina recuerda que esa noche hizo cuatro disparos. Con el primero pretendía disuadir a los atracadores que estaban robando a un taxista en un callejón de una invasión llamada El Valladito, del barrio El Vallado, en la Comuna 15 de Cali.

– Eran dos muchachos y una fémina.

Los ladrones comenzaron a correr, al tiempo que uno de ellos disparó hacia la motocicleta donde estaba la patrullera como parrillera. Ella no lo pensó y oprimió el gatillo de su pistola SIG Sauer tres veces más. Dos de los tiros se alojaron en la espalda del ladrón.

El muchacho corrió algunos metros, hasta que se desplomó. La patrullera pisó el revólver del delincuente, y le apuntó con una advertencia:

– ¡Quieto!

Temblando al ver el muchacho herido, pidió apoyo con su radioteléfono.

– Es la primera vez que yo hiero a alguien, pero era él o la vida de nosotros. El muchacho sobrevivió. Estuvo hospitalizado dos meses. A él y al otro que estaba robando al taxista la justicia los dejó libres. A la muchacha que iba con ellos le dieron medida de aseguramiento por inducir a menores a cometer delitos. Lamentablemente la justicia es así: uno puede matarse en las calles capturando a los ladrones pero si les dan libertad, se nos sale de las manos.

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Es miércoles, y la patrullera Luisa se prepara en la estación del barrio El Vallado para el turno de esta tarde – noche: desde las 12:30 del mediodía, hasta las 9:00 p.m, deberá patrullar con su compañero Michael Quintero el cuadrante 10 de la Comuna 15, que abarca unas 20 cuadras.

La estación de El Vallado hace parte del Distrito Policial 4 Los Mangos, que comprende las comunas de Aguablanca, y es considerado como uno de los más violentos de Colombia. En los primeros 6 meses de 2019, sin embargo, los homicidios en la Comuna 15 donde trabaja la patrullera Luisa se han reducido en un 18%.

Las estadísticas están escritas sobre un tablero ubicado en una sala de nombre rimbombante dentro de la estación: Centro de Información Estratégico.

Según el cuadro, en 2018 entre el 1 de enero y el 19 de junio asesinaron a 71 personas en la Comuna, que incluye barrios como El Vallado, El Retiro, Mojica, LLano Verde. En el mismo periodo de este año son 59 los asesinados, para una diferencia de 12 casos. En todo el año 2018 en la Comuna 15 mataron a 141 personas, 11 al mes en promedio, un equipo de fútbol completo cada 30 días, y la meta de la Policía es reducir la estadística a 107 homicidios al finalizar 2019.

– Ser policía acá es muy complicado. A raíz del microtráfico han surgido combos que pretenden tomar el control de ciertos lugares para dominar la venta de estupefacientes. Si alguien de un combo rival entra a su territorio, lo matan. Todo se nos dificulta aún más porque estas bandas utilizan menores. Les dan droga, los vuelven adictos, los hacen parte de la pandilla y los obligan a cometer delitos. Además la ciudadanía no nos ve con buenos ojos. Nos ve como los “tombos” que dañan los “parches”. En esta zona de Cali el 90% de los casos que atendemos terminan en asonadas y agresiones contra la Policía– dice el subintendente Anderson Losada, el encargado de las estadísticas en la estación de El Vallado, y tiene razón: esta noche un agente resultará herido.

La patrullera Luisa, por su parte, se termina de alistar. Está vestida con el uniforme verde de la Policía, lleva un chaleco antibalas que le cubre los pulmones y el corazón, la pistola SIG Sauer con 15 balas en el proveedor - una de las balas ya montada en la recamara por si se debe reaccionar rápido - unas esposas, un radioteléfono, un lapicero y una libreta.

Sus uñas están pintadas de un tono pastel que hace juego con su uniforme, y viéndola a lo lejos, con su cabello recogido delicadamente con una moña, es difícil imaginarla disparando una pistola. La patrullera sonríe. A sus 23 años, y todavía con el tono de voz de una universitaria en primer semestre, asegura tener buena puntería.

A la Policía llegó hace tres años. Un primo de su papá era agente y ella, cuando estaba niña, sentía curiosidad por el oficio de patrullar las calles, por lo que se la pasaba haciéndole preguntas. Cuando Luisa se graduó del bachillerato, estudió durante un año en la Escuela de Policía de la Estrella, Antioquia, donde la mayoría de los estudiantes son mujeres.

Su mamá todavía no se acostumbra a que ella esté por ahí lidiando con borrachos, ladrones o sicarios, sobre todo después de esa noche en que le dispararon. Cada que puede, la llama para preguntarle cómo está. Antes de cada turno, Luisa acostumbra orar.

Apenas tres minutos después de empezar el patrullaje con su compañero Michael, atiende el primer caso. En una casa del barrio El Vallado cuatro mujeres y tres hombres están enfrentados en una discusión que de momento se resuelve a gritos y manotazos.

La pelea se inició porque el exmarido de la dueña de la casa aún no acepta que la relación se terminó. La comenzó a seguir a todas partes, a montarle escenas en su trabajo - a la señora la despidieron - y ahora estaba ahí, otra vez, buscándola. Uno de los hijos de la señora lo vio y le tiró la moto al piso, lo que calentó los ánimos. La patrullera Luisa y Michael intentan mediar para que el problema no se resuelva a puño o a bala.

– En esta zona de Cali muchos son asesinados por intolerancia. Solo con que alguien levante la voz es motivo para que el otro le ofrezca una piedra, una puñalada o un tiro – había advertido Luisa mientras se ajustaba el cinturón de su pistola.

En lo que va del año, 288 personas han terminado heridas en la Comuna 15, en la mayoría de los casos por riñas.

Ahora la patrulla se detiene en una tienda del barrio El Vallado, al lado de un parque y una cancha de fútbol. En la tienda hay un jovencito afrodescendiente de 13 años, rapado, con un maletín rojo, las características que acaban de dar por el radioteléfono sobre un sospechoso que porta un arma de fuego. El niño, sin embargo, no tenía nada.

Como la mayoría de los homicidios y los hurtos en la Comuna 15 son cometidos con armas de fuego, una de las estrategias de la Policía es incautar el mayor número de pistolas y revólveres que le sea posible. En lo que va del año han decomisado 68. Ninguna de esas armas tenía salvoconducto.

El patrullaje, por ahora, continúa sin mayores premuras. En la moto de placas JNK 10E, Michel y Luisa transitan despacio, mirando a lado y lado de las cuadras, como quien busca un alfiler que se ha caído al suelo. Al mes reciben un salario de $1.800.000, a lo que le deben descontar salud y pensión, más los préstamos que tengan con la Policía, por lo que al final reciben en promedio dos salarios mínimos.

Por trabajar los domingos, cuando hacen servicio de estadio, o por los trasnochos, no les pagan extras. Hay días en que deben trabajar doble turno, y el sueldo llega tal cual. Luisa, por ejemplo, termina su turno a las 9:00 de esta noche, mañana empieza de nuevo a las 6:30 a.m. hasta la 1:00 p.m., y a las 8:30 p.m. deberá volver para patrullar hasta las 7:00 a.m.

Como los periodistas, que no tenemos horario y jamás seremos millonarios, los patrulleros de la Policía son una especie rara. En ambos casos la única explicación al por qué elegimos nuestros oficios es la vocación. En el caso de los policías, la mayoría han seguido la tradición de la familia. Tienen un tío, un primo, un papá que patrulló las calles y ellos decidieron prolongar esa herencia, pese a los sacrificios que implica.

Este miércoles, por citar un caso, mientras el país está viendo el partido entre Colombia y Catar por la Copa América de Brasil, Luisa y Michel patrullan las calles. En fechas especiales como el Día del Padre o de la Madre, consideradas “críticas” para la seguridad de Cali, deben trabajar. Luisa hace cuentas y dice que los últimos cuatro 31 de diciembres se los ha pasado en estaciones de Policía o patrullando en su moto, que acaba de llegar a un “punto fijo de vigilancia” ubicado en una invasión conocida como Comuneros.

El “punto fijo” es una camioneta de la Policía que permanece bajo un árbol las 24 horas. La camioneta es el límite de las fronteras invisibles que han levantado las pandillas y bandas del sector como Los Haitianos y los de Las Palmas. Según la Policía, poseen armas de largo alcance con las que los han atacado.

– Cuando recién instalamos este puesto fijo, nos hicieron un hostigamiento en la noche. Las balas pegaban en el árbol donde está la camioneta, y yo al principio pensé que eran piedras– cuenta el patrullero Antonio Carabalí.

Es tan complicada la situación para los policías en esta Comuna, interviene Luisa, que algunos compañeros suyos han debido ser trasladados para evitar que los maten. Al ‘Paisita’ Valencia hace un par de meses le pegaron un tiro en una pierna mientras perseguía a un jovencito que iba armado. Fue en estas calles, también, donde se compuso una ‘canción’ que ya tiene miles de visitantes en YouTube: “Los tombos son unos hijueputas vaya vaya, los tombos son unos hijueputas vaya vaya”.

Esta tarde de miércoles en el punto fijo lo que se escuchan son vallenatos y salsa de un equipo de sonido que alguien encendió a todo dar. El patrullero Antonio Carabalí mira su reloj y dice que todavía le esperan varias horas de vigilancia de pie, al lado de la camioneta. No se puede mover más allá de 50 metros a la redonda para evitar que las pandillas se enfrenten. Los días de los policías pueden ser demoledores para las piernas.

La patrullera Luisa recuerda que el domingo pasado debió correr como nunca lo ha hecho para capturar a un ladrón de una moto. Cada tres meses, por cierto, a los agentes de la Policía les hacen pruebas físicas: los ponen a correr, a hacer abdominales. Cada año hacen polígono.

Luisa procura ir al gimnasio cuando no está de turno, pero desde hace un mes está dedicada a su nuevo hogar. Se fue de la casa de sus padres para vivir con su novio, también policía.

El patrullaje continúa. Michel y Luisa recorren las calles estrechas de la Comuna 15, disminuyen la velocidad en los bares y en los garajes donde los vecinos están viendo el partido entre Colombia y Catar, se detienen en una bomba de gasolina - $10.000 es suficiente para el día – recorren de nuevo las invasiones donde se ven casas con anuncios de “se vende” pese a que nadie tiene escrituras, pasan por quioscos donde hay mujeres jugando cartas. El de este miércoles, insisten, ha sido un turno extrañamente apacible.

A eso de las 6:00 de la tarde se reportan en la estación de El Vallado, donde, a las afueras, Luisa compra su cena: una gaseosa y una papa. Los patrulleros de turno generalmente deben comer en la calle con su propio dinero. No hay viáticos de alimentación.

A las 6:14 p.m. todos en la estación nos quedamos quietos. Se escuchan gritos de las casas vecinas, los carros pitan, Luisa cae en la cuenta: ¡Gol de Colombia!

Los presos que están en la estación por hurto, homicidio, violación, también cantan el gol tras las rejas.

Una hora después se escuchó un llamado de auxilio. En el barrio Ciudad Córdoba se estaba presentando una asonada. Un policía que intentaba mediar en una riña fue atacado cuando decidió llevarse a los agresores para hacerles un comparendo.

Cuando Luisa y Michel llegaron, al policía lo acababan de herir con un ladrillo.

Bajan homicidios en el oriente

El Distrito 4 Los Mangos comprende en total las Comunas 13, 14, 15, 16 y 21, Distrito de Aguablanca.

Hasta el 15 de junio de 2019 en todas esas comunas se habían registrado 207 homicidios.

Se trata, según las autoridades, “del número más bajo de los últimos 14 años”.

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