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Katie James, la colombo-irlandesa y su banda deleitarán a Cali con canciones de su nuevo álbum Bajo mi Corteza
Con un pie en el folclor latinoamericano y el corazón enamorado, la cantautora colombo-irlandesa regresa a Cali este 31 de julio para presentar su nuevo álbum, Bajo mi corteza, en un formato de banda completa que promete conectar con la vibrante energía caleña.
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31 de jul de 2026, 01:09 a. m.
Actualizado el 31 de jul de 2026, 01:09 a. m.
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El lenguaje de Katie James es el de la tierra que la vio crecer. Aunque nació en Irlanda, las montañas del Tolima y el Huila moldearon su sensibilidad artística. Hoy, con cinco álbumes y más de dos décadas de trayectoria, la artista regresa a la capital del Valle del Cauca para presentarse en la Sala Antonio María Valencia de Bellas Artes.
En un diálogo pausado, íntimo y profundamente descriptivo, la cantautora nos revela las capas de su nuevo trabajo discográfico, Bajo mi Corteza, un álbum donde el amor disipa las melancolías del pasado y abre paso a ritmos inexplorados en su repertorio como la cumbia y el vallenato, mientras celebra la llegada del amor y un compromiso.
Al escuchar el título de tu nuevo álbum, Bajo mi corteza, uno evoca de inmediato algo muy orgánico y profundo. ¿Qué capa de tu vida nos estás revelando en este disco?
Mira, Bajo mi corteza es una colección de canciones que he venido componiendo en los últimos años, donde me nutro de diferentes aires del folclor latinoamericano. Las temáticas varían, pero giran bastante en torno al amor. Estoy viviendo una fase de mi vida donde estoy enamorada y me siento muy feliz. Por eso, esta vez no van a encontrar tantas canciones tristes o de “tusa” como en mis álbumes anteriores.
En este trabajo toco ritmos que no había incluido antes en mi música; por ejemplo, la cumbia, el vallenato y algunos aires argentinos. También van a encontrar bolero y canciones con aires de música llanera. A pesar de estas exploraciones, el disco sigue siendo muy cercano al folclor y mantiene mi esencia acústica y orgánica.
Si tuvieras que elegir una sola canción de las diez originales de este álbum para definir tu momento actual como artista, ¿cuál sería y por qué?
Elegiría una que se llama Nuestro Son. Es una canción que habla de crear una danza única con la pareja, sin venir con coreografías previas ni con recetas aprendidas, porque cada persona es única y la unión entre dos seres también lo es.
Esta canción me representa mucho porque une el folclor con el lenguaje de la producción musical moderna. La trabajé con Giovanni Calda, un productor caleño muy joven que conoce muy bien los sonidos que acercan a los públicos nuevos, pero la base está en ritmo de samba argentina. Mezcla ese universo de la guitarra acústica con una producción actual. Siento que la letra es muy madura; es el tema que mejor representa el concepto general del álbum.

Regresas a Cali este viernes 31 de julio para presentarte en la Sala Antonio María Valencia, un espacio con un significado enorme para los caleños. ¿Qué hace que este público sea tan especial para el formato de tu tour?
He tenido la dicha de venir varias veces a Cali y percibo que su público es mucho más festivo y alegre que el de otros lugares. De cierta manera, los caleños siempre están esperando ese momento donde puedan bailar o aplaudir. Por eso, al organizar el repertorio, debo cuidar de no poner muchas canciones tranquilas o tristes seguidas, porque podría perder su atención.
La gran novedad es que, por primera vez, vengo a Cali en formato de banda completa. Me acompañan músicos en el requinto, el bajo y la guitarra. Con todo este ensamble el concierto se vuelve mucho más enérgico y adquiere un sonido más grande. Estoy muy emocionada de presentar este formato con el que ya pasamos por Bucaramanga, Bogotá y Medellín, y con el que seguiremos hacia el Eje Cafetero.
¿Cómo ha reaccionado el país al ver esta evolución en tu sonido? Porque para muchos debe ser una sorpresa.
¡Sí! Algunas personas se han sorprendido al verme bailar cumbia, porque no lo había hecho antes. En mis trabajos anteriores estaba muy enfocada en los ritmos andinos, que igual sigo incluyendo. Pero como cantautora tengo la curiosidad de explorar otros aires. Yo crecí entre el Tolima y el Huila, y allá también bailábamos cumbia y escuchábamos vallenato. Esa música es parte de mis grandes influencias, al igual que el bolero, que se escucha en cualquier rincón del continente. La respuesta de la gente ha sido muy bonita, llena de fascinación y curiosidad.
Tu narrativa musical está ligada a la identidad y a la naturaleza. Teniendo raíces colombo-irlandesas, ¿cómo dialogan esos dos mundos dentro de tus nuevas composiciones?
Siento que mis composiciones están cada vez más cercanas a lo latino; de lo irlandés ya se me nota muy poquito en lo estrictamente musical. Sin embargo, la gente que me escucha me dice que mi manera de cantar las canciones tradicionales colombianas conserva un aire celta, un sello de allá. Yo abrazo todo lo que soy.
Si analizamos la estructura, el folclor de Irlanda y el de Colombia tienen conexiones técnicas, como el uso del compás de seis octavos. Además, comparten esa tradición tan bella de describir los paisajes en las letras, de comparar la belleza de una mujer con una planta, una flor o una montaña. Eso está presente en ambos mundos.
En 2023 ganaste el premio Nuestra Tierra junto a Carlos Vives por la canción En la Selva. ¿Qué aprendizaje te dejó colaborar con un referente de esa magnitud?
Trabajar con Carlos fue una experiencia bellísima. Más allá de lo musical, lo que más me marcó fue confirmar su sencillez; el trato hacia mí fue de tú a tú. Nunca se puso en la posición del artista legendario frente a una principiante. Eso es una enseñanza para la vida.
En mi recorrido procuro mantener esa cercanía con la gente y recordar siempre de dónde vengo. Al haber crecido en el campo, agradezco todos los días por quienes escuchan mi música y van a los conciertos. Ver esa misma humildad en un artista de la magnitud de Carlos Vives fue una hermosa confirmación de que ese es el camino correcto.
Ninguna principiante, Katie. Llevas más de dos décadas de carrera y cinco álbumes grabados. Si pudieras retroceder en el tiempo, ¿qué le dirías a la Katie James de hoy a esa joven que apenas empezaba a componer hace 20 años?
(Sonríe) Le diría: “Lo estamos haciendo. Estamos viviendo lo que soñaste”. Porque cuando yo era apenas una niña, me visualizaba exactamente así: con la guitarra en la mano, viajando por el mundo y dando conciertos.
Lo curioso es que, por allá en la mitad del camino, hace como una década, me senté y dije: “¡Oh, esto es mucho más difícil de lo que había pensado!”. De niña uno se imagina que basta con hacer un par de buenas canciones y ya, que de inmediato vas a empezar a sonar en la radio y todo fluirá. Pero no. El camino no ha sido fácil porque, además, en esta carrera no existe un “ABC”. No es como que haces esto, luego aquello y después lo otro para llegar exactamente a donde quieres. Todo el tiempo tienes que ir descubriendo y construyendo tu propio sendero. Hubo un punto en el que pensé: “Wow, tal vez esto no se me va a dar; tal vez vivir de mi música y viajar por el mundo dando conciertos no va a ocurrir”. Hasta que, de repente, ocurrió.

¿Y cuál fue el detonante de ese cambio?
Sucedió sobre todo en el 2019, cuando una canción mía empezó a sonar en muchísimas latitudes del mundo: Toitico bien empacao. Definitivamente, esa canción marcó un antes y un después en mi carrera. Se me abrieron muchas puertas y la gente comenzó a acercarse muchísimo más a mi propuesta musical a partir de ese momento.
En este punto se nota una gran madurez y realización en lo profesional, pero también nos adelantabas que estás muy feliz en el plano del corazón, en el amor. ¿Cómo llega ese amor a tu vida? ¿Qué nos puedes contar de esa faceta personal y si hay algún tema dedicado a él en el disco?
Sí, de hecho hay varias canciones dedicadas a este amor. Pero en este momento quiero resaltar una en especial que se llama El Amor Verdadero. Es un bolero bastante romántico que habla del amor que llega lento y con paciencia, porque precisamente así llegó el nuestro. Obviamente, desde la primera mirada hubo un flechazo, pero en ese momento estábamos en caminos muy distintos; él se iba a ir del país y había un montón de factores que nos hicieron pensar que lo nuestro sería solo un romance pasajero.
Pero gracias a que nos tuvimos paciencia mutua y a que decidimos vivir ese amor plenamente —aunque pensáramos que iba a ser temporal—, los caminos se fueron alineando. ¡Y ahora es el hombre con el que me voy a casar! Yo sí pienso que el amor debe nacer de ese flechazo inicial, pero después requiere de mucha paciencia y de una construcción constante. Sé que suena muy cliché, pero al amor hay que nutrirlo todos los días.
¡Qué belleza, Katie, felicitaciones! ¿Quién es el afortunado, es del medio artístico?
¡No, no! (Risas). Mi prometido no trabaja conmigo, él es economista. Su mundo es bien distinto al mío; somos un poquito como polos opuestos que se complementan. Los opuestos se atraen, como dicen por ahí. Yo le aporto un poco de color a su vida y él me trae un poco de organización a la mía, nos complementamos de una manera muy bonita.
Volviendo al concierto en Cali, un escenario íntimo exige una conexión muy directa con el espectador. Cuando se apaguen las luces esa noche en Bellas Artes, ¿cuál es la atmósfera o la experiencia que quieres que se lleve el público caleño?
Para mí la conexión con el público lo es todo. Por ejemplo, siempre le pido al ingeniero de luces que me deje verlos un poco. No me gusta que el público esté totalmente a oscuras porque me encanta mirar a las personas a los ojos, escucharlas y ver sus rostros cuando están cantando. Siento que el concierto debe ir más allá de la división típica entre el artista en el escenario y el espectador en la gradería como entes separados. Quiero que haya una comunión real; por eso invito al público de Cali a que lo vivamos así, a que canten conmigo y se sientan muy cercanos. Además, es una experiencia que trasciende lo musical y se vuelve muy emocional porque voy narrando las historias que hay detrás de cada canción. También interpreto varios clásicos de la música colombiana que la gente conoce muy bien, lo que evoca un montón de recuerdos y genera un vínculo bellísimo.
Ya que mencionas las historias detrás de las canciones, hagamos un recorrido rápido por el mapa de Bajo mi corteza. Tú describes El amor verdadero como un bolero para el amor sin prisa. ¿Qué nos puedes decir de los siguientes títulos? Empecemos por Nuestro son.
Nuestro son es una invitación directa a crear una danza única con nuestra pareja.
¿En nuestra memoria?
Es el tema que quiero cantarle a mi esposo cuando ya tengamos el pelo gris.
¿Volcán?
Es una canción de hace muchos años, pertenece a otra historia. Es el retrato de un amor imposible; la historia de un hombre ajeno con el que nunca me involucré precisamente porque tenía pareja, pero le compuse esta canción.
¿Un amor temporal?
Nació en la etapa en la que todavía creía que el romance con mi futuro esposo iba a ser algo pasajero, pero retrata esa decisión de vivir el sentimiento con total plenitud a pesar de saber que, supuestamente, tenía fecha de caducidad.
¿Don Aurelio?
¡Ay, es la historia más bonita del álbum! Es la historia de mi madre, quien a sus 81 años se enamoró de su vecino campesino, un señor llamado Don Aurelio.
Qué gran historia. ¿Y qué nos dices de Un puñadito e hierba buena?
Es una canción cortita y es la única del álbum que va completamente a capela. Es difícil de describir, pero habla de cómo, para enfrentar las dificultades de la vida y lidiar con las penas que uno todavía arrastra, necesito de las manos de mi amado. A cambio, yo le entrego mis melodías para curarle el alma a él.
¿Décimas de Camerino?
Describe exactamente el momento que se vive justo antes y durante los conciertos. Habla de esa atmósfera en el camerino, la ansiedad, la expectativa y la curiosidad que se sienten antes de salir al escenario a encontrarse con el público que canta contigo, para luego regresar tras el show con el alma completamente elevada.
¿Que vuelvas?
Uff, esa es una tusa vieja, una canción de hace bastantes años. Retrata ese instante después de una discusión donde se evalúan los argumentos, lo que él dijo y lo que yo dije, pero donde al final, si eres completamente honesta contigo misma, te das cuenta de que lo único que quieres es que esa persona regrese. El coro lo dice de forma muy simple: “Solo quiero que vuelva”.
Por último, ¿Umbral?
Habla de ese preciso instante en el que estás en el límite entre un romance pasajero y el enamoramiento profundo. Ese momento donde dices: “Uf, le doy un beso más a esta persona y ya me enamoro”. Es ahí donde debes tomar la decisión de salir corriendo o decir: “Okay, me voy con toda”. La canción plantea esa pregunta: si decido entregarme por completo, ¿tú me recibes?
Isabel Peláez. Escribo, luego existo. Relatora de historias, sueños y personajes. Editora de cultura, entretenimiento y edición de contenidos digitales.








