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Fernando Eimbcke, el nuevo genio del cine mexicano, estrena ‘Moscas’ en Colombia: “No hay películas comerciales y de arte, hay buenas y malas”

El estreno en Colombia coincide con la publicación de sus tres primeras películas en la plataforma streaming MUBI.

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Moscas de Fernando Eimbcke
Fernando Eimbcke logra en 'Moscas' una bella metáfora de los vínculos humanos que se establecen por encima del dolor. | Foto: Cineplex / MUBI

4 de jul de 2026, 12:09 a. m.

Actualizado el 4 de jul de 2026, 12:09 a. m.

Fernando Eimbcke tiene 56 años, apenas 5 y 8 años menor respecto a los tres mosqueteros del cine de México: Guillermo del Toro, Alejandro González Iñárritu y Alfonso Cuarón. Pero, como todos saben, los mosqueteros son realmente un cuarteto, como The Beatles, y si buscáramos un D’Artagnan para la cinematografía mexicana, sin duda, ese sería Eimbcke, el genio de culto que está detrás de películas espontáneas y refinadas, cargadas de poesía y humor en escenarios cotidianos, como ‘Temporada de patos’ (2004), ‘Lake Tahoe’ (2008) y ‘Club Sándwich’ (2013).

Sus películas, realizadas con presupuestos limitados, sorprenden por la finura de su fotografía y la profundidad de argumentos que, a primera vista, podrían parecen triviales, pero Eimbcke posee el impagable talento de atravesar los muros personales, esas defensas con las que evitamos exponer nuestra fragilidad y que, con frecuencia, terminan por aislarnos de todo calor humano.

Moscas de Fernando Eimbcke
La cinta es protagonizada por Teresita Sánchez (La Camarista, Tótem), Hugo Ramírez (Xquipi), Enrique Arreola (Temporada de patos, Párpados azules) y Bastian Escobar, en su debut actoral. | Foto: Cineplex / MUBI

Así ocurre en ‘Moscas’, la más reciente película del director mexicano, que está en las carteleras de los cines nacionales desde el 2 de julio. Olga, interpretada por Teresita Sánchez, vive solitaria en el apartamento de un edificio de clase media, ubicado frente a una clínica, pero la crisis económica la obliga a alquilar una habitación, una decisión que altera de forma imprevisible su estricta rutina.

Tulio, interpretado por Hugo Ramírez, renta la habitación para estar más cerca de su esposa, hospitalizada en la clínica. De nuevo, la necesidad y el desespero, provocan una determinación que trastorna todo: esconde a Cristian (Bastian Escobar), su hijo de 9 años, en la habitación y lo deja solo durante horas, mientras acompaña a su esposa enferma.

Muy pronto, Olga descubre al pequeño intruso y, pese a su rudeza, termina cediendo y brindando un cariño que creía desaparecido de su ser más profundo, un amor y una compañía que este niño parece necesitar en medio de la incertidumbre por su madre, aunque es Olga quien termina recibiéndolo como un regalo inesperado.

Filmada en blanco y negro, con tomas impecables y cercanas, en espacios cerrados y calles de México D. F., ‘Moscas’ demuestra que las conexiones humanas son lo más natural que tenemos, que nadie está condenado a la soledad.

En el marco del estreno de ‘Moscas’ en Colombia, la plataforma MUBI, también publicó en simultánea las tres primeras películas de Fernando Eimbcke: ‘Temporada de patos’, ‘Lake Tahoe’ y ‘Club Sándwich’ para ver en streaming.

Desde Ciudad de México, Fernando Eimbcke, cuenta algunos detalles de esta producción y explica cómo un videojuego puede ser una metáfora infantil de la resistencia.

—¿Por qué decidió filmar en blanco y negro esta historia?

El blanco y negro tiene una cualidad que logra captar cosas esenciales, basta tomarle a alguien una foto en color y luego pasarla a blanco y negro, para ver cómo capta ese brillo en la mirada, esa sonrisa, o incluso deja ver esa tristeza que cargamos. Por eso se sigue usando mucho en el cine actual y los fotógrafos lo prefieren para ciertas imágenes íntimas, porque muestra algo profundo. Y, también pienso que el blanco y negro es perfecto para narrar la infancia, porque resulta arquetípico. Por otro lado, también fortalecía la idea del universo solitario de Olga, esos edificios y esos espacios donde reina el concreto, donde no hay muchas ventanas y muchas veces uno como ser humano se puede aislar. Además, el tratamiento en blanco y negro me ayudó a hacer una transición entre el mundo real del niño y el mundo de la fantasía.

—Los videojuegos son una constante en su filmografía, desde ‘Temporada de patos’ y ahora con ‘Moscas’. ¿A qué se debe esta fascinación?

Me gusta mucho la cultura popular, por ejemplo, yo a los equipos de fútbol les voy no por cómo juegan, sino por lo que implican en términos culturales y estéticos. Y también me gusta ir más allá de los videojuegos, porque además yo no soy un experto en videojuegos. O sea, jugué uno en toda mi vida, que era el primer mesa Pong, unas raquetitas y una pelotita. Fue el único que jugué.

Aquí en México había lugares donde ibas, comprabas unas moneditas y las ibas poniendo en maquinitas. Pero yo nunca jugué a eso. Y no es que me la hubiera pasado leyendo a Dostoievski. Me quedaba viendo más telenovelas, o películas de Ismael Rodríguez en el Canal 2, de Pedro Infante, viendo El Chavo del Ocho, es decir, alimentándome de la cultura popular.

Yo creo que me he interesado en los videojuegos más por una frustración, por ejemplo, en ‘Temporada de patos’, yo no sabía manejar el Xbox. Nunca lo he sabido, nunca he podido, no tengo la agilidad ni en las manos, ni en la mente, ni nada. Es una frustración que tengo y siempre encuentro un mundo maravilloso en los videojuegos.

—¿Cómo surgió esa conexión metafórica con el videojuego Cosmic Defender Pro y la batalla emocional de Cristian?

Profundizando en el personaje creo que esta afición por el videojuego acaba representando algo más, y ya en ‘Temporada de patos’ estaba esa conexión, pero en ‘Moscas’ es mucho más orgánico.

El videojuego de la película terminó llamándose así porque inicialmente nosotros queríamos usar Space Invader, el original. Pero la productora me dijo que era imposible. O sea, buscaron y los derechos pertenecen a un japonés, parece que ya falleció, y había unas complicaciones tremendas para adquirirlos.

Entonces, el diseñador de producción hizo un videojuego propio para la película, con sus propios monitos y sus propias reglas, y el nombre que propusieron las gentes del departamento legal fue este de Cosmic Defenders Pro.

A partir de eso empezamos a construir la relación con el niño, nos preguntamos: ¿qué pasa si este niño y su papá, en el universo del niño, él siente que están defendiendo algo? ¿Qué están defendiendo? Y de repente fue todo empezó a tener como un sentido y era claro, estos invasores que son las células del cuerpo de su madre, aunque no son propiamente invasores, pero son células que se salieron de control y la enfermaron, porque terminan atacando el cuerpo. Eso nos llevó relacionar este videojuego y el estado emocional del niño, que quiere ayudar a su padre a acabar con la enfermedad de su mamá.

MOSCAS - Tráiler Oficial

Me parece bien interesante que de esta forma se hizo más visible algo tan pequeño como las células, cómo esa metáfora tiene esta repercusión, fue algo que platicaba muchos con Vanesa Garnica, la guionista. Aunque es una cosa chiquita, fuimos profundo, profundo, profundo, profundo, buscando todas las posibilidades de que tuviera una forma cinematográfica.

—¿De dónde vino esta historia, fue una invención o partió de un hecho real?

Tuve la fortuna de ser alumno de Paula Markovitch, la cineasta argentina, y me acuerdo que había un ejercicio: consistía en salir a la calle y entrevistar a una persona, a cualquiera, preguntarle cómo es su vida y luego descubrir su conflicto. Siempre va a haber un conflicto. La persona que sea, o sea, tú puedes salir ahorita a la calle y hablar al azar con alguien y esa persona tiene un conflicto.

Entonces con esa convicción de ir profundo en el personaje, vas encontrando los eventos o situaciones con los que puedes construir alrededor su realidad. En el caso de ‘Moscas’, la historia nació con un letrero en un edificio, en el edificio real donde filmamos, que está frente a un hospital, eso sí existe.

Hace 22 años yo vi un letrero que decía: “Se rentan cuartos para parientes de pacientes”. De inmediato pensé: “Ahí hay una historia, pero ¿por qué?”. Luego fui descubriéndolo, porque le vas a abrir la puerta y vas a dejar que alguien que está viviendo un inmenso dolor, que tiene alguien en el hospital va a entrar a tu casa, y va a convivir contigo, y por más que lo quieras bloquear o que no quieras involucrarte, de alguna otra manera te vas a acabar involucrando. Eso fue lo que desató esta idea.

Así encontré a Olga, una mujer que le tiene pavor a los vínculos, ¿por qué le tiene pavor a los vínculos? Porque perdió a alguien. Y, por otro lado, un niño que necesita un vínculo, ¿por qué necesita un vínculo? Porque su mamá está en el hospital, necesita ayuda. Resultó que son personajes perfectos, que se complementa, y ya de ahí fuimos construyendo y construyendo los detalles.

—¿Cuál es el valor del cine calificado en Lo-Fi o de bajo presupuesto, pero con esta profundidad humana y artística, frente al cine de las grandes industrias audiovisuales de Hollywood, esas producciones con presupuestos multimillonarios?

Yo creo que ahí, como decía Paula Markovitch, algo que siempre tengo muy presente, es que “no hay películas comerciales y películas de arte, hay buenas y malas películas”.

Periodista y escritor, entre sus publicaciones destaca el volumen de ensayos ‘Libro de las digresiones’. Reportero con experiencia en temas de cultura, ciencia y salud. Segundo lugar en los Premios Jorge Isaacs 2022, categoría de Ensayo.

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