Colombia celebra el 'Año Eduardo Carranza'

Colombia celebra el 'Año Eduardo Carranza'

Julio 02, 2013 - 12:00 a.m. Por:
Ricardo Moncada Esquivel?Periodista de Gaceta
Colombia celebra el 'Año Eduardo Carranza'

Eduardo Carranza fue profesor de literatura en el Colegio Mayor de Nuestra Señora del Rosario. Hizo política como uno de los líderes de Acción Nacionalista popular.

En el marco de la conmemoración del centenario del nacimiento del poeta llanero, el Ministerio de Cultura declaró el 2013 como el ‘Año Eduardo Carranza’. Fue el autor de obras líricas como ‘Soneto a Teresa’ y ‘Epístola mortal’ y líder del movimiento poético Piedra y Cielo, fundado en la primera mitad del Siglo XX. Cali inspiró algunos de sus versos.

Tal vez no haya sido allí, en el parque de los poetas, donde Eduardo Carranza le dio las puntadas finales a su poema ‘Cali en mi corazón’, con su célebre verso “Cali, un sueño atravesado por un río”, ese que décadas después el publicista Hernán Nicholls convirtió en un eslogan para esta ciudad.Pero en ese espacio que queda a espaldas de la iglesia La Ermita, y de cara al recién inaugurado Bulevar del Río en la Avenida Colombia, hay una placa que tiene este poema grabado con letra de estilo. Inspirado, el poeta evoca en su texto lírico aquellos tiempos cuando “Yo tenía veinte años y un lucero en la mano” y “la palabra Cali desde entonces me perfumaba”. Y al final suelta aquél verso emblemático.Rodeada por la silenciosa complicidad de las efigies verdosas de los cinco bardos vallecaucanos que pueblan el parque: Jorge Isaacs, Carlos Villafañe, Ricardo Nieto, Antonio Llanos y Octavio Gamboa, la placa, un tanto amarillenta por el tiempo y la intemperie, parece estar allí un ignorada por los turistas o visitantes que llegan al lugar que se conserva con una digna limpieza.Tal vez muchos de esos visitantes casuales no sepan que el próximo 23 de julio se conmemorarán los cien años del natalicio del autor de dicho poema y que el Ministerio de Cultura declaró el 2013 como el ‘Año Eduardo Carranza’, en honor a quien fuera uno de los últimos poetas populares, cuyos versos fueron declamados de memoria por personas de toda clase y origen.Basta con un ejemplo: “Teresa, en cuya frente el cielo empieza”. ¿Le suena conocido? A lo mejor sí. Pues este famoso ‘Soneto a Teresa’, que Carranza publicó en el 1941, fue inspirado por una adolescente caleña, María Teresa Holguín, entonces estudiante del Liceo Benalcázar. La anécdota del poema surgió durante un acto de clausura cuando la joven se le acercó al poeta. Al observarla con su uniforme de gala y tomando por inspiración su nombre, surgió el primer verso del soneto.Este y otros muchos recuerdos pueblan la mente de Juan Carranza, el hijo menor de  Januario Eduardo Carranza Fernández, nombre completo del poeta, quien nació en la hacienda La Esperanza, vereda de Apiay, departamento del Meta.La niñezSu primera infancia se desarrolló entre haciendas en las que el paisaje se escurría por el horizonte y esas imágenes de la vida campesina, de hombres a caballo y siluetas de mujeres contra el firmamento infinito, lo acompañarían por el resto de su vida.Sólo fue a sus 5 años que en compañía de sus dos hermanos, Mercedes y Hernando, se trasladaría a Chipaque, Cundinamarca, para iniciar su vida escolar.Juan evoca a su padre como un niño campesino que vivía a dos kilómetros del colegio La Presentación de las Hermanas de la Caridad. Habría que imaginarse al chiquillo recorriendo a pie, cuatro veces al día, ese trayecto para realizar sus estudios en esta institución de señoritas, donde sólo había dos alumnos varones. El otro era el joven Alberto Lleras Camargo, dos veces presidente de Colombia. Esa fue una infancia feliz. Apadrinado por su abuela y por una serie de tías que lo consentían, era un niño que disfrutaba el estudio y la lectura. En sus caminatas al colegio pasaba cerca de Cáqueza, donde las enormes piedras del río que llevan ese mismo nombre formaban el famoso balcón de Cáqueza. “Desde allí divisaba esos hermosos crepúsculos, que luego aparecerán en poemas suyos como ‘El sol de los venados’, pues la naturaleza fue uno de los temas que inspiraron su poesía”, evocó el hijo del poeta.Alma de poetaPor eso ahora Juan entiende por qué en su niñez su padre era  como un señor que vivía flotando en una atmósfera poética, un señor que vivía “en el olor de la poesía”. Los hechos más comunes de la vida cotidiana, dice Juan, su padre los trasladaba ese mundo de los versos y la metáforas.Una vez el hijo se levantó a las tres de la madrugada en medio del frío de la Sabana bogotana y encontró a su padre despierto escribiendo y sudando. Cuando le preguntó qué estaba haciendo y por qué sudaba le respondió: “Es que se me ocurrió una idea para un poema. Esto para mí es como un parto”.Juan describe al poeta Carranza como un padre comprensivo. Pero tenía sus métodos para castigar, “Cuando estábamos en el comedor y alguno de nosotros había cometido alguna falta, él comenzaba a ironizar delante de toda la familia. Entonces eso era peor que si nos pegara, pues a uno se la salían las lágrimas de la rabia le tocaba quedarse callado, porque sabía que había hecho algo malo”.Carranza ejerció como profesor de literatura en el Colegio Mayor de Nuestra Señora del Rosario. Fue allí donde un joven alumno le entregó unos poemas. Al poco tiempo, el poeta los hizo publicar en el suplemento literario de El Tiempo, el cual dirigía. El autor de aquellos versos era Álvaro Mutis. “Mi padre le dijo: Joven Mutis, olvídese de estudiar Derecho y dedíquese a la poesía. Por eso Mutis siempre ha dicho que no hay un renglón de su poesía, en que no esté Eduardo Carranza”, señaló Juan.Así fue consolidando su nombre y su obra con un estilo que en opinión de la investigadora, Gloria Serpa, autora del libro ‘Gran reportaje a Eduardo Carranza’,  llega al alma del lector. “Por eso, digo yo como dijo él algún día: “Mi poema es llano y transparente”, su poesía entra, se apropia del receptor y se convierte en identificador de sus sentimientos, de sus propios amores o dolores”.Influyente y polémicoCarranza jugó un papel activo en el movimiento poético colombiano del Siglo XX, como fundador del movimiento Piedra y Cielo, del que hicieron parte figuras como Carlos Martín, Gerardo Valencia, Jorge Rojas, mecenas del grupo, y Arturo Camacho Rodríguez.El nombre del movimiento que retoma el título de un poema del español Juan Ramón Jiménez, pretendía darle un aire de renovación a la poesía nacional y para ello, Carranza publicó un artículo en el cual criticaba a quien era el gran símbolo de aquella época, el poeta Guillermo Valencia, a quien le reprochaba la frialdad de su poesía parnasiana. Ese enfrentamiento de ideas generó una gran polémica.En opinión del poeta y crítico literario Juan Gustavo Cobo Borda, la polémica respondió a un enfrentamiento generacional, pero que si bien los piedracelistas planteaban una renovación, en la práctica, este fue un grupo más bien tradicional.Cobo Borda explica que los pidracelistas se nutrieron de la poesía española, para dejar a un lado la poesía modernista de autores como Arthur Rimbaud y Lautréamont, T.S. Eliot. “En un país que no tenía vanguardia, ellos establecieron un diálogo con la generación española del 27. Mientras la poesía más interesante era la de Luis Cernuda o la del movimiento surrealista, ellos se inclinaron por Pedro Salinas, Jorge Guillén o Vicente Aleixandre. En un comienzo hicieron una cosa elegante y fina a partir de lo que Carranza llamaba ‘celeste abuelo mío’, para referirse a Gustavo Adolfo Bécquer y dibujaba el soneto como un artificio ingenioso que terminaba en un arabesco lleno de ingenio y gracia, una exaltación de la mujer atravesada por una silueta como enamorada y un poco evanescente", agregó.Otra vertiente en la poesía de Carranza fue la que él llamaba poesía para declamar en voz alta, y que para Cobo Borda resulta un tanto enumerativa. “Pretendía ser una poesía épica, que hablaba sobre los ríos de Colombia, sobre la bandera y la patria, pero en la que también estaba subyacente ese mundo de los Llanos Orientales”. Cobo Borda cita el caso de ‘Galope súbito’. “Es un poema muy bello donde el amor va encima de un potro hacia el mar y la muerte. Otro referente es ‘Galerón’, cuyos versos hacen referencia a ese baile de los llanos un poco trepidante y en el que se deja ver una beta muy potente en su poesía de una sensualidad exaltada y que llevaría hasta el final en sus mejores libros como ‘Hablar soñando’ y ‘Epístola mortal”, agregó.La madurezEl especialista señala que en la etapa final de Carranza se percibe una transformación de su poesía en la cual ya no es el poeta el que le canta a la doncella.En sonetos como ‘El insomnio’, Carranza ve el mundo como un redondo cementerio donde ya no queda nada de lo que se propuso o soñó. “Él, que fue un conservador, que fue partidario del régimen del general Francisco Franco y del falangismo español, también soñó una Colombia más corporativa y esos sueños un poco quijotescos entre lo católico, lo bolivariano y lo autoritario se habían vuelto humo. Tal vez por eso al final su poesía se volvió dramática y elegíaca: la de un hombre que vio que se quedó sin sueños y sin patria, pero que al final tuvo el consuelo de su poesía”, dice Cobo Borda.Y agrega que si bien la poesía de Carranza contiene una beta clásica, también es cierto que quiso darle un ingrediente que el definía como “terruñera”, para referirse al sentido de una poesía de la tierra, de la provincia. “Hay que decir que Carranza, al contrario de otros poetas, sí se tomó la molestia de leer toda la poesía colombiana y a través de ediciones antológicas y de publicaciones en las revistas que dirigió describió vastos panoramas de lo que sucedía en el país”. En opinión de Cobo Borda, Carranza tuvo un papel de promotor cultural válido como director de la Biblioteca Nacional y como profesor de la Universidad de los Andes. “Él le comunicó su pasión y su entusiasmo por la poesía a las generaciones que le siguieron, tuvo un papel importante como ensayista, como conferencista y polemista y todo ello converge en su poesía”, concluyó.Su archivo personalEsa influencia podrá ser estudiada de un modo más palpable, ahora que la familia del poeta donó a la Biblioteca Nacional su archivo personal con más de cinco mil fotografías, cartas, escritos y poemas entre otros documentos.El escritor, ensayista e investigador Óscar Torres Duque ha estado sumergido en los últimos meses en ese mar de información que  descubre los entresijos en torno a las relaciones del poeta con los círculos intelectuales y a su quehacer como poeta.Dice Torres que la documentación hará claridad sobre la evolución de su obra sobre la cual hay inexactitudes. Para dar un ejemplo el investigador cita ‘Los días y las nubes’, su tercer libro publicado en 1941, en el cual aparece por primera vez el ‘Soneto a Teresa’, que no se volvió a editar. “También está el caso de ‘Diciembre azul’, un libro que tenía un prólogo escrito por un muy joven poeta Jorge Gaitán Durán. Lo curioso es que Carranza sacó algunos poemas de allí, les cambió el nombre, los pasó a otros libros, mientras que el libro original fue dejado en el olvido”.Pero también revela que aunque siempre se enfatiza la influencia que ejercieron los autores españoles sobre su obra, también desde muy joven leyó en su lengua y tradujo a poetas de origen francés y anglosajón como Walt Whitman y Rabindranath Tagore, el poeta bengalí, al cual tradujo del francés.HonoresEl hijo del poeta siente que el haber declarado este como el ‘Año Eduardo Carranza’ demuestra que a pesar de haber fallecido hace 28 años “la memoria del poeta no ha quedado en el olvido”.Y ese es el propósito que persigue el Ministerio de Cultura, entidad que, a través de la Biblioteca Nacional, ha coordinado el homenaje, que incluye la edición de un libro electrónico que se podrá conseguir, para los diversos formatos y en versión web, con una selección de su poesía, videos con entrevistas, fotografías y poemas leídos por él mismo, como una manera de acercar al público joven a su obra.Patricia Miranda, asesora de la Biblioteca Nacional,  explica que se realizarán programas de promoción de lectura en las bibliotecas del departamento del Meta, donde nació el autor, mientras que el Instituto Caro y Cuervo reeditara el libro ‘Gran reportaje a Eduardo Carranza’, de la investigadora Gloria Serpa, para ser distribuido en bibliotecas y librerías del país. Al homenaje también se sumó el Fondo de Cultura, entidad que reeditó una antología del poeta que fue publicada en la década de 1940, por el poeta Fernando Charry Lara.El 13 de febrero de 1985, Eduardo Carranza falleció víctima de un tumor en su cerebro, para entonces ya era uno de los últimos iconos de la poesía popular. Su hijo Juan señala que tal vez su única frustración fue no haber recibido el Premio Cervantes, al cual optó en dos oportunidades y nunca se la concedieron, en parte por razones políticas. La segunda oportunidad fue en diciembre de 1984 y cuando supo que se lo dieron a su amigo, el poeta español Gerardo Diego, Carranza que fue gran admirador de El Quijote, se derrumbó y su salud declinó hasta su muerte unos meses después.

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