cultura
Colombianos no solo beben más vino, a las nuevas generaciones les gusta vivir toda una experiencia gastronómica
El consumo per cápita de vino en Colombia creció cerca de un 36 % en la última década, impulsado por nuevas generaciones que priorizan el descubrimiento emocional y gastronómico por encima de las reglas técnicas tradicionales.
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26 de sept de 2026, 04:04 p. m.
Actualizado el 26 de sept de 2026, 04:04 p. m.
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La relación de los colombianos con el vino experimenta una transformación cuantitativa y cultural. De acuerdo con cifras de la FAO y la Organización Internacional de la Viña y el Vino (OIV), el consumo per cápita en el país aumentó de 0,44 litros en 2014 a 0,60 litros en 2024, consolidando un incremento del 36 % en diez años.
Este fenómeno coincide con una etapa de contracción en el consumo mundial de vino detectada por la consultora IWSR, mercado donde, sin embargo, los consumidores jóvenes adquieren mayor relevancia gracias a su apertura hacia nuevos estilos y formatos.

Para Sergio Casé, Chief Winemaker y Enólogo de Bodega Trapiche —quien acumula más de 20 años de experiencia en la industria—, el sector transita de los tecnicismos de la cepa o el terroir hacia la valoración de las emociones y las ocasiones de consumo.
Los nuevos consumidores se caracterizan por vivir el vino de forma descontracturada, buscando perfiles frescos, fáciles de tomar y accesibles para incorporar en su cotidianidad, utilizando además la gastronomía como su puerta de entrada natural.
Un Malbec o un Cabernet Sauvignon de Trapiche puede acompañar carnes, mientras que los vinos blancos encuentran posibilidades en preparaciones del Pacífico y el Caribe. La exploración también puede darse a través de nuevos maridajes, varietales y perfiles de sabor.
“El vino tiene la capacidad de transformar un momento cotidiano en una experiencia compartida. Una copa no se trata solamente de aromas, sabores o características técnicas, sino también de las emociones que genera: curiosidad, entusiasmo, descubrimiento y conexión”, afirma Casé.
Esta tendencia hacia lo inesperado se alinea con la filosofía de exploración de firmas como Bodega Trapiche, fundada en Mendoza, Argentina, en 1883. La viña, que cuenta con líneas como Trapiche Vineyards, Reserva, Medalla y Terroir Series, ha desafiado los límites geográficos tradicionales de su país con proyectos como Costa & Pampa.

Iniciado en 2009 en Chapadmalal —a seis kilómetros del océano Atlántico—, este proyecto experimental produce vinos frescos y de marcada expresión mineral en un clima frío y húmedo con 1100 mm de lluvia anuales, contrastando con los 200 mm al año que recibe la región de Mendoza.
Bodega Trapiche nació en Mendoza, Argentina, en 1883 y cuenta con más de 140 años de trayectoria. Su historia está marcada por la exploración de nuevos terroirs, el desarrollo de vinos premium argentinos y la búsqueda de nuevas expresiones enológicas. Actualmente su portafolio incluye líneas como Trapiche Vineyards, Reserva, Medalla y Terroir Series. Sergio Eduardo Casé, Chief Winemaker de Bodega Trapiche, cuenta con más de 20 años de experiencia en la bodega y en la industria vitivinícola.

En el contexto local, la categoría busca expandirse conectando con la diversidad de la cocina colombiana. La versatilidad del portafolio permite que cepas como el Malbec o el Cabernet Sauvignon acompañen platos de carnes, mientras que los vinos blancos se integran a preparaciones de las regiones del Pacífico y el Caribe.
Bajo el concepto “Exploring to feel alive”, la propuesta actual de la industria se enfoca en cautivar a una generación que prefiere prescindir del rol de experto para priorizar la curiosidad, el descubrimiento y la conexión alrededor de la mesa.
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