Claudia de Colombia nos contó sus secretos para seguir vigente

Claudia de Colombia nos contó sus secretos para seguir vigente

Diciembre 02, 2018 - 08:00 a.m. Por:
María Camila Cardona / Reportera de El País 
Claudia de Colombia

Claudia de Colombia protagonizó hace poco un concierto en Cali.

El País

1. Al destape

Claudia fue la primera artista colombiana que pisó el Madison Square Garden, y la primera cantante que interpretó música popular acompañada por la Orquesta Filarmónica de Bogotá para el público general. También fue una pionera al conquistar Billboard con tres canciones a la vez en los primeros lugares. Y en una época sin Internet, sin redes sociales y sin influenciadores, conquistó su país y otros continentes a fuerza de voz y de talento histriónico, con un éxito inmediato. Tanto que se dio el lujo de llevar por apellido el ‘De Colombia’.

Recientemente estuvo en Cali interpretando grandes éxitos como ‘Nuestra historia de amor’, ‘Tú me haces falta’, ‘Río Badillo’, ‘La sombra’, ‘Niégalo’ y ‘El cóndor pasa’. “Me encantan los teatros porque el público y nosotros estamos cómodos. Nos encontramos en países con Lucho Muñoz, hace ratico que no lo veía y es un placer compartir escenario con él”.

De paso por Cali la artista concedió una entrevista a El País, pero antes le advirtió a la periodista: “Los éxitos de nosotros, gracias a Dios, no pasan de moda. A mí me pone un poquito nerviosa que llegue un periodista muy joven a entrevistarme, pero algunos saben de mí por sus padres, sus tíos, sus tías. Aparte las tías le dicen ‘cuidado con Claudia’, sí, porque me consta que les advierten cosas sobre mí, porque me lo han contado. ¿Qué te dijeron sobre mí?”.

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Con la postura que la caracteriza, de dama y diva al tiempo, impecable en su vestuario y en sus maneras, Claudia de Colombia llegó a este diario preguntando qué periodista la iba a entrevistar. No recibió agua pues llevaba su propia botella. Llegó acompañada de su corista, Laura Montoya, de quien resaltó su impecable voz. Con ella, explicó la artista, lleva 10 años y 4 meses, “desde que murió Óscar Golden”.

¿Qué piensa de las letras que escuchan los jóvenes hoy en día en las plataformas digitales? Claramente las letras y la visión han cambiado...

Sí, el cambio ha sido radical. Nosotros subsistimos porque el público nos adora; de lo contrario desapareceríamos. Porque, además, desaparecieron las emisoras que difundían nuestra música, eso disminuye mucho la posibilidad de que nos sigan escuchando aunque no solamente aquí sino en cualquier país donde tú vas hay una o dos radios románticas que todavía nos ponen. Y cuando la gente ve un cartel, en el que está Lucho Muñoz en tal teatro, o Claudia de Colombia, se va para allá enseguida, porque nos ve muy poco. Así que lo bonito de todo esto es que el público no nos cambia.

¿Cómo rememora los comienzos de su carrera?

Yo no digo mi edad. Y en Wikipedia me tienen la fecha equivocada, pero yo no peleo. Comencé desde muy niña. Y a los 17 años, cuando sonó ‘Llévame’, ese fue mi primer éxito. Tuve la suerte de que la primera canción que grabé... ¡fum! pegó aquí, pegó en Nueva York, llegó a Argentina, a España, y yo estaba sorprendida, pero como era una niña no sabía nada, estaba en el colegio. Cuando decían ‘es que pegó’, yo me preguntaba ‘¿qué fue lo que pegó?’. Y en Venezuela decían que era una cantante de rockola y me sentía ofendida, pensé ‘¿con quién me están comparando?’. Pero lo que querían decir era que me escuchaban en todas las rockolas, que era un privilegio, porque sonaba en todas, con ‘Tú me haces falta’ y ‘El cóndor’.

¿Cuál cree que fue el secreto para alcanzar el éxito internacional?

No, no, eso sucedió automáticamente. Con la música uno se lleva muchas sorpresas, puede haber una maquinaria muy grande promocionándote y no pasa nada, entonces tienen que seguir dándole al disco hasta que al fin pega. En nuestro caso las voces eran tan buenas, que lo que la gente oía se pegaba. En una programación de radio, si tenías media hora o una hora, ponían éxitos de diferentes artistas, porque de cien había uno que cantaba mal. Me escuchaban fuera de Colombia porque la gente llevaba en la maleta discos míos para sus familiares de otros países.

¿Cómo es su relación con las redes sociales?

No estoy en redes sociales, no sirvo para dar likes. Aunque son útiles para que la gente sepa que todavía estás en el tapete. Hay quienes me preguntan si todavía estoy cantando y les digo: ‘Sí, voy para tal parte’. Soy muy cerrada, en mi forma de ser, vivo en un cascarón, nadie se mete en él si no lo permito.

¿Cómo afrontar esa fama tan inmediata, a tan temprana edad?

Soy muy aterrizada, mi madre me mantenía con los pies en la tierra. Fui muy de casa, una niña hasta grandísima, porque como soy única hija y me tenía en una caja de cristal, no quería que ningún señor me mirara, ni que me coqueteara. Y cuando me llevaba a los ensayos con Vicky, con Mariluz, con todas mis compañeros, les decía a todos: ‘Cuídenme a la niña, por favor’, por eso nunca me gallinacearon los muchachos, porque me veían más como la hermanita que iban a cuidar, que como la chica que acababa de llegar al grupo. Mi mamá siempre me recogía. Aparte, crecí en un hogar demasiado sano para la vida que estamos viviendo ahora. Yo toda la vida he ido del trabajo a mi casa o del concierto al hotel, nunca me quedo por ahí. Jamás vi nada censurable en mi madre.

¿Cómo fue esa competencia con Paloma San Basilio para cantar ‘No llores por mí Argentina’, que terminó interpretándola?

Y lo hace muy bien. La escogieron por ser española y porque cantaba muy bien y en ese momento entre España y Colombia ganaba España, indudablemente. A veces pesan más los países.

Pero fue la primera que cantó el Himno Nacional a nivel internacional...

Sí. Con la Filarmónica de Bogotá, en Nueva York. Recuerdo que me regañó el director, ‘¡que cómo se me ocurría a mí cantar con la Filarmónica!’, pero el presidente Belisario Betancur me apoyó. Primero canté en Palacio, que me condecoró con la Cruz de Simón Bolívar, y le pregunté si podíamos presentar este mismo concierto en la media torta, a lo que respondió: “Tú mandas”. Había tanta gente en los árboles, recuerdo que mi hijo era chiquito y estaba aterrado. Se cree que la gente de estratos 1, 2 y 3 no sabe apreciar esa música, pero sí. Ahora todos dicen que cantan con la Filarmónica, qué pena, pero yo fui la primera en hacerlo. Ellos no tocaban música popular y las primeras canciones que tocaron fueron las mías.

¿Qué otras satisfacciones ha tenido?

Los ministros, los diplomáticos no suelen aplaudir a los artistas, pero yo me di ese gusto. En el concierto en Palacio, me decía el Presidente (Belisario), “no tengo dónde meter más gente, Claudita, todo el mundo quiere verte”. A mí se me caían las medias del susto. Yo no sabía que me iban a condecorar y estaba que me moría de nervios. Todos me aplaudieron, porque me admiran. Me he dado muchos lujos.

En esa época, a donde iba, separaban una mesa de diplomáticos colombianos, pero eso era cuando la diplomacia tenía decencia, ahora son unos patanes. Antes tenía la costumbre de saludar a los embajadores cada que llegaba a un país y luego me enviaban flores, detalles. Hace poco llamé a la embajada de Quito y contestó una mujer con la voz más destemplada del mundo y yo llamaba para lo mismo. Pensó que tenía un problema y me quería colgar el teléfono. Lo hice dos o tres veces y no volví a hacerlo porque siempre me contestaban lo más de feo.

¿Qué falsas noticias han dicho de usted?

(Risas) De mí han dicho muchísimas mentiras. Sobre todo cuando tienes tanto éxito, te enloquecen, así como le ocurrió a Lady Di. En mi casa los reporteros se subían a los árboles para ver yo qué hacía y decían: ‘Claudia salió a comprar el pan’, ‘Claudia salió a la peluquería’. Incluso, estuve de clínica, porque le ponía cuidado a todo eso. El médico me dijo que tenía un estrés tremendo, me sometió a terapia del sueño y prohibió que me prendieran la televisión o que me pasaran la prensa. Con el tiempo aprendí que uno se puede aislar, yo formé una especie de concha hace tiempo. Decían que no me llevaba bien con los periodistas, pero es que había unos que me inventaban unas vainas. Inventaron un hijo cuando ni siquiera tenía. En esa época no podías demandar a nadie, no había ese tipo de leyes.

“Nunca he tenido vicios, no fumo ninguna vaina, no tomo (solo vino con amigas). Disfruto los ratos donde no me siento  bien, y luego me retiro con discreción”.

2. Arte en las venas

Nadie la llamó nunca Blanca Gladys. Y por su apellido de bautizo, Caldas, mucha gente llegó a pensar que era oriunda de Manizales, pero ella aclara con orgullo: “Soy bogotana pura”.

Dice que fue su mamá quien se inventó que ella iba a ser artista. “Ella tenía esa idea antes de yo nacer, le decía a mi papá que iba a tener una artista. Y tuvo la suerte de que nací con una voz que al público le gustó”, relata.

“Mi madre hubiera querido ser artista, le gustaba mucho la actuación, pero cuando nací se enfocó en mí, me enseñó a mover las manos, me puso en una academia española donde las niñas bailaban la jota. Me hubiera gustado ser pianista clásica. Pero cuando me escuché por primera vez me encantó y dije ‘qué bonito’ y empecé a querer la carrera y a aguantar la cantidad de obstáculos que se me fueron presentando”, dice la artista, quien asegura que al comienzo de su carrera la robaron muchos empresarios.

“Cuando tú suenas por primera vez en la radio es una sensación tan hermosa. Y uno empieza con los gritos en la casa: ‘Mami, mami, estoy sonando’. Salí en la Billboard con tres éxitos, eso era lo máximo, pero en ese momento no entendía la magnitud de lo que era aparecer ahí. Ni guardé las revistas, después fue que empecé a encontrarlas”, cuenta sin falsa humildad.

Otra persona que descubrió el talento de esta mujer fue un profesor de canto. “Hizo un ensayo con todas las niñas, me dejó a un lado y formó el grupo corista. Me sentí muy mal pensando que no servía, pero su intención era ponerme de primera voz en el colegio, en todos los cantos. Tenía 5 años”, declaró en una entrevista para Caracol Radio.

“A él le debo el ser tan afinada, me ponía las notas en el piano y hasta que no salía de una, no me pasaba a otra. Soy de una disciplina bárbara en todo”, revela ella.

Y es que para Claudia ser profesional no es grabar una canción y pegar. “Se debe recorrer un largo camino para lograrlo. Necesitas ser disciplinado, respetar los horarios, cumplir con la gente, ser una dama en toda la expresión de la palabra, no creerte la estrella porque pegaste un disquito. El que tengas éxito no te deshumaniza, pero eso va en la crianza”.

Admite sin el pudor de otras estrellas de su época que sí le gusta el reguetón. “El ritmo. No las letras”, aclara. “Enloquecí con esa canción ‘Atreve te te’, de Calle 13, dije ‘Qué locura, quiero hacer eso, me volvió loca el ritmo e hice ‘Pastilla de alegría’”, cuenta Claudia, quien estuvo casada con Dumas Torrijos Pauzner, actor y cantante panameño, hijo del general Omar Torrijos Herrera (fallecido). Con él tuvo un hijo, Omar Torrijos Caldas, quien heredó la vena artística de su madre, pero no su vocación.

“Quería hacer un trabajo con él, porque canta precioso, pero no le gusta cantar, tuvo el coraje de decirme ‘no, mami, no grabaré contigo’. No porque sea mi hijo, pero en verdad tiene una voz preciosa. Tiene algo de mí en su manera de cantar y lo hace con sentimiento. Pero me enteré muy tarde, todo el mundo lo sabía menos yo”.

Y aunque actualmente la gente sigue requiriendo mucho a Claudia, ella dice que quiere dedicarse a ella, “quiero escribir, pienso más en tener una vida tranquila. Aunque sé que es difícil”.

3. Rumores y envidia

Blanca Gladys Caldas Méndez, mejor conocida como ‘Claudia de Colombia’, fue reina cuando niña y comenzó a cantar antes de cumplir los 10 años.

Llegó a tener tal reconocimiento que cantó en diferentes escenarios alrededor del mundo como el Madison Square Garden, de Nueva York o el Teatro Teresa Carreño, de Caracas.

Actualmente esta defensora del romance disfruta tener una vida sana y tranquila. Pero no todo fue color de rosa. “El público se vuelve de la familia de uno. Aunque hemos tenido obstáculos, que es una cosa normal, envidias, zancadillas. A mí me han robado mucho, me han engañado, pero cuando tú amas una carrera sigues aguantando porque es lo que te gusta”.

Como ha viajado tanto los ratos libres que le quedan prefiere pasarlos en casa. “Me tiro a la locha y me pongo a ver películas”, confiesa Claudia, quien grabó cuatro filmes. En 1974 comenzó su carrera en el cine con ‘Un viaje de locos’ y ese mismo año actuó en ‘Nuestra historia de amor’. En 1980 protagonizó junto al actor mexicano Julio Alemán ‘Tiempo para amar’ y, en los años 90, ‘Un hombre y una mujer con suerte’.

Pero fueron muchas las ‘películas’ que armaron los medios sobre la diva. Durante un concierto en San Cristóbal, Venezuela, en la época en que se ventilaba el conflicto del archipiélago de Los Monjes entre Colombia y Venezuela, la artista hizo un comentario inofensivo que le costó un escándalo.

“El presidente Carlos Andrés Pérez estaba entre el público y al terminar me aplaudió fervorosamente. Yo, por responder ante su amabilidad, le dije que por qué no me regalaba Los Monjes”. Al día siguiente, los periódicos titularon en verde y rojo: “Claudia de Colombia ofendió al pueblo venezolano”. Ella solicitó hablar con el mandatario, pero en el hotel la incomunicaron. Aunque Pérez le pidió disculpas, se volvió más hermética.

También le atribuyeron romances que ella negó siempre, como un supuesto ‘affaire’ con el cantante popular Noel Petro, conocido como ‘El burro mocho’, quien le habría compuesto ‘La reina de la cruces’. Él sostenía que casi llegó al suicidio porque ella lo había abandonado. Ella aseguró en 2008 en una entrevista a Caracol Radio: “Él empezó a acosarme desde muy niña. Mandaba telegramas a mi casa que mi madre recibía, y jamás contestó. Pero él siguió inventando cosas como que una vez me llevó el desayuno a la cama. Ese señor se aprovechó de mi éxito para decir tonterías”.

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