cultura
Ángela Carabalí documentó el dolor de la desaparición forzada de su padre en una película laureada: véala en la Cinemateca La Tertulia
Tras 30 años de silencio, la cineasta vallecaucana estrena ‘Soñé su nombre’, una poderosa obra autobiográfica que la convierte en la primera mujer afrocolombiana en llegar a las salas de cine del país con un largo documental. 21 de marzo, a las 6:00 p.m., se proyecta en la Cinemateca la Tertulia.
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21 de mar de 2026, 04:34 p. m.
Actualizado el 21 de mar de 2026, 04:34 p. m.
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El cine colombiano marca un hito histórico, desde la herida y la esperanza de una niña que crece y quiere encontrar a su padre. Ella es Ángela Carabalí, quien no solo estrenó una película documental, sino que abrió un archivo íntimo de resistencia.
En Soñé su Nombre, la directora regresa a su infancia para reconstruir la figura de su padre, víctima de desaparición forzada, y emprende un viaje de tres décadas para hallar respuestas donde solo hubo ausencia, por cuenta de la violencia que se lo arrebató de sus brazos.
Reconocida en festivales de la talla de Hot Docs y DOC NYC, y respaldada por la Fundación Manos Visibles —motor de los liderazgos afro en el país—, esta obra es un retrato coral sobre la memoria y el duelo.
Hablamos con Ángela sobre lo que significa habitar este vacío, la responsabilidad de ser pionera en la industria y cómo el arte se convirtió en la herramienta definitiva para pronunciar el nombre que el conflicto intentó borrar.

Ángela, me gustaría que me contara cuándo decidió compartir esta historia tan personal con el público y ¿cuál fue esa intención inicial?
Sí, resulta que finalizando el 2016, cuando estábamos en el marco de la firma del acuerdo de paz entre el gobierno de Colombia y la guerrilla de las FARC, estaba muy impactada por todas las historias que salieron respecto a las violencias que habíamos vivido en los últimos años. Se empezaba a hablar de víctimas de una manera más recurrente en los medios de comunicación. Y en ese contexto, yo tuve un sueño con mi padre en el que me pedía que lo buscara.
Llevaba muchos años desaparecido y yo había olvidado completamente su nombre, su presencia en mi vida y a partir de ese momento, me lancé a indagar a través de una investigación, sobre la desaparición forzada en Colombia, y entendí que debía usar mi arte, mi oficio, mi profesión para ahondar en un tema que no solamente me había pasado a mí, sino que era un problema colectivo y un crimen de lesa humanidad en Colombia.
Cuando todo ocurrió estaba muy pequeña: tenía ocho años. ¿Qué pasaba por su mente de niña cuando perdió las huellas de su padre?
Era una niña, no entendía la dimensión de lo que podría significar la desaparición forzada. De hecho, creo que no lo tuve presente hasta hace muy poco. En ese momento yo tenía la esperanza de que mi padre iba a regresar y durante muchos años, yo hablaba de mi padre como que el hacía parte de mi vida, solo que estaba como ausente por un tiempo, pero que iba a regresar.
Con el paso del tiempo, fui perdiendo esa esperanza, pero también la conciencia de su presencia. Y hubo una manera de también proteger el corazón, haciendo mi vida sin él.
Y cuando ya fui consciente de que probablemente mi padre no iba a regresar, siendo un adolescente creí que eso era lo mejor, porque no hubiera tenido la capacidad de haberlo visto en un ataúd y ahora ya adulta, cuando empecé a hacer toda la investigación para la película, sentí quenadie debería ser desaparecido y nadie debía estar sometido a la incertidumbre de no saber si su familiar va o no va a regresar.
¿Cómo se enteró de que su padre desapareció, cómo fue el tratamiento que dieron al tema en su familia?
Mi madre nos dijo que mi papá estaba trabajando. Él se iba a los campos de arroz a trabajar a veces una semana, luego regresaba. Para mí era como normal que no llegara, pensé que esa vez se estaba demorando un poco más.
Mi hermana mayor se enteró de la noticia y me contó. Yo no podía entender de qué se trataba. Vi que muchas personas iban a la casa a acompañar a mi mamá, que eran solidarias con ella, pero no entendía el porqué.
Hasta que ya se me cuenta que mi padre ha sido desaparecido y que es probable que no regrese. Luego no se habló mucho de ese tema como tal en la familia. Mi madre lo buscó durante unos meses, pero luego tuvo que salir adelante sola con nosotros y nos refugiamos en el amor familiar, para no pensar tanto en esa ausencia.

¿Cómo fue ese proceso de investigación y de creación de la película?
Fue bien complejo porque al inicio no tenía la dimensión de que yo era una víctima de desaparición forzada. Descubrirme como una mujer víctima fue muy complejo. Luego entender la dimensión de la desaparición forzada en nuestro país, en nuestro continente, fue otro choque muy grande.
Sentí culpa de no haber hecho nada. Creí también que tenía que contar las historias de otros que sí eran importantes porque la mía no lo era. Sí. Y después, fue como reconocer a partir de asesorías de acompañamientos de guion, que nuestra historia era digna de ser contada. El sueño impulsó este proyecto. Aunque me sentí mística, supersticiosa por considerar que ese sueño erauna pista contundente para encontrar a mi padre. Tuvimos muchos desafíos para estructurar la película, a nivel emocional: para transitar este dolor que yo llevaba guardando durante tantos años y que ni siquiera sabía lo que sentía. Y luego, la dificultad de encontrar la financiación para una obra de este tipo.
¿Qué ocurre en el sueño que da nombre a la película?
“Soñé su nombre” se origina justamente por ese sueño en el que mi padre me pide que lo encuentre. Luego tuve otros sueños y en los cuales fui descubriendo otras pistas, fui entendiendo la profundidad de lo que yo estaba haciendo. Y también es un título que responde a una circunstancia o una situación que muchos otros familiares de desaparecidos viven. Y es que a través de las epifanías, las revelaciones, la oración y los sueños, tenemos una vida de comunicación con el ausente.
Cuando yo descubro que para las personas víctimas de desapariciones forzadas, el sueño tiene un lugar protagónico en su cotidianidad y en las comunidades indígenas y afro ascendientes también, el nombre toma una mayor relevancia, antes la película se llamaba “No los dejaron volver”, porque era una película que estaba pensada desde el colectivo. Y cuando descubro que no me debo avergonzar del sueño, que esto hace parte de la idiosincrasia de los pueblos étnicos, me aferro a ese sueño y a partir de él marco un camino para un relato que se origina desde el territorio, desde las regiones y desde la concepción que tienen tener los pueblos étnicos con respecto a la muerte y a la vida.
Había muchos caminos para estructurar la película, ya fuera desde la ficción o la realidad. ¿Con qué criterio eligió el documental?
Soy documentalista y anteriormente había hecho documentales y fotografía. Había hecho un documental interactivo. Esa es mi manera de acercarme al mundo, mi manera de contar. Por esa razón decidí hacer un documental. Nunca pensé que iba a ser tan personal e intenté evadir eso, pero la historia fue pidiendo esa conexión tan cercana que yo tenía con mi padre.
Tomé esa decisión de encarar eso que a mí me sucedía y a partir del nombre de mi padre, Esaú Caravalí, amplificar lo que viven muchas familias de las más de 135.000 personas dadas por desaparecidas en Colombia.
¿El caso de su padre sigue impune?
El caso de mi padre sigue impune. Es así. Lo que a mi padre le sucedió, fue cuando la desaparición forzada no estaba tipificada como delito en Colombia. Entonces su expediente aparece como homicidio o secuestro. Y se cerró a los 180 días por no haber ninguna prueba. El perpetrador logró su objetivo en ese momento. Y a mi madre se le advirtió que no buscara más. Se logró acallar esta historia y esta búsqueda durante muchos años hasta que ahora surge este llamado que me da una fuerza y que impulsa mi corazón que hace que el caso se abra nuevamente y que después de estar realizada la película, la Unidad de Búsqueda de Personas Dadas por Desaparecids nos ofrezca la posibilidad de buscar a mi padre a través de otros medios.
¿Qué descubrió de su padre a través de esta película, quién era él realmente?
Esaú Carabalí era un hombre lleno de matices. Era un hombre que se trazaba unos ideales e iba hasta el fondo para lograrlos, para seguir la convicción de su corazón.
Y descubrí un hombre muy social. Un hombre que que se conectó con la lucha indígena a través de la enseñanza del cultivo del arroz y que tenía unos sueños a futuro de lograr proyectos productivos desde los territorios. Esto lo encuentro en la comunidad y en los relatos de las personas. Y para mí, fue algo realmente inesperado y sorprendente.
Quiénes aparecen en el documental. ¿Quiénes la apoyaron en esa búsqueda?. ¿Qué documentos empleó para narrar la historia?
En un principio leí los tomos del Centro Nacional de Memoria Histórica destinados a la desaparición forzada. Luego vi muchos documentales políticos latinoamericanos, varios sobre desapariciones forzadas en Chile, en Argentina y luego tuve el acompañamiento de mi hermana Juliana Carabalí y de mi hermano Esaú Carabalí con quien empezamos a estructurar este relato.
Luego seguimos mi hermana y yo, y poco a poco, fondos, entidades, organizaciones y personas se fueron sumando a lo largo de este camino. Hace cinco años entra Sandra Tabares Duque, una de las productoras de esta película y quien fue mi profesora en la maestría de cine documental, donde este era el proyecto de grado y con ella empezamos a andar. Y hace hace unos meses llegó Manos visibles con el Fondo ERA: Fondo Audiovisual para la Equidad Racial, que nos permite amplificar “Soñé su nombre” y hacer que la película exista en el corazón de las personas que no hacen parte de nuestro círculo principal y que pueda existir. en los medios de comunicación y que podamos viajar a espacios donde la película empieza a circular a nivel internacional.
Ha sido un camino desafiante con respecto a la financiación en Colombia, fue bien difícil que pudieran entender el corazón de esta historia para que pudiera ser premiada. Por ejemplo, en el Fondo para el Desarrollo Cinematográfico nunca lo logramos, estuvimos siempre en los últimos, proyectos para seleccionar, pero hubo algo que hacía que a nosotras no nos escogieran y obtuvimos muchos de estos apoyos económicos a nivel internacional.
Esta es la primera película dirigida por una mujer afrocolombiana que se estrena en salas de cine del país. ¿Qué significa este hecho?
Ser la primera mujer afro colombiana que lleva una película a la pantalla grande de las salas comerciales en el país es un motivo de alegría saber que podemos habitar esos espacios con proyectos de calidad. Tenemos mucho para compartir al mundo y se diversifica el cine colombiano con unas miradas que vienen desde el territorio, desde la memoria, desde la valoración del conocimiento ancestral espiritual de los pueblos étnicos.
La verdad que es un acto político, el estar en esos espacios y que nuestra comunidad se se pueda ver identificada y que muchas de las otras mujeres afrodescendientes e indígenas que vienen narrando desde los territorios vean que sí podemos lograrlo. Es lamentable que hasta ahora eso ocurra. No? Ojalá hubiera pasado muchos años antes y ojalá no fuera tan difícil llegar ahí. Afortunadamente, ya estamos. Celebramos este espacio y llegamos para quedarnos.
Esta película fue reconocida con el premio Hot Docs y en el Festival de Cine de Cali, ¿creyó que recibiría tal visibilidad y apoyo?
Uno de mis sueños era llegar al festival de cine documental Hot Docs de Canadá. Yo admiraba ese espacio y poder hacer el estreno mundial de la película allá, ya era un gran premio, el que mi hermana pudiera ir, que Sandra Tabares una de las productoras. también pudiera estar, era un momento de fiesta para nosotras. Llegar al festival y ver que la película había llamado la atención de la audiencia y que se nos llenaron las salas los dos días en que la proyectamos fue una locura, saber que una historia que venía desde el corazón de Colombia se estaba conectando con el corazón de las personas del mundo fue un premio mayor.
La verdad yo estaba en shock el día de la premiación cuando nombran que Soñé su Nombre recibe una mención especial del jurado. Eso sí fue ya la locura, porque es ver que nos están reconociendo desde afuera, que a veces nos cuesta reconocernos desde adentro, Traer ese aval es una confirmación de que lo estamos haciendo bien y de que podemos soñar en grande y que esa niña que nació en Jamundí, Valle del Cauca, que hizo su bachillerato en Monte Líbano, Córdoba, de origen afrocolombiano, podía también lograr algo grande sin tener roscas.
Luego fuimos a Brasil y obtuvimos en el festival de cine Florianópolis el premio a la mejor película. Y era una competencia entre documental y ficción. A veces el documental está relegado en los festivales de cine y lograrlo también fue algo muy emocionante.
Regresar al país y saber que en el FICCAli, que tiene una una audiencia tan crítica, se nos haya llenado la sala y que hayamos tenido el premio María a mejor película en una competencia entre documental y ficción, fue sorprendente y muy emocionante. Ese día tuve muchas lágrimas por lo que estamos logrando las mujeres afrocolombianas y el cine hecho desde las regiones.
¿Cómo contribuye esta película a la conversación sobre la desaparición forzada y la memoria en Colombia?
Esta película busca generar círculos de la palabra alrededor de ella y espacios de sanación emocional también a partir de la de ella. “Soñé su nombre” busca también generar una comprensión más humana y más empática de lo que es la desaparición forzada, ya sea para las personas que conocen un poco sobre el tema o para las que no sabían absolutamente nada, porque a veces nos dicen una cifra que puede ser escalofriante.
Más de 135.000 personas dadas por desaparecidas, pero cómo identificar esa cifra desde el dolor de quienes padecen el flagelo de la desaparición forzada, esto busca la película y que personas que han sufrido estos dolores sientan que no están solas y que también vean que nosotros, a pesar de los dolores y a pesar de las heridas, podemos seguir adelante y de sanar en colectivo, porque la sanación, si bien viene de uno mismo, es más fácil, cuando nos abrazamos en colectivo, cuando se unen la ciudad, el campo lo afro, lo indígena, y cuando hay diálogo entre generaciones.
¿Esta película también significó sanación para su familia, para su mamá?
Para mi madre en un principio, la película le generó mucho temor que yo me pusiera a indagar en esta historia y que algo nos pudiera suceder. Luego la película sirvió para que habláramos de algo que había estado callado durante muchos años y que cada uno había procesado a su manera, en silencio.
La película permitió la conversación familiar, llorar, abrazarnos, llamar las cosas por su nombre y reconocernos a partir de lo que nos había sucedido y nos permitió entender lo fuertes que hemos sido a través de los años y que si bien este dolor marcó nuestra vida, también lo ha marcado la necesidad de sanar, de seguir y que a veces hay que transitar espacios de duelo y de dolor para poder luego que la alegría y el alivio vuelvan a los corazones.
¿Cuál es el recorrido que va a tener la película de hoy en adelante?
Está en Cali, en la Cinemateca La Tertulia, también estará en Valledupar, en Envigado, en la Cinemateca de Bogotá, en Medellín, en Pereira. En redes sociales compartimos siempre las fechas, los horarios, las salas y las ciudades donde se va renovando la película cada semana.
¿Con qué proyectos continuará?
Resulta que “Soñe su nombre” es un universo expandido y se compone de diferentes plataformas, una de ellas y la principal es la película. Y alrededor de ella está la canción original: ‘Te llevo en mi corazón’, compuesta por el maestro Juancho Valencia, que pueden descargar en todas las plataformas musicales y que tiene un video musical que se encuentra en Youtube.
Y gracias a la beca Crea Digital, estamos desarrollando un libro infantil ilustrado, a partir de personajes secundarios de la película en el que los niños van a poder acercarse a este relato desde una perspectiva diferente para ellos.
La felicito, qué bonito eso, además de desnudar su corazón, su alma y es un proceso muy bello que ha llevado al compartir su historia... ¿Quiere agregar algo más?
Encantada de hablar contigo, encantada de esta conversación. Isabel, de que hayas generado como una afinidad, una resonancia con Soñé su Nombre. Quiero agregar que hay personas que todavía tienen ciertos prejuicios a la hora de ver un documental, o historias que están conectadas con los dolores que hemos vivido en nuestro país. La invitación que yo hago es que puedan ver Soñe su Nombre sin prejuicios, que puedan abrir su corazón y que sepan que si bien parte de un dolor, la película invita a una sanación y es una luz de esperanza para nuestros corazones.
Isabel Peláez. Escribo, luego existo. Relatora de historias, sueños y personajes. Editora de cultura, entretenimiento y edición de contenidos digitales.
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