Fisicoculturismo: Fabricio Arana, un campeón sin medalla

Fisicoculturismo: Fabricio Arana, un campeón sin medalla

Octubre 06, 2014 - 12:00 a.m. Por:
Santiago Cruz Hoyos - Reportero de El País
Fisicoculturismo: Fabricio Arana, un campeón sin medalla

El objetivo de Fabricio Arana es llegar a los 100 kilos para competir en esa categoría.

Pese a ser el mejor en el país, el vallecaucano Fabricio Arana debe pagar hasta tiquetes para competir. ¿Cómo es la vida de un fisicoculturista en Colombia? Perfil.

El hombre de la foto pareciera a punto de estallar. De pie, sonriendo sobre un telón azul, apenas cubierto con una tanga negra con el número 84, tiene las venas hinchadas, como en relieve, al igual que sus músculos, como si de un momento a otro fueran a romper la piel. En realidad parece un cuerpo descubierto de piel. Como una ilustración de un libro de anatomía que indica la forma y ubicación exacta de cada músculo y tejido. Cuando era niño, aquel hombre veía las películas de Conan El Bárbaro. Tal vez fue el cine, dice, lo que lo motivó a querer verse como un guerrero pese a que en su infancia era tan delgado como una aguja. El de la foto es un forzudo de 1.70 y 85 kilos de pura fibra, mientras que en su juventud la báscula jamás superó los 58 kilos. — Hablando con mis compañeros de oficio, llegamos a la conclusión que casi siempre los que somos flaquitos queremos ser grandes. Tal vez también fue una frustración de infancia lo que me llevó a ser lo que soy. Como si hubiera querido compensar algo que me hacía falta, con mi cuerpo. Yo en mi pueblo era así: inseguro, tímido, callado, flaquito. A lo mejor ser fisicoculturista era una manera inconsciente de tener un escudo para enfrentar mis miedos.Fabricio Arana, el hombre de la foto, es considerado como el mejor fisicoculturista de Colombia.IIAunque su cédula es de Cali, Fabricio nació en Florida, Valle del Cauca, en 1978. Su infancia era como la de cualquier otro niño. Jugaba al fútbol, estudiaba (se graduó del Liceo Tomás Carrasquilla), veía a Conan y a Rambo, quería alzar pesas para lucir como Schwarzenegger y Stallone, respectivamente. Su padre solo se lo permitió hasta que cumplió los 13. Su argumento era irrebatible. El que levanta pesas antes de tiempo, se queda chiquito.Fabricio está seguro de que aquello es un mito popular, pero a los 12 no tenía cómo rebatirlo. Cuando finalmente cumplió 13 y empezó a ir al coliseo a levantar pesas, su padre lo llamó al orden de nuevo. — Haz lo que quieras en la vida, pero hazlo bien. O juegas al fútbol y estudias, o levantas pesas y estudias. Es imposible hacerlo todo.Fabricio recordó enseguida que ningún futbolista luce como Conan. Se decidió por la halterofilia y de aquel diálogo con su padre jamás olvidó la primera frase. “Haz lo que quieras, pero hazlo bien”. En el levantamiento de pesas parecía tener futuro. Ocupó el primer puesto en los Juegos Intercolegiados de Palmira en 1991, el primer puesto en el Departamental Junior de 1993, el segundo lugar en el Campeonato Nacional del mismo año, el primer puesto en el Departamental de Interclubes en 1994, el primer puesto en el Campeonato Nacional Juvenil de 1996.Viajaba por Colombia, ganaba medallas, pero tenía dos problemas. Pese a los triunfos, su cuenta de ahorros permanecía sin dinero. La halterofilia no es un deporte bien pago. El segundo problema era quizá más transcendental: su cuerpo estaba muy lejos de parecerse al de Schwarzenegger cuando interpretó a Conan. En las pesas se trabaja para tener fuerza en brazos y piernas, no para moldear la totalidad del cuerpo.James Gallego, el presidente de la Liga de Fisicoculturismo del Valle, suelta una carcajada cuando recuerda el día en que conoció a Fabricio. “Era un flaquito de 57 kilos. Un cuartico de pollo que trabajaba en una emisora. Además de las pesas, estudiaba comunicación social. Si vieras las fotos de sus inicios, también te daría risa”.IIIEl entrenador de fisicoculturismo Cediel Gutiérrez advirtió que Fabricio era muy delgado, sobre todo en sus piernas. Efectivamente, como un cuarto de pollo. Si quería triunfar, debía trabajarlas, le advirtió. Enseguida le preparó un programa de entrenamiento que Fabricio siguió al pie de la letra. — Es un hombre que sabe escuchar—, dice Cediel. También es un atleta disciplinado como soldado. Fabricio prestó servicio militar y cursó seminarios contra guerrilla. Si le dijeran que debe entrenar en la noche del 31 de diciembre, lo haría sin rezongar. Tener el cuerpo de Conan requiere una entrega absoluta y la alimentación de un rey glotón: seis comidas al día y cada una debe incluir, como mínimo, 250 gramos de proteína: carne de res, pollo o pescado. El desayuno consta de ocho huevos y 200 gramos de avena. A todo ello se le agregan batidos multivitamínicos, aminoácidos, encimas digestivas. El cuarto de pollo dejó de serlo de a poco y comenzó a competir sin olvidar la lección de su padre. Ocupó el primer lugar en el Campeonato de Novatos de Florida en 2002, categoría 65 kilogramos; lo mismo ocurrió en el Campeonato Departamental de 2006, categoría 70 kilogramos; en 2009 lo ganó todo en la categoría de los 75 kilogramos y dos años más tarde ganó el Campeonato Alto Paraná Classic, ciudad del este de Paraguay, y el Campeonato Internacional Mr. Extreme, en el mismo país. Fue también campeón suramericano, campeón en Chile en 80 kilogramos, noveno en el mundo y hace un par de meses subcampeón de América en 85 kilogramos. — Es la categoría más alta en la que he competido. Hay desde 60 kilogramos hasta 100. Ahora mi objetivo es aumentar de peso para competir en categoría más altas. Cada año compito con cinco kilos más que el anterior.Si alguien se lo encuentra en la calle, le costaría imaginar que a Fabricio lo llamaban cuarto de pollo. En cambio podría pensar que está frente a Terminator.IV— Soy un campeón sin medalla—, dice, de pronto, Fabricio. Es miércoles y él se encuentra en su tienda de complementos alimenticios, en Bogotá. De su negocio vive. También de algunos patrocinios y de entrenar a celebridades de la televisión. Propiamente, ser el campeón absoluto de Colombia no le representa una sola moneda. En este momento, su tono de voz es enérgico. Es la entonación de un hombre molesto. Fabricio se explaya, hace cuentas. La preparación de un fisicoculturista es costosa. Al año, para empezar, el gimnasio le cobra un millón ochocientos mil pesos; su alimentación cuesta novecientos mil cada mes, sin contar la de su familia. A eso se le debe sumar los complementos alimenticios, que cuestan en promedio un millón de pesos y apenas duran 30 días. Todo sale de su bolsillo, pero los gastos no terminan ahí. En varias ocasiones ha debido pagarse los tiquetes de avión para representar al país en campeonatos internacionales. También, por supuesto, ha debido pagar su hotel y sus seis comidas, no importa que sea parte de la flamante Selección Colombia de fisicoculturismo.— Ojalá esto fuera como la selección de fútbol, que apenas llaman a los jugadores les dan un cheque, les anuncian premios, tiquetes en primera clase. En el fisicoculturismo no. Si gano a nivel nacional, solo tengo el derecho de participar en un certamen internacional por Colombia. La Federación te da el aval, mas no tiquetes, viáticos, incentivos, nada. Solo en dos ocasiones la Federación le dio unos pasajes, aunque en clase económica. Fue para ir a Bolivia y al Mundial de Ecuador, donde debió pagar de su dinero la inscripción al evento: 150 euros. Lo más absurdo sucedió este mes, durante el Suramericano de Fisicoculturismo que se disputó en Bogotá. Colombia participó con 70 atletas de todo el país y la Federación no les pagó sus tiquetes para llegar a la capital desde sus ciudades de origen. Igualmente debieron pagar su hospedaje y hasta los noventa mil pesos de un carnet necesario para competir. Por presuntos malos manejos del certamen, la Federación Internacional de Fisicoculturismo intervino a la Federación de Colombia. Su presidente, Alejandro Santos, no contestó su celular para aclarar el tema. El gran problema del fisicoculturismo en Colombia, sí dijo James Gallego, el presidente de la Liga de Fisicoculturismo del Valle, es que por la idea generalizada de que es un deporte en el que todos se dopan para competir, no hace parte de Juegos Nacionales y eso traduce que el presupuesto para apoyarlo sea mínimo a pesar de ser una de las disciplinas que más le reporta medallas al país. Ningún fisicoculturista, de hecho, hace parte del programa del deportista apoyado de Coldeportes.Insistir, dice Fabricio, solo se entiende por el amor al arte. Enseguida recuerda que cuando fue campeón nacional este año, le pidieron que prestara su medalla para tomarles la foto a las ganadores de las otras categorías. Un lote de preseas, le dijeron, se había dañado y debían solucionar el problema a como diera lugar. Fabricio prestó la suya con la promesa de que se la devolverían. Aún la espera.Frases“El fisicoculturismo va mucho más allá del culto al cuerpo. Es un estilo de vida en donde lo que se intenta es superarse a uno mismo”.“Me toca el alma la desigualdad que existe en Colombia en el tema deportivo. El 99.9% de las noticias son de fútbol”.

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