Rosario Caicedo relata sus memorias rebeldes en el libro 'Milpedazos'

Agosto 30, 2022 - 06:05 a. m. 2022-08-30 Por:
 L. C. Bermeo Gamboa, reportero de El País
Rosario Caicedo

Testigo privilegiada de la cultura caleña, feminista comprometida y defensora del legado literario de su hermano, Rosario Caicedo escribe la historia de sus luchas y amores en ‘Milpedazos’.

Foto: Rubén Mendoza

En el imprescindible ensayo ‘Una habitación propia’, Virginia Woolf imagina al personaje de Judith Shakespeare, hermana ficticia del gran dramaturgo inglés, para evidenciar la desigualdad de género. Con igual genio, o quizá más que su hermano, pero mujer. Por eso, pese a sus grandes dotes creativas, su único destino en aquella época sería el matrimonio, los hijos y el hogar. Al final, mientras su hermano alcanza la gloria, ella es obligada a casarse y, sumida en una profunda depresión, ante la imposibilidad de convertirse en escritora, decide suicidarse.

Rosario Caicedo, lectora incansable de Virginia Woolf, conoce muy bien la historia de Judith Shakespeare y, aunque podrían encontrarse semejanzas con su propia vida, contrario a lo planteado por la escritora inglesa, entre Rosario y su hermano Andrés, el hoy reconocido autor de ‘¡Qué viva la música!’, nunca existió una rivalidad. Todo lo contrario, desde muy temprana infancia (se llevaban solo un año de diferencia), se apoyaron mutuamente, y posterior a la muerte de Andrés, su hermana se convirtió en la defensora de su legado literario.

No obstante, Rosario Caicedo también sintió la pasión por las letras: siempre fue una lectora y escritora precoz. Pero a diferencia de su hermano, para quien nunca fue fácil mantenerse como escritor y finalmente optó por una drástica solución. Para Rosario, siendo una mujer nacida a mitad del siglo XX, sus luchas más imperiosas fueron otras, y como todas las mujeres comprometidas de su generación, se enfrentó a la desigualdad de género, la represión sexual y, también a la enfermedad. Pero, a diferencia de la pasividad con que Judith Shakespeare asumió su destino, Rosario se rebeló: marchó y protestó, escapó y amó con libertad.

Y en todos esos años de luchas y amores, escribió y escribió, dejando pedazos de su memoria en cartas a hermanos muertos, poemas a sus hijos, poemas a la mujer amada, poemas a los padres amorosos, que no estaban preparados para el cambio, y el testimonio honesto de una mujer sensible y comprometida con el presente.

Por eso, su esperado libro ‘Milpedazos, una memoria’, como afirmó Juan David Correa, editor y periodista cultural, es un “hermoso recorrido por la vida de una mujer del siglo XX que escribe desde el siglo XXI, donde se trazan las líneas de miles de mujeres que, como ella, se han empeñado en permanecer incómodas ante una sociedad que las reclamaba bien portadas y silenciosas. Este es un grito de libertad y claro, de poesía”.
Desde su casa en Middletown, estado de Connecticut (EE. UU.), donde vive hace más de 50 años, Rosario Caicedo comparte algunos detalles de su libro de memorias, publicado esta semana y que estará presentando el próximo mes de octubre en Colombia.

Libro Rosario Caicedo

Publicado por Editorial Planeta (2022).

Foto: Especial para El País

El libro es una memoria, pero en él se mezclan narración con poemas y correspondencia, ¿por qué decidió combinar diferentes géneros literarios?

Pienso que la vida es como una metáfora, pero que está conformada de muchas experiencias, pedazos de vida muy distintos y al mismo tiempo, con una unidad. Entonces, me pareció que un libro podría ser el cuadro ideal para unir las piezas más importantes de la vida de una mujer de 72 años, donde compila sus recuerdos de infancia, adolescencia, juventud y de su vejez, pero también está allí mi relación con la literatura, que ha sido un elemento fundamental para mi vida, por un lado con la poesía y por el otro, con un hermano escritor, y allí no puedo dejar de contar mi versión de cómo luché para defender la publicación de su correspondencia, algo que consideré un compromiso con la libertad de expresión y la literatura colombiana.

Como lo cuenta en el libro, la mayor parte de su vida ha escrito, sin embargo, publica su primer libro a los 72 años... ¿Por qué ahora es el momento indicado?

Siempre he escrito poemas, y muchos artículos que se publicaron en periódicos y revistas de Colombia y en otros países, pero fue a raíz de la censura que tuvo la correspondencia de Andrés Caicedo, cuando empecé a sentir la necesidad de escribir sobre lo que algo como eso, como lo que me pasó y le pasó a Andrés, significaba al interior de una familia. Porque para mí es muy importante conocer a una familia para entender muchas de estas situaciones, pero además, las familias en general, siempre lo he pensado, son el origen de todas las obras de arte. Partí de allí para compilar una memoria que reflejara esto, por un lado, y debo reconocer que Luis Ospina me ayudó a considerarlo con más profundidad. Estábamos en medio de ese conflicto por la correspondencia de Andrés, cuando Luis me dice, “algún día tendrás que recoger todo esto y contarlo”.

Y en su infancia, ¿cómo nació su amor por la literatura?

Ese amor por la literatura fue inmediato, desde que aprendí a leer, y hasta donde recuerdo he escrito siempre poemas, pequeños y grandes. Aprender a leer es uno de los tesoros más grandes que la vida me ha dado. De hecho, mis primeros poemas se los dediqué a mi profesora de primera, la señora Ligia de Sandino, quien me enseñó a leer. La palabra escrita siempre ha sido una compañía para mí, podría decir que es como la mejor amante.

¿Y cuándo quiso ser escritora?

Siempre tuve ese deseo, desde que fui muy joven asistí a talleres de poesía y tengo manuscritos de libros de poemas, algunos los he enviado a editoriales. He mandado a concursos y a revistas, algunos se han publicado en Colombia y otros en inglés aquí, en Estados Unidos. Y ahora, con ‘Milpedazos’, se cumple un deseo acumulado de muchos años.

¿Cómo fue enterarse que su hermano también quería ser escritor? ¿Cómo fue su relación literaria?

Yo le mostraba a Andrés los poemas que escribía, y el consejo que me dio una vez fue: “Por favor escribe poemas que no rimen, olvídate de la rima, Rosarito”. Entonces empecé a escribir sin rimar, aunque alcancé a mostrarle muy pocos poemas. Otras cosas que le compartía, eran artículos que yo escribía sobre cuestiones políticas en Colombia, y me decía, “tú tienes la potencia de escribir, algún día deberías dedicarte a esto”. Pero nunca le dije que yo quería ser escritora.

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