Palabras guardadas en un maletín, lea una selección poética de María del Socorro Vélez

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Palabras guardadas en un maletín, lea una selección poética de María del Socorro Vélez

Abril 14, 2021 - 03:25 p. m. Por:
 Redacción de Gaceta
maletín

María del Socorro Vélez Calle obtuvo el X Premio Nacional de Poesía José Manuel Arango por su poemario ‘Todo cabía en el maletín de cuero’.

Foto: 123RF / Gaceta

Compartimos con los lectores de Gaceta algunos poemas de María del Socorro Vélez Calle, una destacada poeta vallecaucana, quien en 2019 obtuvo el X Premio Nacional de Poesía José Manuel Arango por su poemario ‘Todo cabía en el maletín de cuero’. Su universo poético está compuesto de impresiones de la infancia, donde la rudeza de la vida en el campo se mezcla con la ternura del descubrimiento de las primeras palabras.

Si nace ternera la llamarán Pilar y aumentará la prole

Todo cabía en el maletín de cuero - María del Socorro Vélez Calle

'Todo cabía en el maletín de cuero', es el poemario de María del Socorro Vélez Calle, galardonado con el X Premio Nacional de Poesía 'José Manuel Arango'.

Foto: Especial para Gaceta

María del Socorro Vélez Calle

La poeta María del Socorro Vélez Calle nación en Sevilla (Valle) y estudió Comunicación Social en la Universidad Autónoma de Occidente.

Foto: Especial para Gaceta

El mugido desgarrador destierra el silencio del potrero
a Clara le han arrebatado su ternero.
Como la niña que mira hasta el fin del viento
el naufragio de su primera cometa
Clara ve a su hijo
-enclenque y recién lamido-
alejarse
en un furgón.

La vaca no sabe de destaces
y lo espera con la leche tibia
palpitando en su ubre.
Es ahí
donde las vacas
tienen
el corazón.

Manual para sobrevivir

I

Alelarse en la luz de la vela.

II

Vivir la punción azul
en las íntimas llagas
confesar que no eran cicatrices.

III

Escuchar la ira
la angustia
el miedo
admitir que son huérfanos de lenguaje.

IV

Desocultarnos
-la fragilidad es una virtud-.

Al asta del lápiz vendrán
la loba
la sal
el yodo.

Un nombre y siete vidas

Un nombre de gato mulló mis labios
hacia la oquedad de mi boca
saltó curioso y abrió los ojos.
En ese santiamén de luz
se estiró en mi lengua
lamió mis papilas.

Salivé
             sus
                      sílabas.

No alcancé a pronunciarlo
huyó despavorido
y en un intento de dicción
perdió las siete vidas.

Conversación

Ella escuchó de sus ojos
el dialecto verde de los peces.
Él sopló el silencio largo
de ceniza.

Así entonces
fundaron la palabra.

Palabrario

Falleba
abre mis manos
para regar el alpiste
que alimenta a la lluvia.

Astilla
en mi herida
salpica filosa la sangre
de mi costado.

Silencio
acerca hasta mi boca
el trino de besos
que dejan caer del techo
las lagartijas.

Acantilado
aguja blanca
enterrada en mi pie derecho
llaga al amparo
de una intemperie salobre.

Milagro
siento en los ojos
el mar es asfalto azul
al paso veloz del basilisco.

Tinta
derrama azogue
y la palabra palabra
es el verbo Luz conjugado
en mis versos inocentes.

Canción

Juana orilla cierta
corriente mansa del Iscuandé
a bordo de nuestra casa
hace tantos años ya.
Seis hijos celebrados
en el cununo del vientre
maduraron sus caderas
ritmo lento de berejú.

A su boca salediza
acuden limpias las palabras
alabadas en esa luz
tagua de sus ojos.
Devota del azar
y del señor lotero
a hurtadillas busca las monedas
en bolsillos y nocheros.

Si el salmón ennegrecido
y una pizca es cucharada
ella inventa sus razones,
abundante sal y fuego
así dice en la receta.

Juana no olvida un dolor de muela
que la dejó sin dientes
suelta la risa en su cuerpo
subibaja los hombros
parece la marea.

Mientras cocina habla a los plátanos
acusa al cuchillo
riñe al camarón por su tamaño
y dejando para sí
las últimas letras de las palabras,
canta.

Ya el agua se está secando
vamonó a pianguá
y dónde se da la piangua
en la raí del manglá
y cómo hacen pa´sacala
meté la mano, sacá de allá…


Juana orilla cierta
corriente mansa del Iscuandé
a bordo de nuestra casa
hace tantos años ya.

Al cuaderno le nacen alanterios

Indelebles
lee el cuaderno
los ojos
los hombros
los brazos
las piernas
los pies
anatomía tan humana
tan parecida a los gestos de bondad
que tienen los trazos simples.
Sefelisiente.

Borra arcos
anzuelos
arpones
ganzúas
espuelas
-armas de la letra gótica
y en la hondura
traspasada a sus hojas
pone puntos
-tal vez huevos de palabras-.

Sanánido de sus lláguidas
puebla sus renglones albinúbeos
nacen alanterios
plumamuts
lechugatos
tamaríndolas.

El cuaderno se anueva.

Desmemoria

Se fuga la calle
donde ayer hice mercado.
Deja en mi memoria
la luz de los nísperos
las papilas de la mora
y el olor del cilantro.

Pierdo a diario
el mismo tango
canto
tarareo
gozo esa voz binaria
la nostalgia esquiva
en la punta de mi lengua.

No hay indicios
de dónde guardo partidas de bautismo
ni registros de defunción.
Las huellas inalterables de ida y vuelta
me bastan.

Todo atestigua
que un espíritu
desvalija mis libros.
Entre ellos y yo
silencios de cobalto
la gravidez del olvido.

En vidrios rotos
sobre el pavimento
dejé muchas cosas.

No las recuerdo.

Cartilla de lenguaje

En el insomnio regreso a la niñez
suspendida en algún hemistiquio de la página.
Ahí está Aurelio
mi gato diestro en vocales abiertas
y el lenguaje del parque
árbol
banca
fuente
maestros sustantivos.

Recobro la u
uña roja
el ala
mamá mima a mimí
la gramática de Coquito.

Llega una perífrasis en reposo
un párrafo lacónico
y el pregón de Llovizna
la loquita del pueblo
que hablaba y hablaba.

Todo cabía en el maletín de cuero
que decía
ABC.

Vaticinio

El búho mira atrás y prevé.
En el embalse ámbar de sus ojos
guarda
la suerte del ratón.
Gira hacia el presente
y ávido
espera.

Miniaturas

Llovizna,
deletreo del agua
sobre las hojas.

***
La piedra furiosa
teje en el vidrio
la telaraña.

***
En los cables
la golondrina tambalea.
Voló la paloma.

***
En el aire
camina la araña.
La mano corta el milagro.

***
Nogales,
olvidos sembrados
por las ardillas.

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