Imperdible: el Rey Lear de Shakespeare en vivo y en la sala de cine

Imperdible: el Rey Lear de Shakespeare en vivo y en la sala de cine

Mayo 26, 2019 - 08:40 a.m. Por:
Claudia Rojas Arbeláez / Especial para Gaceta
rey lear

Fotografía de la puesta en escena.

Especial para El País

El rey de cabello blanco e ideas confusas recorre una tarima dispuesta por encima de las sillas del público y llega a la mitad del escenario.

Acompañado de su corte asiste a la ceremonia en la que decidirá a quién le dará la mano de su hija menor y muy amada. Los pretendientes, el duque Borgoña y el rey de Francia, aguardan ansiosos el anuncio del gran rey Lear, para saber quién de ellos es el afortunado. Pero antes de hablar de futuro de Cordelia, el rey quiere hacer un anuncio personal: ha decidido entregar en vida su herencia, repartiendo su reino en tres partes, su única condición es que sus hijas le demuestren cuanto lo aman.

Las dos mayores de ellas, se exceden en halagos y promesas de amor vacías, mientras que la menor, resume su afecto desde su deber de hija.

La respuesta descompone al anciano, al punto que la deshereda y expulsa del reino. Sin importar su nueva condición, la joven Cornelia es aceptada por el rey de Francia como su esposa y se la lleva de ahí.

La primera escena nos ubica en una de las obras más relevantes del dramaturgo de todos los tiempos, William Shakespeare. ‘El rey Lear’ que ha sido llevado al cine y la televisión en varias ocasiones ( y ni hablar de cuantas al teatro), regresa a nosotros como parte del programa ofrecido por el National Theatre Live.

La obra que podemos observar el 1 y 2 de junio, es producción del Chichester Festival Theatre, con una puesta en escena especial diseñada para el teatro de los duques de York. Muchas cosas convierten esta producción en algo extraordinario, por un lado la adecuación del teatro que tuvo que ser intervenido para lograr uno de los efectos más importantes desde su escritura: la intimidad.

Valdría la pena recordar que el teatro isabelino, propio del siglo XV reclamó un escenario adecuado para sus presentaciones. Se trataba de espacios recogidos, que pese a estar compuestos por varios pisos, le permitían al público estar lo bastante cerca de los actores como para escuchar sus murmullos, su respiración. 

De ahí que la apuesta del grupo de actores y de su director, Jonathan Munby, incluyó la construcción de una rampa en medio de la platea, con el fin de que los personajes se involucraran dentro del público.

Pero no se trata solo de un mero capricho estético, sino de aprovechar el texto e involucrar al espectador en la trama. En este obra, los detalles son importantes, porque sobre pasan lo obvio y se adentran en el nivel simbólico. Así también, nosotros, quienes asistimos a la proyección de esta maravillosa obra que sobrepasa las tres horas de duración podemos sentir el afanoso declive de un hombre que es traicionado por quienes ama y abandonado a su suerte en medio de una tormenta, mientras su hija expatriada intenta rescatarlo de su destino.

Aunque el origen de la historia de Lear, está relacionado con ciertas tradiciones populares y que se cree que Shakespeare se basó en un cuento llamado King Leir (cuyo autor se desconoce), fue él quien lo llevó a otro nivel.

Al explorar más el conflicto del padre, al llevar el drama a un nivel más grave y al incluir la trama del conde de Gloucester y de sus hijos: Edgard, el legítimo, y Edmund, el bastardo.

La puesta en escena que apreciamos está ambientada en un borroso momento en el que dialogan ejércitos contemporáneos y vestidos de los años treinta. Así también el redondo escenario del teatro se transforma con paneles de maderas, jaulas y tormenta.

Merece un renglón aparte el actor inglés Ian McKellen (El señor de los anillos; X-Men), quien en su muy avanzada adultez, personifica a un Lear que le viene bastante bien. Con su voz baja y lejos de gritos y locuras exageradas, la demencia de este rey es más melancólica, más sombría y más natural, si se quiere. Le acompaña Sinead Cusack, interpretando el personaje masculino de Kent, quien después asumirá la personalidad de Cayo para serle fiel al rey de otra forma.

Su ira, su pérdida de la memoria y su tristeza, nos pone de su lado y nos resulta conmovedora mientras que el drama de sus hijas no puede ser más que aterrador. Como aquella escena en que la hija Regan baila fascinada mientas observa como a Gloucester le sacan los ojos, solo por querer ayudar al rey.

De esta manera, esta versión del ‘El rey Lear’ no solo nos brinda la oportunidad de presenciar un de los máximos clásicos de la dramaturgia sino de vivir una experiencia que va de la compasión al horror, a través de la iluminación, la música, los géneros y la presencia de más de 20 actores en escena.

@kayarojas

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