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Extremos

Septiembre 19, 2018 - 11:35 p.m. Por: Benjamin Barney Caldas

No hay que confundir la movilidad en la ciudad con sólo la de sus carros particulares en ella, pues la mayoría de los que habitan aquí van en motos (cada vez mas) o usan el transporte público ya sea el legal o el pirata, y todos caminan antes o después o todo el trayecto.

Pero tampoco hay que creer que prohibir demagógicamente su uso un solo día es “un sacrificio de todas las personas en pro del medio ambiente”, pues Emilio Sardi tiene toda la razón cuando afirma que “Da la impresión de que el Gobierno Municipal está interesado en mejorar las condiciones ambientales de Cali ocupándose en un día -y por cuenta de la ciudadanía- de lo que olvida en los otros 364” (‘El día sin…’, El País 12/09/2018).

Lo indicado sería acometer progresivamente medidas como la propuesta por la Fundación de Vecinos de San Antonio en el sentido de hacer el experimento de prohibir el estacionamiento de carros en sus calles, junto con el de las motos, salvo los de los residentes que no tengan garaje, y no su circulación por el barrio. Pero igualmente que los usuarios de sus restaurantes dejen sus carros en estacionamientos en los bordes del sector y caminen a su interior, como propone la Junta de Acción Comunal. Y no olvidar otras propuestas ya olvidadas como la de pagar por estacionar en sus calles, la que por supuesto debería ser para todas las principales vías en toda la ciudad.

Así se desmotivaría el uso de carros particulares, las 24 horas del día y para todo, disminuyendo su impacto en el medio ambiente, pero al tiempo habría que hacer andenes y subsidiar un verdadero transporte público multimodal e integrado, cuya columna vertebral sea el nuevo eje urbano de la ciudad a lo largo de la vía férrea, totalmente desaprovechado desde cuando los sindicatos, junto con los propietarios de buses y camiones acabaron con el ferrocarril, estimulados además por la moda, que en esta ciudad suele ser la penúltima moda, de terminar con los trenes justo cuando ya se desarrollaba su recuperación en todas partes. Y ni siquiera ha sido posible que se complete el par vial de la 25-26.

Tal y como lo recuerda el trabajo realizado por un grupo de profesionales adjunto a la SMP: “La larga parálisis de este espacio urbano lleva a reflexionar sobre las políticas públicas, ya qué ninguno de los proyectos propuestos desde 1980 fue desarrollado. Y a examinar la lógica de uno nuevo que recoge planteamientos existentes, a partir de su análisis crítico urbano, arquitectónico, constructivo, económico y social, con una visión transdisciplinar para que la movilidad, vital en las ciudades grandes, se aborde integralmente, planificando usos del suelo, densidades y desplazamientos” (Se puede consultar el texto completo, incluyendo una propuesta junto con sus ilustraciones en Caliescribe.com).

Y, para no caer en extremos hay que hablar nuevamente de lo perentorio que es hacer andenes en esta ciudad que pretende serlo sin ellos, y arborizados pues su sombra no beneficia solo a los peatones sino que ayuda a controlar el cambio climático. Ayuda pensar en un día sin peatones; justo la ciudad que le faltó a Ítalo Calvino en ‘Ciudades invisibles’, 1972. Porque lo que sí es muy visible en esta ciudad con muchos peatones pero sin casi andenes, es que por eso se ven obligados a compartir con los vehículos las calzadas de las calles, incluyendo los turistas que caminan por San Antonio. Porque tratándose de peatones y andenes los extremos no apenas se tocan sino que se funden en una verdadera ciudad.

Sigue en Twitter @BarneyCaldas

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