Colombia
Presidente De la Espriella renombró entidad como Ministerio de Cultura y Patrimonio: “Va a empezar la contrarrevolución cultural”
El presidente se reunió con la ministra Paola Holguín y su equipo, transmitiendo en un discurso su perspectiva de la cultura colombiana.
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15 de oct de 2026, 08:36 p. m.
Actualizado el 15 de oct de 2026, 08:36 p. m.
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El presidente Abelardo de la Espriella se reunió con la ministra de Cultura, Paola Holguín, este jueves 15 de octubre, en el Claustro de Santa Clara, de Bogotá, desde donde aprovechó para transmitir un discurso sobre su particular visión de la cultura colombiana y la perspectiva política que impondrá con su proyecto de Patria Milagro para dirigirla desde el Estado.
En primer lugar, aclaró que durante su gobierno, la entidad cultural se volverá a llamar Ministerio de Cultura y Patrimonio, esto para modificar el nombre que tuvo en el anterior gobierno cuando se llamó Ministerio de las Culturas, las Artes y los Saberes.

Al respecto, De la Espriella manifestó que “esta cartera tendrá una denominación clara: Ministerio de Cultura y Patrimonio. La palabra cultura, entendida en toda su amplitud, tiene manifestaciones artísticas, históricas, intelectuales, materiales e inmateriales”.
Según el mandatario, “en el régimen anterior se fragmentó conceptualmente la cultura con el argumento, que es absolutamente falso, de que así se reconocía la diversidad. El Estado tiene la responsabilidad de conservar, restaurar, proteger y transmitir la herencia cultural de la nación”.
Aseguró que “la cultura no puede seguir utilizándose como instrumento de la ideología. Las instituciones culturales del Estado pertenecen a todos los ciudadanos. No pueden ser utilizadas, como ocurrió en el régimen anterior, para exponer una doctrina política o una interpretación ideológica de la historia”.
Incluso, sugirió que la cultura estaba siendo usada como “un mecanismo de adoctrinamiento, sobre todo de niños y adolescentes”. Aunque en este sentido no detalló cómo o cuándo habría ocurrido esto, o si es más una interpretación personal desde sus valores y posiciones políticas.

No obstante, a su vez postuló los principios políticos e ideológicos que tendrá el Ministerio de Cultura durante su régimen. Al respecto dijo que “el Estado tiene el deber moral y político de impedir que los espacios culturales sean captados por el social-comunismo, enemigo de los valores fundamentales sobre los cuales se erigió Colombia. Desde aquí va a empezar la contrarrevolución cultural”.
“Vamos a emprender una lucha abierta, decidida y patriótica contra el wokismo, que no es más que una corriente ideológica que apunta a transformar los fundamentos morales, culturales y sociales de Occidente (los valores, la tradición familiar, la identidad nacional y la libertad individual)”, agregó.
El discurso en ningún momento se refirió a las graves denuncias que tiene el sector artístico y cultural sobre la cancelación de convocatorias millonarias de estímulos culturales en 2026, o sobre la confirmación de que los recursos para cultura en 2027 bajará en 29,5 % según el proyecto de Presupuesto General presentado por su gobierno, o sobre los dos títulos académicos que resultaron falsos de la propia ministra Holguín.
“La cultura no puede seguir utilizándose como instrumento de la ideología. Las instituciones culturales del Estado pertenecen a todos los ciudadanos y como Estado debemos garantizar la libertad cultural, no fabricar una cultura oficial que le sirva al gobierno de turno”.
— MinCultura Colombia (@mincultura) October 15, 2026
Ante… pic.twitter.com/GHG8OX25FM
Ignorando estas realidades, De la Espriella concentró sus declaraciones en lo que llama la “batalla cultural”. En este sentido, dentro de su versión de que en el pasado se promovió el terrorismo desde la cultura, aseguró que “aquí nunca más los terroristas tendrán un lugar como si de próceres de la patria se tratara. Le he dado instrucciones a la señora ministra para que toda esa oda al terrorismo, en la que aparece Pizarro y demás terroristas, desaparezca de los lugares públicos”.
Cabe añadir que, como ya se convirtió en estilo de las comunicaciones del Gobierno, el presidente hace sus discursos sin derecho a réplica, puesto que no abre ruedas de prensa para que periodistas puedan cuestionar sus declaraciones.
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