Bienestar
Dice líder de Unidos por la Vida: “¿Cómo es posible que en Colombia tengamos menos nacimientos y más abortos?"
El movimiento provida está cumpliendo dos décadas de existencia en Colombia.
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9 de abr de 2026, 03:26 a. m.
Actualizado el 9 de abr de 2026, 03:37 a. m.
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“Nosotros creemos que los derechos de la mujer existen, y hay que defenderlos y protegerlos. Lo que pasa es que cuando tú ya estás esperando un bebé, ya hay otra persona que tiene derechos”.
Así se expresa, en entrevista con El País, Jesús Magaña, director y fundador de la organización Unidos por la Vida.

¿Cómo nace Unidos por la Vida y qué lo motivó a crear esta institución hace 20 años?
Fue un grupo de personas preocupadas porque en Colombia estaba discutiéndose la despenalización del aborto. Y es una situación muy grave porque el aborto es una de las maneras más crueles de acabar con una vida humana. Los que conocen el procedimiento saben que es un descuartizamiento de un bebé, que además tiene una particularidad: él siente hasta el último instante todo el dolor que se le esté infringiendo, porque su sistema nervioso está en maduración. Nosotros, que ya somos nacidos, tenemos en nuestro sistema nervioso una forma de tener un umbral de dolor hasta que es intolerable y nos desmayamos, pero los bebés no se pueden desmayar, siguen sintiendo el dolor hasta el último instante de su latido de corazón.
Viendo todo eso, dijimos: no puede ser posible que una sociedad civilizada no encuentre otra forma sino la solución de matar bebés ante las angustias, los problemas, las dificultades de una mamá con un embarazo difícil, inesperado. Lo que necesitamos no es matar, si no unirnos todos como sociedad, como país, para rescatar ese bebé y a su mamá.
¿Y cuáles son esas salidas que ustedes proponen?
Proponemos políticas públicas en donde el poder financiero del Estado no esté para promover la muerte de los bebés por nacer, sino para generar las mejores condiciones de apoyo a las mamás, a las mujeres, para que puedan hacer esa vida, ya sea que quede la vida con la mamá, ojalá, pero, en dado caso, que pueda haber la opción de la adopción. El Instituto Colombiano de Bienestar Familiar tiene una larga lista de solicitudes de adopción y no hay niños para dar en adopción. Y el DANE acaba de dar una cifra que nos deja muy preocupados: tuvimos un 4,5 % menos de nacimientos en el 2025 frente al 2024. Eso, en términos prácticos, significa que Colombia está desapareciendo de una manera muy rápida y muy fuerte.
En Unidos por la Vida pensamos que la solución es siempre tener una opción positiva frente a la vida. Ver la vida de un bebé por nacer, no como una amenaza, sino como un signo de futuro y esperanza. Entonces, el movimiento ha generado una serie de movilizaciones ciudadanas para sensibilizar al país, y sobre todo para tener una palabra ciudadana en toda la política pública que se gesta en el Congreso, en el Ejecutivo, pero también en las Cortes del país.

¿Cómo es eso de defender la vida en una sociedad como la colombiana, en donde la vida no se valora y hay muchos homicidios?
Fíjense que cada vez vemos una mayor sensibilidad. A nosotros nos duele tanto la muerte de una persona armada en grupos ilegales como la de un soldado, un policía, inclusive un narcotraficante, porque son seres humanos. Pero la muerte que más nos duele es la del inocente, que es un bebé por nacer que no ha cometido ningún crimen, salvo aparecer a la vida. Y en nuestro país, que hemos padecido tanto tiempo el flagelo de la muerte, estamos dándonos cuenta de que el mayor flagelo ha sido la muerte de los niños por nacer.
Este año el DANE estima que más o menos son 120 mil niños los que han muerto por aborto. O sea, son tres o cuatro poblaciones grandes que desaparecen, y tenemos masacres de 100, 50, 20 que nos duelen muchísimo, pero, frente a 120 mil, es un número terrible el que estamos viviendo.
Durante estos 20 años, ¿cuál es el balance de logros que ha alcanzado Unidos por la Vida?
Empezamos en la movilización social con una sola ciudad en el 2006 y ahora marchan 112 ciudades en la Marcha Nacional por la Vida, que este año va a ser el 23 de mayo. Pero además se ha generado la bancada provida en el Congreso, que ha buscado crear iniciativas legislativas para proteger a la mujer y al niño por nacer. Y también se ha logrado llegar a muchos jóvenes, tocar muchos corazones para tener una actitud diferente frente a este desafío que significa la vida nueva en nuestra sociedad. Y hemos logrado crear las bancadas provida en los concejos de Bogotá, Medellín, Cali, que también están buscando encontrar las mejores políticas públicas para hacer más amable la llegada de la vida por nacer a nuestras ciudades.
Es un trabajo que todavía tiene mucha proyección por delante, pero que cada vez es más valorado, porque hay una gran preocupación por el invierno demográfico que estamos padeciendo. Tenemos que romper eso, porque estamos en peligro de extinción. No es una palabra vacía, sino real. Si Colombia sigue en esta línea, en cinco o seis años vamos a llegar a una cifra dramática, que es 1,3 hijos por mujer. La demografía dice que, cuando lleguemos a esa estadística, este país no tiene retorno, va a desaparecer. Es lo que está pasando en China, ya el Partido Comunista dijo, en noviembre del año pasado, que no han logrado revertir la tendencia: están en 0,9; 0,8 y lo que están haciendo ver cómo de manera digna envejecen y mueren. En Colombia estamos a punto de llegar a ese punto o dar la vuelta y nosotros estamos apostando a que logremos que Colombia sobreviva, viva y permanezca.

En estos momentos en los que está en boga reivindicar los derechos de la mujer, incluido el de que ellas sean libres de decidir si quieren tener un hijo o no, ¿qué les dicen a ellas?
Nosotros creemos que los derechos de la mujer existen, y hay que defenderlos y protegerlos. Lo que pasa es que cuando tú ya estás esperando un bebé, ya hay otra persona que tiene derechos. Ese bebé también tiene derechos y también puede ser una mujer. Entonces tus derechos no pueden despedazar, aplastar, desaparecer los derechos de otra persona, especialmente cuando es indefensa y débil. Un signo de civilización es la capacidad de proteger a aquel que es más débil. Un signo de barbarie es ofender, destruir, despedazar al más débil. Entonces, esas sociedades de barbarie desaparecen. Las sociedades de civilidad, de compasión, perduran.
Necesitamos que la mujer recupere en su corazón lo que naturalmente tiene, que es acoger al indefenso, al débil, al que necesita ternura y cariño. Tenemos que volver a promover en el corazón de la mujer esa realidad tan hermosa del sentimiento de acogida, entender que esa vida pequeñita no es una parte de su cuerpo. Es otra personita que le pide unos días de acogida para poder vivir, como nosotros tenemos que acoger siempre a todos. Es un llamado a estas mujeres a que recuperen, rescaten, que hagan surgir en su corazón esa gran capacidad de acogida y de ternura que está ahí y que necesitamos como sociedad.
Y también un llamado a los hombres, para que protejan, ayuden y soporten a estas mamás, a estas mujeres, porque no son solamente ellas, también los hombres tenemos una responsabilidad gravísima de apoyar, proteger, soportar, para que la vida surja.
En Colombia, la norma vigente dice que se puede abortar sin consecuencias legales hasta la semana 24. ¿Cuál es la posición de ustedes frente a ello y qué acciones están tomando para modificar esa decisión?
En Colombia no está legalizado el aborto, a pesar de que se habla de eso, porque no hay ley de aborto. Lo que tenemos son dos sentencias de la Corte Constitucional, la 355 del 2006, que despenalizaba para tres causales, y la 055 del 2022. Es muy interesante observar que en ambas se definió la despenalización por un solo voto: no fue mayoría. Eso nos habla de que la cosa no es clara, pero además tenemos un problema muy grave jurídicamente, porque la despenalización del aborto en las sentencias lo que reconoce implícitamente es que el aborto es un crimen, pero no te penalizo por cometerlo. O sea, no te castigo.
Y hemos llegado a unas cosas terribles: la 055 del 2022 habla de que se puede abortar sin ninguna justificación, sin ninguna causal previa, hasta la semana 24, o sea hasta los seis meses: un niño que nace a las 21 semanas ya es perfectamente viable y estamos matando niños de 24 semanas. Es una salvajada lo que estamos haciendo: para matarlo, literalmente, hay que descuartizarlo y sacarlo en pedazos. Es terrible ese método.
Entonces, lo que estamos haciendo es, en el Congreso de la República, mediante el apoyo a la bancada provida, promover leyes que defiendan a la mujer y al bebé por nacer y evitar que surja la ley del aborto. La Corte ha ordenado que no lo puede hacer, porque hay independencia de poderes, pero ha presionado al Congreso para que haga esa ley. Y el Congreso ha dicho no 153 veces: “aquí no se puede abortar porque el artículo 11 de la Constitución, que la Corte Constitucional debería defender, dice que la vida humana es inviolable y que no habrá pena de muerte”.
No estamos hablando de personas, estamos hablando de vida humana, es inviolable. Y, sin embargo, la Corte hace una sentencia de más de 300 páginas para justificar lo injustificable, para decir que el artículo 11 dice una cosa que no dice. Entonces, tenemos que recuperar el espíritu y el sentido del artículo 11 de la Constitución y que la Corte cumpla con su función esencial, que es defender la Constitución y no crear nuevas constituciones, porque vamos a quedar en peligro. Si vamos a depender del criterio de nueve magistrados, el día de mañana si usted o yo le caigo mal a la Corte, pues pueden definir que somos sujetos de eliminación.

Usted decía ahora que las mujeres deben tener claro que un bebé es otra vida y que están ahí albergándola durante un tiempo. Sin embargo, uno escucha muchas mujeres que dicen que la maternidad les dañó su proyecto de vida. ¿Qué les dice?
Creo, en primer lugar, que hay que apoyarles para que su proyecto de vida salga adelante. Es lo que tenemos que hacer como sociedad, decirle: ‘tu proyecto de vida no se acabó, sencillamente se proyectó de manera diferente y te vamos a apoyar’. En segundo lugar, que piense que esa vida es un proyecto de vida. O sea, cuando uno ve a las abuelas que han sido brillantes, grandes personalidades en el país o en los negocios, y al final lo que más gozan son los hijos o los nietos, uno se da cuenta de que el proyecto de vida más valioso es el de poder proyectarse en una vida nueva.
Entonces, hay que evaluar mucho ese proyecto de vida alternativo que se te propone, que puede ser hasta más enriquecedor, más gratificante, que el desarrollo de una carrera que, puede funcionar bien o no, pero normalmente un hijo amará a su madre siempre. Puede haber casos extraños, pero lo cotidiano es que un hijo hace lo que sea por su madre, da la vida por su madre, como ella la ha dado por él. Es el acto de amor y solidaridad más fantástico que conozco en los seres humanos.
Por otro lado, voy a decirlo de una manera transparente: si no quiero cambiar mi proyecto de vida, pues tengo que hacer cosas que vayan con mi proyecto de vida. Si no quiero tener hijos, es facilísimo: no tenga relaciones sexuales, porque, entre otras cosas, el sexo sirve para transmitir vida. Entonces, si tengo esas relaciones, de entrada tengo que estar abierto a decir ‘aquí puede venir una parte que puede transformar mi proyecto de vida’. No digo ni para bien ni para mal, la puede transformar: ¿quiero eso o no lo quiero?
Hay quienes dicen que la Iglesia se ha equivocado al ‘condenar’ el aborto y no mostrarlo o enfrentarlo como un problema social…
Yo creo que lo que hace la iglesia es lo que haría una madre amorosa, que cuando ve que algo está mal, pues tiene que decirlo. Si un niño se está comiendo un insecticida, la mamá no puede decir: ‘felicitaciones, ojalá que te envenenes’. No, tiene que decir: ‘no tomes esa sustancia, porque te va a dañar’. La Iglesia tiene, como madre, la obligación de indicarnos aquello que nos destruye y de defender al más inocente.
¿Y por qué la iglesia levanta su voz con toda claridad frente a este tema? Porque los niños por nacer necesitan ser defendidos. Si pudieran caminar, gritar, póngale la firma que tendríamos 120.000 niños aquí en la Plazoleta de San Francisco defendiendo sus derechos. Pero como no pueden caminar ni gritar, necesitan alguien que los defienda. Y me quito el sombrero con la Iglesia que, a pesar de las críticas, trata de corregir el mal para todos, para que no se destruya solo a los niños, sino a todos como sociedad.
Y la Iglesia no se ha equivocado: toda la vida nos ha dicho que esto tiene unas consecuencias gravísimas, obviamente la muerte del bebé, el daño profundo en la mujer, de orden psicológico, físico, etc., pero también en la sociedad. Y nos ha dicho: si seguimos así, vamos a autodestruirnos. Y hoy está pasando, son palabras proféticas. En Colombia estamos desapareciendo. ¿Cómo es posible que tengamos menos nacimientos y más abortos? Es como un suicidio, pagando para extinguirnos.

A veces hay violencia contra quienes defienden la causa provida, pero también dicen que hay señalamientos agresivos de parte de quienes la abanderan…
Me parece interesantísima la pregunta, porque yo no he visto la primera clínica de abortos que tenga un programa de apoyo de largo aliento para las mujeres que han abortado. Yo conozco muchas iniciativas del movimiento Provida, específicamente de la Iglesia Católica, que se dedican años a acompañar, a ayudar a sanar el corazón y el cuerpo de mujeres que han pasado por este trauma tan difícil del aborto. En el movimiento Provida tratamos de no estigmatizar a nadie, sino de señalar la realidad y, sobre todo, de ayudar a la mujer, porque al final ella también es una víctima. Entonces, si nos hemos equivocado, pido perdón, pero mi intención no es estigmatizarlas, sino ayudarlas. Y, en segundo lugar, pido perdón porque a lo mejor a veces no somos suficientemente correctos en el uso de la palabra o se cometen equivocaciones.
En cuanto a mí, sí he tenido estigmatizaciones, me han dicho de todo, heteropatriarcal, homofóbico, antimujer, etcétera. Creo que tengo un par de tesis de maestría en donde se me critica de una manera muy, muy agria, pero eso es parte del caminar, todo esto significa que algo logramos hacer para ser dignos de atención. Y para esas personas lo único que tenemos es una palabra: ‘respeto tu posición, pero pongámonos de acuerdo en cómo, juntos, encontramos la mejor forma de que esto pare, de que no siga esta masacre’.
Puede ser que tengan mucha razón en lo que dicen, pero pongámonos juntos a ver qué hacemos para que le demos la oportunidad de nacer a estos chiquitos, que se merecen la posibilidad de compartir con nosotros este regalo maravilloso de la vida. Tiene que haber mejores formas para solucionar las crisis, las angustias, las dificultades, los proyectos de vida; tiene que haber formas diferentes a la muerte, a la destrucción, a la negación. Encontremos juntos la manera, no peleemos, busquemos soluciones: ese sería como mi mensaje final.
Olga Lucía Criollo es comunicadora social y magister en sociología de la Universidad del Valle, con más de 30 años de experiencia en el periodismo y 10 en docencia.
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