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Así es la Escuela Dulce: un viaje por la historia de los trapiches y la tradición panelera de Colombia

El Aula Dulce Manuelita, ubicada en el Agroparque Sabio Mutis, conserva una colección de 19 trapiches históricos y recibe cerca de 4.500 visitantes cada año. Es uno de los resultados de una alianza de más de 70 años entre Manuelita y El Minuto de Dios.

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El antiguo trapiche que dio origen al Aula Dulce Manuelita fue transformado en un espacio interactivo para conocer la historia de la caña de azúcar y la tradición panelera.
El antiguo trapiche que dio origen al Aula Dulce Manuelita fue transformado en un espacio interactivo para conocer la historia de la caña de azúcar y la tradición panelera. | Foto: Manuelita

7 de oct de 2026, 12:14 a. m.

Actualizado el 7 de oct de 2026, 12:14 a. m.

En Colombia, la historia de la caña de azúcar también se puede contar a través de los trapiches. Esos antiguos mecanismos, utilizados durante generaciones para transformar la caña, hacen parte de la memoria de los campos y de los conocimientos que han pasado de una generación a otra.

Una muestra de ese patrimonio se encuentra en el Aula Dulce Manuelita, un espacio ubicado en el Agroparque Sabio Mutis, entre los municipios de La Mesa y Tena, en Cundinamarca, donde una colección de 19 trapiches históricos permite conocer la evolución de la tradición panelera y de la agroindustria colombiana.

El lugar recibe cerca de 4.500 visitantes cada año, entre estudiantes, profesores, investigadores, familias y turistas.

El Aula Dulce nació a partir de la transformación de un antiguo trapiche, con el apoyo de Manuelita, en un espacio de aprendizaje e interacción alrededor de la caña de azúcar, los oficios del campo y la historia de una actividad que ha tenido un papel importante en el desarrollo económico y social del país.

Más que una colección de máquinas antiguas, el espacio busca acercar a las nuevas generaciones a una parte de la historia rural de Colombia.

Cerca de 4.500 personas visitan cada año el Aula Dulce Manuelita, entre estudiantes, docentes, investigadores, familias y turistas.
Cerca de 4.500 personas visitan cada año el Aula Dulce Manuelita, entre estudiantes, docentes, investigadores, familias y turistas. | Foto: Manuelita - especial para El País

19 trapiches para contar una historia

La colección reúne 19 trapiches provenientes de distintas regiones del país. Cada uno representa una forma de entender cómo las comunidades rurales aprovecharon durante décadas la caña de azúcar y desarrollaron técnicas para procesarla.

El recorrido permite observar la transformación de estas herramientas y comprender el conocimiento que existe detrás de un oficio tradicional que, en muchas regiones, ha sido transmitido de padres a hijos.

De esta manera, el Aula Dulce Manuelita conecta la historia de la agroindustria con la memoria de las comunidades que han trabajado la tierra.

También plantea una pregunta sobre el futuro: cómo conservar esos conocimientos y hacer que sigan siendo conocidos por quienes ya no tienen contacto directo con las labores tradicionales del campo.

El espacio hace parte del Agroparque Sabio Mutis, un escenario de UNIMINUTO dedicado a la educación, la investigación y la apropiación social del patrimonio natural, cultural e histórico.

El padre Diego Jaramillo Cuartas, presidente de El Minuto de Dios,  Diego Salazar, gerente de Recursos Humanos y Sostenibilidad de Manuelita, además de Mónica Rengifo, Directora de Comunicaciones, durante la visita al Aula Dulce.
El padre Diego Jaramillo Cuartas, presidente de El Minuto de Dios, Diego Salazar, gerente de Recursos Humanos y Sostenibilidad de Manuelita, además de Mónica Rengifo, Directora de Comunicaciones, durante la visita al Aula Dulce. | Foto: Manuelita

Fundado en 2005, el Agroparque se encuentra en la provincia del Tequendama y reúne espacios destinados al aprendizaje sobre el patrimonio y la biodiversidad de la región.

Una alianza de más de siete décadas

El Aula Dulce es, además, una expresión de una relación que lleva más de 70 años: la que han construido Manuelita y la Organización El Minuto de Dios alrededor de iniciativas de educación, desarrollo comunitario y generación de oportunidades.

Actualmente, esta alianza beneficia de manera directa a más de 1.000 personas en Valle del Cauca, Cundinamarca, Meta y Casanare.

Durante una visita al Aula Dulce Manuelita, el padre Diego Jaramillo Cuartas, presidente de la Organización El Minuto de Dios, destacó la importancia de mantener alianzas de largo plazo orientadas al servicio de las comunidades.

“Setenta años pueden parecer mucho tiempo, pero cuando existe un propósito superior compartido, las décadas pasan y la misión permanece”, afirmó.

Para Diego Salazar, gerente de Recursos Humanos y Sostenibilidad de Manuelita, el Aula Dulce representa precisamente esa posibilidad de convertir una alianza en un espacio que permanezca en el tiempo.

“Nuestra historia con El Minuto de Dios demuestra que las alianzas construidas sobre la confianza generan valor para las personas y las comunidades”, señaló.

El antiguo trapiche que dio origen al Aula Dulce Manuelita fue transformado en un espacio interactivo para conocer la historia de la caña de azúcar y la tradición panelera.
El antiguo trapiche que dio origen al Aula Dulce Manuelita fue transformado en un espacio interactivo para conocer la historia de la caña de azúcar y la tradición panelera. | Foto: El País

Preservar la memoria del campo colombiano

La importancia del Aula Dulce Manuelita está también en que permite mirar la historia del campo desde objetos concretos.

Los trapiches no son únicamente piezas de una colección. Son testimonios de una actividad productiva, de unos conocimientos técnicos y de unas formas de vida asociadas a las comunidades rurales colombianas.

Por eso, el espacio busca que estudiantes y visitantes puedan acercarse a esa historia de una manera diferente: viendo las herramientas que hicieron posible la transformación de la caña y entendiendo el conocimiento que existe detrás de ellas.

En ese sentido, los cerca de 4.500 visitantes que recibe cada año convierten al Aula Dulce en un punto de encuentro entre patrimonio, educación y memoria.

La apuesta de Manuelita y El Minuto de Dios, después de más de siete décadas de trabajo conjunto, continúa así alrededor de una idea que trasciende la preservación de un objeto: que el conocimiento del campo colombiano no se pierda y pueda ser contado a las nuevas generaciones.

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