Opinión: ¡Cómo me duele Cali por la indisciplina en la pandemia!

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Opinión: ¡Cómo me duele Cali por la indisciplina en la pandemia!

Junio 19, 2020 - 05:09 p. m. Por:
Valeria Esteban | Cortesía para El País 

Este lunes fue convocada la final de un torneo de fútbol en una cancha del barrio Las Orquídeas, a la que asistieron centenares de personas.

Foto: Cortesía para El País

A pesar de llevar más de 25 años viviendo en Bogotá, ciudad de todos, de las oportunidades, a la cual quiero con el alma y le estoy agradecida de todo lo que me ha dado; aún extraño a mi bella Cali, no la que se dejó permear por el narcotráfico y el dinero fácil, no la que discrimina si eres de raza blanca o negra, no la que te mira por encima del hombro si vives en el norte, en el sur o en sectores como el Distrito de Aguablanca, sino aquella que parecía ser la "Sucursal del Cielo", para mí, perfección de Dios en la tierra, la que era ejemplo para Colombia y el mundo, que era considerada la ciudad cívica por excelencia y de la cual nos sentíamos tan orgullosos.

Claro, eso seguramente era en los años 70 y algunos dirán "pero el mundo evolucionó" y debemos progresar para bien, no involucionar y seguramente factores externos como la migración constante y convertirse en la capital del Pacífico, han presionado a Cali a priorizar en otros temas, pero también ha contribuido a desvirtuar varias premisas que antes eran prelación como la solidaridad, el respeto, la seguridad, el buen ejemplo, entre otras. ¿Y por qué hablo con nostalgia de la cuidad cívica? Sencillo, porque al ver lo que está sucediendo en estos momentos de pandemia, deja mucho que desear: ¿Es posible que se descubran fiestas de carácter sexual convocadas por redes sociales, además con el agravante de algunos participantes presuntamente infectados? ¿Es permisible que encuentren un partido de fútbol con más de 400 asistentes, como si fueran las grandes ligas, algunos sin tapabocas, sin guardar las distancias, aún sabiendo que los eventos masivos están prohibidos? ¿Es posible que la ley seca termine siendo bien alicorada con peleas de barrio incluidas? ¿Y aún con cuarentena y las muchas restricciones, encuentran más de 250 fiestas y reuniones; como quien dice: “no andaba muerto, estaba de parranda” así les tendremos que cantar?

Aquí no se trata de decir “no estoy de acuerdo con las medidas tomadas por el alcalde Jorge Iván Ospina” y simplemente desobedecer, porque aunque personalmente no me identifico con su corriente política, estoy convencida que merece respeto como autoridad y está tratando de hacer las cosas bien por el bienestar de la ciudadanía, pensado en los intereses generales, que están siempre por encima de los particulares, él no merece quedarse solo enfrentando los sinsabores que deja el covid-19 y todo lo peor que pueda venir como las UCI - Unidad de Cuidados Intensivos - en los hospitales sin capacidad y colapsadas, cuando como en otros países sea inmanejable la rapidez del contagio. ¿Qué tal si en lugar de andar paseando por las calles o en reuniones sin necesidad, usted se encuentre en la puerta de un hospital esperando poder ingresar y no morirse en el intento?

Como me duele mi ciudad actual, la que únicamente piensa en el hoy y no guarda para mañana, la que no se solidariza con los demás, en la que prolifera la desobediencia a la norma. Entonces si a usted no le importa, porque se cree inmune ante la pandemia, o porque como dicen muchos: “no conozco a nadie ni con covid-19, ni que haya muerto por este coronavirus” déjeme decirle que es real, que ya casi los conoce, porque están más cerca de lo que usted cree. Son varios los testimonios de gente sufriendo y pidiendo cadenas de oración, por familiares, amigos y conocidos que la están pasando mal y a punto de morir. Porque cuando ya "el hombre" llámense médicos, enfermeros, cuerpo de salud en general no pueden hacer nada, sólo queda mirar al cielo y orar.

Pongámonos la camiseta nuevamente, la de la solidaridad, la de volver a hacer de Cali, esa ciudad que vale la pena seguir, ese ejemplo de buenas prácticas, ese pedazo de cielo en la tierra que tenemos que cuidar como la joya de la cual hablaban con orgullo nuestros padres en los años 70, pensemos en los demás, en las generaciones que vienen pisándonos los talones a los que hay que darles buen ejemplo, no terminemos como dice el refrán “tenemos la suerte que nos merecemos” Ánimo mi Cali, consciencia y obediencia, que la rumba puede esperar.

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