“La paz no se hace mediante la firma de un contrato”: padre Dagoberto Cárdenas

“La paz no se hace mediante la firma de un contrato”: padre Dagoberto Cárdenas

Septiembre 21, 2014 - 12:00 a.m. Por:
Olga Lucía Criollo, Reportera de El País
“La paz no se hace mediante  la firma de un contrato”: padre Dagoberto Cárdenas

Dagoberto Cárdenas, párroco de la iglesia Santa Cecilia, en el suroriente de Cali.

El padre Dagoberto Cárdenas dice que los diálogos en La Habana han motivado la reflexión sobre el perdón y la reconciliación.

“Los colombianos tenemos que darnos cuenta de que la paz no se hace mediante la firma de un contrato o con el cese de hostilidades, sino desde la conciencia de que yo soy ese camino de paz y que, por lo tanto, debo dar perdón y caminar hacia la reconciliación”.Así habla Dagoberto Cárdenas, párroco de la iglesia Santa Cecilia, en el suroriente de Cali, quien con tan solo cuatro años de ordenación sacerdotal fue escogido como coordinador de Expocatólica, evento que reunirá a más de 400 presbíteros de todo el país en la capital del Valle.El padre ‘Dago’, como lo llaman los jóvenes que acuden copiosamente a sus misas, está convencido de que su Cali natal tiene que perdonarse por quedarse estancada añorando un civismo que ya no es y por el narcotráfico que tanto daño le causó. Cree que los políticos tienen que pedir perdón por haber malversado los recursos económicos de la ciudad y reconoce que la Iglesia también podría hacer más en una sociedad que necesita que “se hagan obras para el bien, que confronten a aquellos que están haciendo el mal”.De la importancia de avanzar hacia la reconciliación, tema del congreso que esta semana reunirá a expertos nacionales e internacionales, también habló con El País.¿Qué diferencia hay entre perdón y reconciliación?Hay una diferencia grande, porque hay personas que pueden vivir reconciliadas, sin perdonarse y hay otras que perdonan pero que no logran reconciliarse. El perdón es un proceso que nace del interior de la persona, si lo vemos desde el punto de vista religioso, que surge como una iniciativa de Dios, para que ejerzamos la misma misericordia que Él ha tenido con nosotros, pero si lo vemos desde otro punto de vista, el perdón viene a ser un espacio de sanación interior por medio del cual yo me libero de la ofensa que la otra persona me ha realizado.¿Y la reconciliación?Ya la reconciliación implica una serie de pactos que se puedan llegar a dar entre las partes para vivir de una manera tranquila. En ese sentido, puede que yo llegue a perdonar a alguien, pero que nunca llegue al momento de la reconciliación porque quizá la otra persona sigue siendo agresora, entonces no va a haber nunca una reconciliación, hasta que la otra parte deje la ofensa. A lo que se debe llegar, entonces, es al perdón y a la reconciliación.¿Cómo explicarles a los ciudadanos lo que pasa en La Habana en términos de reconciliación y perdón?Creo que en La Habana se está buscando una reconciliación, que necesita que exista el perdón de las partes, sí, pero lo que quieren es terminar un conflicto, que haya paz para que pueda haber una convivencia, pero el perdón vendrá como un espacio de sanación posterior, que no será cuando a las víctimas se les dé dinero, ni se les restituyan unas tierras ni a decir las coordenadas de dónde está el cuerpo de sus seres queridos, sino cuando, pasado el conflicto, sea necesario decir, tengo que avanzar, porque el odio, el rencor, la falta de perdón me esclavizan, me atan y me hacen permanecer en un pasado que ya no existe.Pero no es la única reconciliación que necesita el país...Sí. La reconciliación también pide la reparación. En el sacramento de la confesión o de la reconciliación, como también se llama, se pide no solamente examinar la conciencia para ver lo malo o sentir dolor de haber ofendido a un Dios que ha sido tan bueno y al otro que es mi hermano, sino que también se exige el propósito de enmienda, que es el cambio pleno y, después viene lo que es la satisfacción de obra o penitencia, que incluye la reparación de la ofensa. En el caso de nuestro país, la ofensa ha sido grave a nivel económico, social, educativo, de salud, y por lo tanto debe haber todo un proceso de reparación.¿Campañas como ‘Soy capaz’ evidencian que los diálogos de Cuba han logrado poner al país a reflexionar sobre perdón y reconciliación?Sí, yo creo que al poner a toda la sociedad a hablar de paz, así sea como un ideal, también nosotros vamos hablando de procesos de perdón, de reconciliación y eso hace que todos miren hacia La Habana, pero se pregunten luego cómo estoy yo en ese proceso de paz, cómo me incluye. Qué bonito que durante la Semana por la Paz, que tenía como lema ‘Por la paz, de qué soy capaz’, empresas, artistas y deportistas se unieron en esa realidad del ‘Soy capaz’ y creo que eso comienza a calar para darnos cuenta de que la paz no se hace mediante la firma de un contrato, un papel, o con el cese de hostilidades, sino desde la conciencia de que yo soy ese camino de paz y que, por lo tanto, yo debo dar perdón y caminar hacia la reconciliación y estar implicado en esos procesos de paz. Hay quienes dicen que Cali está viviendo un retorno a la espiritualidad, ¿está de acuerdo?Cali ha pasado un año plagado por el crimen, por los asesinatos, donde nuestro Arzobispo incluso ha hablado acerca de la necesidad del desarme ciudadano y de que Cali se ha posicionado, de mala manera, en un primer lugar en asesinatos y creo que eso lleva a que nosotros también tomemos conciencia de que si ese no es el camino, tenemos que proponer otro y no esperar a que los amigos del mal dejen de obrar. En esa conciencia, la Iglesia, con el Rosario al Sitio y ser ahora la ‘Capital del perdón’ busca posicionar un espacio en el cual también sea necesaria esa reconciliación para empezar a hacer obras en favor del bien, que confronten a aquellos que están haciendo el mal.¿De qué necesita perdonarse Cali?Primero, de haberse quedado estancada añorando un pasado grande, que fue el del civismo, fue algo que quedó atrás y que simplemente se necesita reavivarlo. También necesita perdonarse de una época de narcotráfico que hizo muchísimo daño. De políticos que le hicieron daño y de aquellos que no han sentido la ciudad como propia porque, como se sabe, Cali es pluricultural, porque han llegado personas de distintas regiones de Colombia, así que se necesita que todos perdonen esa realidad del pasado y acepten que ahora están en una ciudad que los invita a apropiarse de ella.Usted es párroco en un barrio deprimido de Cali, ¿cómo ve la actitud de sus habitantes hacia el perdón?Ciudad Córdoba es un sector que ha ido surgiendo en medio de viviendas de interés social y lotes construidos con mucho esfuerzo. Lamentablemente, la misma sociedad que vendió un estilo de vida de narcotráfico, de consumo, dañó la mente de muchos jóvenes que continuaron en situaciones de pandillas. Dentro de la comunidad parroquial hay pandillas, hay crímenes, hay conflictos, pero creo que todo surge desde la familia, porque, por ejemplo, cuando se da una separación hay una falta de perdón y eso se transmite a los jóvenes.¿La Iglesia también tiene que pedir perdón?La Iglesia no ha sido ajena al conflicto armado, siempre ha estado contra todas las situaciones de violencia, asesinatos, secuestros, pero también, quizás, en la posibilidad de poder hacer mucho más, siempre habrá un espacio de culpabilidad. Es decir, la falta de formación de la conciencia moral, que era lo que decía monseñor Isaías Duarte Cancino, termina haciendo mucho más daño que el narcotráfico. La Iglesia está encaminada a esa formación, pero no deja de haber situaciones particulares que no permiten que esa conciencia moral llegue a ser como debería ser plenamente.

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