La increíble historia del árbol que nació en la punta de un poste de Cali

La increíble historia del árbol que nació en la punta de un poste de Cali

Diciembre 13, 2018 - 12:04 a.m. Por:
Jorge Enrique Rojas / reportero de El País 
Árbol que nació en un poste

El jefe del departamento de Ciencias Biológicas del Icesi, Carlos Valderarrama, calcula que el Ficus tardó unos diez años para crecer y alcanzar la dimensión de la foto. Los especialistas del Dagma dicen que aunque tenía el tallo adherido al poste, no iba a poder aguantar firme una temporada de sequía o un vendaval.

Raúl Palacios / El País

Al principio fue una historia de inusual belleza. La semana pasada el reportero del periódico Q’hubo, Giovanny Gutiérrez, recibió la llamada de un hombre que le dio las coordenadas del poste más lindo del mundo, uno que dio a luz un árbol: sobre el tope de la estructura, a unos veinte centímetros de la lámpara y los cables eléctricos, la naturaleza llevaba años ramificando su obstinación en un acto de supervivencia que creció contra las leyes del equilibrio y, si se quiere, de la ciudad. Estaba en la esquina de la Calle 25 con Carrera Quinta del Barrio Porvenir. A la vista de todos y de nadie.

De hecho Héctor Jaime Betancourt, el hombre que telefoneó el milagro, le contó al periodista que su descubrimiento fue prácticamente accidental, porque ocurrió una vez que se pinchó justo en ese cruce y levantó la mirada al cielo: “Quedé impactado cuando lo vi, me acerqué para detallarlo y me percaté que era un árbol de caucho. Es increíble…”, dijo.

Y lo era. Aunque por su tamaño, más bien un arbusto. Desde la cima del poste metálico y arriba de todos y de todo, había estirado el tallo un par de metros hasta elevar su follaje casi al mismo nivel del edificio de apartamentos con cuatro pisos, sembrado en la misma intersección. Salvaje e indefenso. Inofensivo y amenazante, la paradoja de su existencia mereció un cubrimiento a doble página en Q’hubo, que incluyó cuatro fotos, la contraportada y un título de certera poesía: ‘El árbol que nació en el cielo’.

Lea también: Recuperación total del jarillón del río Cauca tomará seis meses más

Los motivos por los que hasta entonces hubiera pasado desapercibido, son simples viéndolo bien desde el lugar de los hechos: junto a la base del poste creció otro árbol de la misma especie, de modo que al levantar la vista desde aquella perspectiva, cualquiera podría haber entendido las ramas superiores como brazos del mismo palo.

Y próximos a la fertilidad del poste crecieron dos árboles más; por lo que a velocidad de moto o de automóvil, todo se vé como el mismo panorama uniforme a orillas de un borde sobre el que regularmente nadie se detiene, a no ser que sea por un pinchazo. Y visto desde la Calle 25, más o menos igual: mucho trancón, mucho pito, mucho humo, mucho agite cruzando la vía todo el tiempo como para que alcanzaran a tener lugar las contemplaciones del paisaje.

En el rigor de su oficio, el periodista Giovanny Gutiérrez envió la fotografía del hallazgo al Departamento Administrativo de Gestión Ambiental, Dagma, que a través de su coordinador de Arborización, Samir Castillo, admitió desconocer el caso. Pero le dijo que de ser un Caucho, tal vez se estiró allí por una de esas terquedades que aun subsisten a nuestra especie: “Debe ser que dentro del poste quedó algo de tierra, y alguna semilla cayó en el lugar por un ave y se desarrolló”. Al cierre de la nota, los especialistas anunciaron una inspección técnica teniendo en cuenta que la prioridad era proteger la integridad del ciudadano. Dos días después, el árbol que nació en el cielo, descendió de las alturas talado por técnicos del Dagma.

***
Cortada en dos desde entonces, la historia empezó escribirse en un tono compuesto por las voces de algunos habitantes del edificio que lamentaron la partida del vecino del poste. José Zúñiga, de 32 años e inquilino del 301, insinúa que todo cambió de un hachazo: al amanecer, solía escuchar los pajaritos que a esa hora anidaban allí. Y en las tardes ya nada impide que el sol meta sus dedos insolentes por la ventana. Abajo, en un edificio contiguo, a Fabiola Bejarano, de 56 años y 19 en la propiedad, el otro jueves miraba con asombro el nuevo cielo que ahora hay afuera: “¿¡Pero si nunca nadie se había quejado del arbolito?!” En esta historia no faltó quien le echara la culpa de todo al ojo periodístico de Giovanny.

Pero el líder de gestión de Flora del Dagma, el área que se encarga de velar por la arborización, adopción de zonas verdes y el cuidado de los jardines de Cali, es tajante en el diagnóstico: no había alternativa. Al hacer la verificación del árbol de la foto –dice el ingeniero Miguel Fernando Vásquez- comprobaron que nunca iba a tener la base necesaria para seguir creciendo, de manera que entre más se estirara más chances tendría de caer. La explicación sugiere una prevención para el futuro. O de lo contrario, la próxima vez que de sus ramas se hubiera desprendido un titular de prensa, habría podido tener acento trágico: ‘Árbol del cielo se desplomó sobre un carro. Y fue el infierno’. O tal vez: ‘Hombre caminaba por el Porvenir y encontró su fin. Árbol del cielo lo sepultó’.

El ingeniero además aclara que no era un Caucho sino un Ficus de la variedad ‘dendrosida’, un invasor que entró al hábitat local desde hace varias generaciones: “Es muy quebradizo. Puede darse en cualquier parte, por lo que también puede partirse muy fácil, entonces dependiendo de donde crezca se vuelve un riesgo”. El ingeniero Vásquez ha visto tantos ejemplos de ese ‘intruso’ agarrándose de la ciudad, que ya habla inmune a la poesía de brotes saliendo de grietas de andenes y puentes, como se ha encontrado –y cortado- decenas, o tal vez cientos de ocasiones.

Las calles están inundadas de Ficus, especie propia de bosques húmedos que en consecuencia extiende sus raíces por donde sea buscando de beber: canales, andenes, tuberías, drenajes y, por lo visto, la extensión completa de una luminaria. De arriba hasta abajo. “Por eso el traslado era imposible. Tendríamos que haber rajado el tubo”, calcula el ingeniero.

En Cali hay unos 300 mil árboles. Y de ellos, 13 mil son Ficus. El que había nacido en el poste hace por lo menos diez años, fue dejado en un centro de disposición de material vegetal, desde donde posiblemente será enviado a nutrir el erosionado eco-cerro de La Bandera.

Así que dependiendo de cómo se mire, la historia aún podría seguir conservando la textura del principio. Porque además, a la hora de intentar la tala swl árbol, las raíces metidas entre la cavidad metálica impidieron su corte de tajo, por lo que un muñón de madera quedó sobresaliendo del poste. Lo que significa, dice al revisar la imagen Carlos Valderrama, jefe del departamento de Ciencias Biológicas de la Universidad Icesi, que el Ficus puede retoñar. “Son muy persistentes”, lo jura.

Árbol que nació en un poste

¿Se abrirá un día entonces ese muñón, en una mano de nuevas ramas? De llegar a leerse así, esta podrá ser también la historia del árbol de la vida. La vida que se deja mutilar sus milagros, para dejarnos ver que todo en sí mismo es un milagro. La vida en esta ciudad que todos los días se sobrepone a la muerte. Ciudad ciega. Pero con postes que dan a luz.

Conecta con la verdad. Suscríbete a elpais.com.co
VER COMENTARIOS
CONTINÚA LEYENDO
Publicidad