La Casita de Belén, la institución que cuida a los niños abandonados de Cali

La Casita de Belén, la institución que cuida a los niños abandonados de Cali

Septiembre 13, 2014 - 12:00 a.m. Por:
Aura Lucía Mera y Beatriz López | Especial para El País
La Casita de Belén, la institución que cuida a los niños abandonados de Cali

Obra social. En sus 61 años de funcionamiento, más de 200.000 niños abandonados han pasado por la Casita de Belén. Hoy cuenta con programa de internado y externado para niños entre cero y 12 años. Brindan educación y nutrición, entre otros.

Fundada en 1953 por doña Luz Mejía de Obeso, sostiene y educa a 300 niños abandonados. Obra social de grandes proporciones.

Corrían los años 50, Cali apenas llegaba a los 500 mil habitantes. Una ciudad tranquila y provinciana, donde las familias tradicionales residían en sus casas amplias y soleadas de los barrios Granada, Centenario, Versalles, Peñón, San Fernando, el centro y un pequeño sector del Oeste.Pero la violencia atrajo corrientes migratorias del Viejo Caldas, Tolima, norte del Valle y Cauca. Los desplazados invadieron zonas de ladera como Siloé y Terrón Colorado y fueron poblando El Guabal, Salomia e Independencia, entre otros. Y aunque las zonas marginales se iban expandiendo hacia el oriente de la ciudad, la situación aún era manejable. La Iglesia Católica creó los centros parroquiales, y muchas señoras hacían labor social en los voluntariados. Y fue a ese Cali bucólico, de misas de 12 en la Catedral, San Judas y Berchmans, de vespertinas bailables del Club San Fernando y cabalgatas dominicales a El Saladito, donde aterrizó Antonio Obeso de Mendiola, nacido en París, de padre español y madre costarricense.En unas fiestas de diciembre, Antonio conoce a Luz Mejía, reina de belleza, de la más pura raigambre antioqueña. Se enamoran se casan y se radican en la ciudad, que los adoptó de inmediato. Su simpatía y don de gentes, conquista a los caleños raizales que empezaban a forjar una ciudad pujante empresarial y cultural. La Casita de BelénPero, ¿qué es La Casita de Belén? ¿Cuál es el significado en la historia de Cali en los últimos sesenta y tres años? Todo comenzó el día en que una mujer en Buenaventura, que estaba embarazada, se quemó con un recipiente de agua hirviendo. No podía ir al hospital y tenía que dejar solos a sus otros dos hijos. Luz Mejía de Obeso y una monja asuncionista empezaron a buscar dónde dejarlos. La madre murió en el Hospital. Luz capta entonces que hay otra ciudad que palpita y sobrevive en la pobreza y el abandono.Impactada por esa tragedia, en 1953, la comunidad de las Hermanas Asuncionistas, Luz Mejía y un grupo de personas de la sociedad caleña emprenden la obra que habrá de albergar niños abandonados, enfermos y rechazados. El lote de 3600 metros cuadrados, situado en la Carrera 4 con Calle 36A, fue donado por el Municipio de Cali, cuando era Alcalde Carlos Garcés Córdoba y secretario de Salud, Henry Simmonds. Gustavo Balcázar Monzón y Marino Rengifo Salcedo, redactan los estatutos. Los planos y la dirección de la obra fueron donados por los arquitectos Eugenio Ortega e Iván Escobar Melguizo, con aportes iniciales de ingenios azucareros, haciendas paneleras y empresas vallecaucanas.Su primera junta directiva la integraron Hillda Lourido de Caicedo, Alvaro H. Caicedo, Silvia de Henao, Bernardo Rengifo y Antonio Obeso y Luz. La Tesorera, Margarita Losada Becerra, trabajó desde su fundación hasta el año 2012. La Casita de Belén es una entidad privada, sin ánimo de lucro, y reconocida jurídicamente el 5 de abril de 1955.El objetivo de la Casita de Belén es la protección integral a bebés abandonados por sus madres en los hospitales de la ciudad, algunos son hijos de madres adolescentes, que son remitidos a la Institución. Algunos de estos niños son entregados en adopción a familias colombianas o extranjeras. Han pasado por allí más de 200.000 niños, unos han llegado a ser destacados profesionales.300 niños atendidos.La Casita de Belén era financiada con recursos propios. Posteriormente se vinculó al Instituto Colombiano de Bienestar Familiar, Icbf, del cual recibe aportes económicos y es supervisada por ellos. Recibe además donaciones de personas naturales, fundaciones y empresas privadas.Su área construida consta de salas cuna, salones para clases, lavanderías, servicios sanitarios, zonas de juegos, cocina, área administrativa, salón de sistemas, biblioteca y capilla. Su programa incluye el internado con 70 niños de 0 a 5 años a quienes se presta protección integral, y los cuales son remitidos por el Icbf. El Externado, con 96 niños de 5 a 12 años. Estos dos grupos tienen el servicio de restaurante escolar, reforzamiento académico, manualidades, actividades culturales y recreativas, y talleres de padres. El Centro Docente para educación primaria atiende hoy a 130 niños. Para la atención de los cerca de 300 niños, la institución cuenta con 50 colaboradores. Un equipo de profesionales: trabajadores sociales, sicólogos, nutricionistas, médico, fonoaudióloga, enfermeras y docentes. Casita de Belén es Certificada en Calidad ISO 9001. Antonio Obeso y Luz Mejía no tuvieron hijos, pero estaban llamados a ser los padres de miles de niños que sin ellos no hubieran tenido ninguna oportunidad. Recorriendo las salas-cuna, los dormitorios, las aulas de clase, el salón de música, el patio de juegos, el garaje con los 70 triciclos y los cochecitos de bebé, las oficinas donde trabajan sin descanso los profesionales, bajo la dirección y supervisión de Gloria Libreros de Sardi, quien lleva más de 14 años entregando amor, ternura y dedicación a estos pequeños que oscilan entre los recién nacidos hasta los l2 años.Todo funciona como un relojito. Murales de colores en las paredes, la limpieza, el orden, el estricto control de los alimentos, los cronogramas de actividades, el acompañamiento a las familias, los controles médicos rigurosos, hacen de la Casita de Belén una institución modelo en cualquier parte del mundo.In MemoriamEntrar a La Casita de Belén es una experiencia de vida, de amor, de colores y alegría. Su enorme patio central está enmarcado por cuatro arboles gigantes de mango, sembrados hace más de cincuenta años. Hace una semana, al atardecer, mientras el sol se filtraba por las hojas mecidas por el viento como siguiendo los compases de una melodía etérea, los niños y niñas mayorcitos hacían su entrada, portando una cajita de madera adornada por rosas rojas. Otros con velas siguiendo la procesión y cantando. El padre Rogelio Valencia encabezaba el cortejo. Luz Mejía de Obeso recibía el homenaje póstumo. Dos días antes había muerto, a la edad de 97 años. Al pie del altar, rodeada de rosas, está la urna con sus cenizas. Al fondo, su foto sonriente iluminaba la ceremonia. Estaba más presente que nunca.

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