Cali

El terremoto no terminó: la ‘réplica’ dolorosa que viven familias de Cali con las demoliciones

En el Moulin Rouge y la Unidad Residencial Guadalupe avanzan la destrucción de las estructuras averiadas por el sismo. En otros edificios, las familias esperan saber si podrán regresar a sus viviendas o no.

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Demoliciones de los edificios Guadalupe y Molino Rojo en el sur de Cali.
Luis Álvarez observa la demolición del Moulin Rouge, edificio reconocido en el sur de Cali. | Foto: Bernardo Peña/El País

27 de sept de 2026, 03:49 p. m.

Actualizado el 27 de sept de 2026, 03:49 p. m.

“Damos gracias porque tomaron la iniciativa de empezar”, afirmó Luis Álvarez mientras miraba hacia lo que durante casi 20 años fue uno de los puntos más reconocidos de su barrio: el apartahotel Moulin Rouge.

Luis vive en el Olímpico desde 1971, cuando fue inaugurado debido a los Juegos Panamericanos, y desde ese momento ha visto transformar el paisaje de la zona en diferentes ocasiones. Sin embargo, le dijo a El País que ningún cambio se parece al que inició el pasado 10 de agosto, cuando el terremoto sacudió a Cali y dejó gran parte del Moulin Rouge convertida en una montaña de escombros que poco a poco está desapareciendo con la ayuda de maquinaria amarilla.

Según el hombre, este motel llevaba cerca de 18 años en funcionamiento. Primero se construyó una parte del edificio, la que sobrevivió, y luego los propietarios compraron un vivero que estaba ubicado en la otra esquina para ampliar la construcción.

El Moulin Rouge fue uno de los 17 edificios priorizados por la Alcaldía de Cali para demolición, debido a las graves afectaciones en su infraestructura y al peligro que supone mantenerlos en pie.

Pero para quienes viven alrededor, no se trató solo de ver caer un edificio, sino que desapareció una referencia del barrio, ya que este lugar estaba frente al Coliseo de Hockey y las Canchas Panamericanas, cerca de uno de los puentes de la Autopista Suroriental, por la que durante años circularon vecinos, deportistas, visitantes y trabajadores.

Servía así para ubicarse en esa zona de Cali. Sin embargo, ahora, donde quedaba el Moulin Rouge, solo hay maquinaria pesada, polvo y escombros.

Recorrido Edificios Demolidos Molino Rojo.
Los trabajos de demolición del Moulin Rouge generan una nueva escena en el sector: maquinaria pesada, polvo y escombros ocupan el lugar donde durante años estuvo una construcción reconocida por los vecinos y ubicada frente al Coliseo de Hockey y las canchas panamericanas. | Foto: Aymer Andrés Álvarez

Según Luis, desde el mismo 10 de agosto algunas personas llegaron a sacar materiales y elementos de la estructura y, a pesar de que caleños de buen corazón se unieron para rescatar a los afectados, muchos otros cometieron robos en algunas de las viviendas aledañas.

Por eso, aunque la demolición también significa ruido, polvaredas y modificación del paisaje, el vecino afirmó que era una medida necesaria, ya que la estructura era un peligro para quienes transitaban por la zona.

Ahora la escena es distinta: una máquina amarilla trabaja sobre lo que quedaba del Moulin Rouge, mientras que los moradores del sector, con tapabocas, se paran en las aceras para observar cómo desaparece una construcción que durante años los acompañó.

Desde la Alcaldía de Cali se explicó que no todos los edificios averiados necesariamente serán demolidos, ya que existen evaluaciones técnicas que permiten tomar una decisión según el grado de afectación.

Ricardo Peñuela, secretario de Gestión del Riesgo del Distrito, afirmó que los equipos técnicos determinan cuándo una edificación es insegura y qué nivel de afectación hace que sea inviable recuperarla.

En los casos señalados por la Administración local, se habló de estructuras con más de 70 % de afectaciones y la decisión, además, pasó por un comité de expertos y luego por el Consejo Distrital de Gestión del Riesgo.

“La demolición es el último recurso”, explicó Peñuela al referirse al proceso; por eso, antes de que la máquina entre a los edificios, se realizan evaluaciones y se establecen los protocolos de seguridad.

Además, explicó que hubo edificaciones que inicialmente estuvieron previstas dentro de los análisis, pero que finalmente se determinó que no necesitan ser demolidas debido a que no cumplen con los conceptos técnicos para ello.

“No es a ojo. Hay unos profesionales, unos técnicos, unos jurídicos, que están detrás de cada una de esas demoliciones”, explicó el funcionario al referirse al proceso de evaluación y aprobación de la demolición.

Recorrido Edificios Demolidos Molino Rojo.
La maquinaria amarilla avanza sobre lo que queda del Apartahotel Moulin Rouge, una estructura que durante cerca de dos décadas hizo parte del paisaje del barrio Olímpico y que, tras el terremoto del 10 de agosto, fue incluida entre las edificaciones que serán demolidas. | Foto: Aymer Andrés Álvarez

Peñuela señaló que el proceso no culmina cuando cae la última pared, sino que se deben retirar los residuos y dejar los terrenos en condiciones para procesos posteriores de recuperación y reconstrucción.

De acuerdo con el balance de esa dependencia de la Alcaldía, más de 145.000 toneladas de escombros ya se han cargado y trasladado para su procesamiento y reutilización.

En el caso del Moulin Rouge y de la Unidad Residencial Guadalupe, Peñuela estimó que la demolición puede tardar alrededor de cuatro semanas, dependiendo de las características de cada edificio y el método que se use. En estas dos intervenciones se calcula un costo aproximado de $ 4000 millones.

El día en el que el tiempo se detuvo

A unas cuadras del motel, en la Unidad Residencial Guadalupe, ubicada en la Calle 3 con Carrera 56, en Cuarto de Legua, las máquinas amarillas también estaban trabajando sobre algunos bloques de apartamentos, pero mientras el concreto caía, aparecían pedazos de la vida cotidiana que quedaron atrapados.

En uno de los pisos se podía ver una cocina integral blanca con todos sus cajones, mientras que en otro espacio permanecían el lavadero y los traperos todavía de pie, como si alguien los hubiese dejado allí después de hacer el aseo y fuera a regresar por ellos.

No eran objetos extraordinarios, pero se trataba de las cosas que hacen reconocible una casa.

Demoliciones de los edificios Guadalupe y Molino Rojo en el sur de Cali.
La maquinaria amarilla avanza sobre lo que queda de la Unidad Residencial Guadalupe, ubicada en el barrio Cuarto de Legua. Tras el terremoto del 10 de agosto, fue incluida entre las edificaciones que serán demolidas. | Foto: Bernardo Peña/El País

Entre los pisos superiores que todavía no habían sido intervenidos, se alcanzaban a distinguir, entre las ventanas, algunos muebles y objetos personales, pues para muchas familias afectadas por el terremoto el tiempo se detuvo a las 7:34 de la mañana del 10 de agosto, pero los relojes continuaron avanzando y la ciudad funcionando, mientras sus casas quedaron atrás.

En silencio, los vecinos se acercaban a las cintas de precaución, observando la escena con rostros tristes y posteriormente seguían su camino.

Una de ellas se sentó en una silla Rimax utilizada por los policías que custodian el sector. Aunque no quiso mencionar su nombre, aseguró que familiares de una amiga fallecieron en ese edificio y que desde, el día del sismo, su barrio no volvió a ser igual.

“Después del terremoto, toda esta zona era como cuando uno llega después de un funeral; así se sentía todo: silencioso, no había gente en la calle, no había luz, no había nada”, expresó la mujer a El País.

Otra de las vecinas es Ángela Dueñas, oriunda de Bogotá y quien llegó a Cali por trabajo. Vivía en el edificio Sotomonte, en la misma cuadra de la Unidad Residencial Guadalupe, que también quedó gravemente afectada. Sus habitantes todavía esperan el resultado de las evaluaciones técnicas que determinarán si la estructura puede ser recuperada o debe ser demolida.

Demoliciones de los edificios Guadalupe y Molino Rojo en el sur de Cali.
Colchones, muebles, televisores y objetos personales todavía pueden observarse en algunos de los apartamentos afectados por el sismo. | Foto: Bernardo Peña/El País

Ella vivía en el segundo piso y no ha podido regresar mientras los ingenieros continúan realizando evaluaciones. “Estamos con la incertidumbre, esperando a ver qué va a pasar”, afirmó.

Mientras tanto, alquiló un apartamento en el barrio San Fernando, donde, según mencionó, los precios son altos, ya que los apartaestudios los están arrendando entre $ 2.200.000 y $ 3.000.000, lo que hace aún más complicado volver a empezar.

Además, le dijo a El País que dentro de su apartamento no solo se quedaron sus pertenencias, sino la vida que había construido.

“En realidad, es que es la casa de uno y hay más que las cosas materiales; uno tiene su estabilidad, sus sueños, lo que uno ha hecho en la vida; el esfuerzo de su trabajo, todo, y pues ahí como que uno lo ve todo derrumbado”, afirmó Ángela.

¿Dónde quedan los recuerdos?

Catherine Varela vivía en un apartamento de Chiminangos II junto con su esposo, sus dos hijos y sus mascotas. El 10 de agosto alcanzaron a salir milagrosamente de su vivienda, pero, al regresar, se dieron cuenta de que una de las escaleras había colapsado sobre una de sus vecinas, quien falleció.

Llevaba cuatro años viviendo en la torre y a las 7:34 de la mañana de ese lunes salió sin saber que no volvería.

Según relató, a su esposo le permitieron ingresar tres veces, pero por poco tiempo y con estrictos protocolos de seguridad. “Dejaron entrar por tres minutos, pero entra uno machucado de ver su casa y saber que no va a poder volver a entrar. Al final de cuentas, como que uno no sabe ni qué coger”, reconoció.

Demoliciones de los edificios Guadalupe y Molino Rojo en el sur de Cali.
A través de las ventanas de los apartamentos de Guadalupe todavía pueden verse muebles y otros elementos de las viviendas. Para las familias que no han podido regresar, esos espacios conservan parte de una vida que quedó suspendida desde las 7:34 de la mañana del 10 de agosto. | Foto: Bernardo Peña/El País

De esta manera lograron rescatar los documentos de Catherine y durante 26 días durmieron en un albergue instalado en la cancha de Chiminangos, viviendo de las ayudas que llegaban, mientras encontraban un apartamento para alquilar, ya que no tenían ninguno de los enseres básicos.

Aunque no tenían colchones, ollas, cobijas o ropa, afirmó que nada de eso se compara con los recuerdos que dejó en su casa. “Si yo pudiera entrar nuevamente a mi apartamento, lo primero que haría sería rescatar las fotos de mi abuela, que es lo único que me queda de ella”, confesó entre sollozos.

Además, recordó que su hijo pidió que en una de las entradas fugaces se sacara su traje de Primera Comunión, uno de los recuerdos más bellos de su infancia; sin embargo, no fue posible.

La mujer señaló que son objetos pequeños frente a una ciudad que cuenta toneladas de escombros y edificios en el suelo, pero que para ellos son parte de su historia.

En Moulin Rouge y la Unidad Residencial Guadalupe las máquinas siguen derribando paredes. En otros sectores, hay edificios que permanecen en pie, pero sus habitantes aún no pueden regresar.

También están las familias que perdieron sus casas, sus pertenencias y, en varios casos, recuerdos que no pudieron sacar. Para ellas, la emergencia no terminará cuando caiga la última pared demolida, sino que ya empezó la tarea de volver a construir una vida para tener algo de tranquilidad.

Comunicadora social de la Universidad Santiago de Cali. He sido reportera en temas étnicos, tengo experiencia como periodista comercial y judicial. Disfruto la moda, las tendencias y soy apasionada por la lectura, el café y las buenas historias.

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