“El promedio de lectura en el país es deplorable”

“El promedio de lectura en el país es deplorable”

Junio 19, 2011 - 12:00 a.m. Por:
Margarita Vidal

Mariana Garcés, ministra de Cultura, considera que si los niños leen con gusto libros impresos, llegarán más fácilmente a la tecnología. “A Cali le falta trabajar en el tema de inclusión”.

Mariana Garcés Córdoba es una caleña raizal por punta y punta. Su padre Bernardo Garcés Córdoba fue ministro de Obras de Carlos Lleras Restrepo, Director- Fundador de la CVC, y de otras entidades representativas de la región, entre ellas, la Clínica Valle del Lili, la Corporación Financiera del Valle, el Colegio Colombo Británico o Proartes, después de haber vivido largo tiempo en Europa, donde sus padres se radicaron. Bernardo Garcés hizo la primaria en Francia, el bachillerato en Inglaterra y la universidad en Canadá y los Estados Unidos, pero siempre tuvo en mente regresar, para trabajar en Colombia y, muy especialmente en Cali, su ciudad natal. Permaneció en el ministerio los cuatro años del gobierno de Lleras y se devolvió a su terruño para seguir en lo público, pertenecer a todas las juntas directivas imaginables y ejercer un inapelable compromiso de trabajar en el desarrollo de su región. Tenía la nítida convicción de que el país no solamente se piensa desde Bogotá, sino que en las regiones también debe haber propuestas y compromisos. Y, como dicen que “de casta le viene al galgo”, Mariana, una de sus tres hijos, es también enamorada del servicio público, en todo lo que toca con la parte social y la cultura. Es una mujer de carácter, de armas tomar y metas muy definidas. Desde cuando era apenas una universitaria, trabajó al lado de una mujer-ícono de Cali, Amparo Sinisterra de Carvajal, entonces directora de Colcultura. Posteriormente, esta abogada de la Universidad de los Andes y graduada en Mercadeo y Negocios Internacionales del Icesi, se dedicó en cuerpo y alma a trabajar por su ciudad. Fue subgerente y gerente de Telepacífico, Secretaria de Cultura y Turismo de Cali, directora del Festival Internacional de Arte, Directora Ejecutiva de la Asociación para la Promoción de las Artes (Proartes), y trabajó arduamente para rescatar uno de los bienes más preciados de los caleños: su Orquesta Filarmónica. En esas estaba cuando el presidente Juan Manuel Santos la nombró Ministra de Cultura.En sólo diez meses ha logrado constituir un equipo de primera línea, y estructurar prioridades de su cartera que harán parte del Plan Nacional de Desarrollo 2010-2014, para el sector cultural, en todo el país. Una tarea que comprende, promoción a fondo de la lectura y la escritura durante la primera infancia, dotación de bibliotecas públicas (1.200 en el país), estimular el estudio de música (640 escuelas municipales de música popular), defender orquestas, estimular protección a la industria editorial, crear contenidos de Tv., fomentar la producción de cine y de videos, apoyar museos, festivales y grupos de teatro, muestras de fotografía, de pintura, de escultura, de artesanías y de moda... Todo esto, y mucho más, lo debe realizar con un presupuesto bastante enteco para una labor de semejante magnitud. Ojalá el Presidente Santos y su Ministro de Hacienda le colgaran el vagón de la cultura a una de las famosas locomotoras. Al fin y al cabo: “la cultura engendra progreso y sin ella no cabe exigir de los pueblos una conducta moral”, como decía José Vasconcelos.¿Cómo ve a Cali hoy?Cali tiene unos procesos culturales importantes, por ejemplo el de la salsa más como industria cultural que con la idea de rumba. Sale de los barrios como opción para los jóvenes. Desde la Secretaría de Cultura de Cali hicimos procesos de formación y trabajamos muy duro en infraestructura cultural, con las Comunas 13, 16 y 18 para que tuvieran Centros Culturales con edificaciones dignas. Trabajamos fuertemente las 56 Bibliotecas Públicas de Cali y cuidamos que esa intervención urbana no indujera comportamientos diferentes entre la gente por el cambio de su entorno.¿Qué tan importante fue allí el proyecto de Cultura Ciudadana?Nos dio una percepción de ciudad en la que Cali no va sólo de la Ermita hasta el zoológico y hasta Ciudad Jardín, sino que sus comunas tienen una actividad cultural definitiva. Cali es tal vez la ciudad que más artistas produce frente a la música popular y la clásica con la Orquesta Filarmónica. Queremos apoyar el Museo de la Tertulia y al Festival de Cine de Cali, que tuvo su época dorada hace unos 30 años. La televisión y los magníficos y premiados documentales de la Facultad de Comunicación de Univalle, han sido notables.¿Tuvo problemas de presupuesto?La cultura no es el foco de los grandes presupuestos. Es un tema recurrente en América Latina. Brasil ha hecho crecer notablemente sus índices de lectura. Precisamente la columna vertebral que queremos estructurar aquí en el Plan Nacional de Lectura. ¿Por qué tanto bombo y platillos por la Primera Infancia?Los países entendieron que lo que no se haga en esa época, es difícil lograrlo después. El grupo inglés de Bookstart cuantificó lo que en términos de retorno de la inversión, significa que un niño adquiera el hábito de lectura en su primera infancia: fácil acceso a la tecnología, vida sana, intereses importantes, práctica del deporte y actitud de prevención. Así, el Estado no tiene que invertir grandes sumas en el fomento de estas costumbres. Los ingleses han comprobado eso, mientras en Colombia esas campañas parecen unas obligaciones aburridas. La lectura aquí no promueve el goce de las historias.Loable como campaña de gobierno, ¿pero, y el papel de los padres?Nuestra campaña se llama ‘Leer es mi cuento’, desde la lúdica, la felicidad y la alegría. Que un niño lea porque lo hace feliz y descubre mundos maravillosos. Por eso triplicamos la inversión en compra de libros y adoptamos espacios no convencionales. Los aliados estratégicos son los padres, obvio, o los adultos mayores. A los niños se les obliga a leer bodrios nada aptos para sus edades.Tenemos una Mesa de Expertos bajo la dirección de Jorge Orlando Melo y representantes de varios municipios para hacer una lista de 200 títulos y haremos consultas regionales con los niños sobre lo que les gusta leer. En tres años habremos completado el total y estamos pidiendo a los alcaldes que los bibliotecarios no sean designados como parte de la cuota política de sus nombramientos. En Colombia el promedio de lectura es de 1.2 libros al año por habitante, cifra francamente deplorable. ¿Falta de costumbre o costo de los libros?De todo. Por eso queremos cooperación internacional para hacer de las bibliotecas espacios vivos, donde los niños tengan conectividad ya que si manejan con gusto libros impresos, llegarán más fácilmente a la tecnología, una herramienta fundamental para que las bibliotecas vean crecer sus dotaciones, mejoren sus colecciones y les abran a los niños una ventana al conocimiento. También trabajamos con las editoriales para que, sin dejar de ganar, colaboren con este proyecto.¿Por qué nos rajamos en pruebas como la Pisa?Tenemos, desafortunadamente, un deshonroso lugar. Expertos conceptúan que los niños no entienden lo que leen. Puede deberse a la falta de hábito de lectura que permite la capacidad de soñar, de imaginar, de aprender ortografía y vocabulario, de mejorar la capacidad de expresión y la posibilidad de escribir. Sin todo ello, difícilmente pueden contestar lo que les preguntan. El Plan de Conectividad que lidera el Ministerio TIC y que es transversal a todos los demás ministerios, ¿no atenta un poco contra la identidad propia de cada país, por aquello de la globalización?No podemos ser ajenos a ella. La televisión aporta cantidades de información y todo tipo de contenidos que de alguna manera tienen un componente de valores, unas estéticas. Entonces, sí nos enfrentamos a esa homogenización a que usted se refiere y por eso sabemos que hay que cuidar nuestras riquezas que son básicamente culturales y que son las que nos hacen diferentes. ¿Qué significa para usted el desmonte de la Comisión Nacional de Televisión?Era hora de terminar esa Comisión que conjugó dos temas no conjugables. Se convirtió en la ejecutora de un gran presupuesto y eso le impidió pensar, por lo menos de una manera recurrente, en su otra misión, que son las políticas públicas.¿En qué año fue Comisionada de Tv.?En los 90. La CNTV tenía todas las posibilidades pero poner de acuerdo a cinco personas, era imposible. Trabajamos muy duro en un reglamento sobre programación y lineamientos de contenidos, pero la verdad es que eso nunca se aprobó. Luego vino un gran desgaste. El Ministro Molano radicará un proyecto de Ley el 20 de julio, para que todas las competencias de la CNTV se entreguen a otras entidades y está estudiando la manera de asumir la regulación.¿Usted cree que Colombia está preparada para la auto regulación?Mi opinión personal es que está muy lejos de lograrla y creo que en Colombia y en todos los países es necesario un ente rector que dirima conflictos y que fije horarios y contenidos. La televisión privada está mediada por su rentabilidad, lo cual tiene una lógica, pero es un servicio público y así como uno ve experiencias significativas de construcción de país, también ve, y esto lo digo desde una perspectiva personal, que se necesita una regulación en aras de proteger a la audiencia. La CNTV se creó para evitar la adjudicación a dedo. ¿Cuál es hoy entonces la idea?Desde mi perspectiva muy personal pienso que los dos canales que hoy existen son los dueños de la red. Por eso, que el estado pueda terminar fácilmente una concesión cada diez años, el lapso de la adjudicación, no es sencillo cuando los adjudicatarios son los dueños de la red de transmisión. Allí hay un punto a considerar y yo creo que este país puede tener más canales. No tengo duda. Al modelo anterior le reivindico que aunque la adjudicación era política, estaban representadas todas las tendencias.¿Cuándo podrán los artistas vivir decentemente de su trabajo?No es fácil. Quienes apostaron por lo audiovisual hoy ven su situación bastante mejorada. Hay también más opciones para profesiones como músicos y el tema de la innovación empieza a generar fuentes de trabajo. Pero tiene razón, ser bailarín o actor aquí es muy duro. Hoy los escritores pueden vivir más de su oficio, pero los poetas tienen una vida más difícil. Los grupos de teatro constituyen un tema más complejo y les estamos buscando opciones a través de Mesas de Competitividad. Tenemos una Mesa Editorial, una de Artes Visuales, una de Artesanías y una de Artes Representativas. ¿Cómo funcionan los procesos que promueven la formación artística y la creación de cultura?Son los Planes Nacionales. Música para la Convivencia, Danza y Teatro, que hoy tienen mucho más presupuesto y trabajan básicamente en cuatro áreas: fortalecimiento de la infraestructura, producción de nuevas creaciones, formación y circulación. Ya tenemos 640 Escuelas Municipales de Música Popular, Tradicional y Clásica. Tenemos también las becas de creación en torno a las Artes Visuales y hacemos convenios con el Sena y las Universidades para la formación en los diversos temas culturales en modalidad virtual y presencial.¿Volviendo al Valle y Cali hay más planes específicos?Claro que sí. Aportamos significativamente a la Manzana del Saber. Allí tendremos presencia clara y permanente. También con la construcción de Somos Pacifico, en la Comuna 13, e iniciaremos otro proyecto en la Comuna 21. Temas priorizados con la Secretaria de Cultura y con el Alcalde de Cali. Apoyamos el Petronio Álvarez y los Festivales Internacionales de Arte y de Teatro, además de la Orquesta Filarmónica. Como le decía estamos en el debate sobre el Festival de Cine, al cual le encontramos una solución. Le dije al Alcalde que si él pone unos recursos yo, desde el Ministerio, le pongo otros para que no desaparezca. Hay iniciativas que no se pueden perder. También seguiremos apoyando la Fundación Delirio y el Museo Rayo, donde tenemos un aporte importante de recursos para la creación de un taller que generará ingresos, donde podrán capacitar gente y prestar servicios.Este es el año de la afrodescendencia, ¿qué proyectos hay en Cali que tiene una población negra tan grande?A través del Plan Nacional de Concertación queremos tener la Escuela Taller, en Buenaventura, a la que concurran la Cámara de Comercio e instituciones culturales. Ya hicimos una intervención en la Estación del Ferrocarril para instalarla. También apoyamos los festivales del Mono Núñez y de Sevilla y le entregamos recursos a Incolballet. ¿Hay alguna buena noticia para el Museo de la Tertulia?Tenemos un proyecto radicado, que incluiremos en el presupuesto del 2012, para mejorar su infraestructura. ¿Cómo analiza la fractura social que hoy divide a Cali?Creo que a la ciudad le falta trabajar en la inclusión porque si uno tiene una mirada y una conciencia integral sobre la ciudad, debe sentirse orgulloso de convivir con tantas manifestaciones culturales que han llegado y se han asentado en la ciudad, con sus aportes de estratos, colores, plurietnias y multiculturalidades que hacen de Cali la ciudad que es. ¿Después de todas esas bellezas que me ha contado, qué es lo malo y qué es lo feo?El tema presupuestal es duro y ahora está de moda una polémica sobre la lámpara del teatro Colón de Bogotá.Que me parece una tempestad en un vaso de agua.Pues a mí me gustaría que se discutiera, por ejemplo, por qué el Colón lleva tres años cerrado, cuándo se reabrirá y qué tipo de teatro queremos. ¿Y cuáles son sus respuestas a esas preguntas?Queremos abrirlo en el 2013. La fase que se culminó no es de esta administración sino un tema analizado, decidido licitado y adjudicado por la ministra Paula Marcela Moreno. Cuando yo llegué, la primera fase estaba culminada, con todas sus consecuencias. Invité a la empresa alemana más importante de expertos en planeación y remodelación de teatros patrimoniales en el mundo, como los de Viena, Hamburgo, Berlín, Oslo, Seúl y Sidney para que opinaran y ellos conceptuaron muy favorablemente sobre lo que se ha hecho. Creo que se armó un debate muy precario en torno a una lámpara y a una silletería. La mayoría de teatros patrimoniales del mundo han cambiado sus sillas para seguir siendo competitivos por un tema de comodidad y de seguridad. Finalmente, la lámpara original permite apreciar el bello plafond del teatro y lo libera del peso de 400 kilos. Las sillas que se retiraron no eran las originales. Éstas se restauraron y se pondrán en los palcos. Se quitaron terciopelos y damascos para que el teatro ganara en acústica. En cuanto a por qué la lámpara fue a Arauca el Ministerio se acogió a los procedimientos legales para enajenar, de manera gratuita, los bienes del Estado que dejan de prestar servicio en un lugar. Aunque para mí tanto el Capitolio Nacional como la Alcaldía de Arauca son Colombia le cuento que ante todo el drama que se ha formado el alcalde de esa ciudad ha preferido que la lámpara regrese a Bogotá.

VER COMENTARIOS
CONTINÚA LEYENDO
Publicidad