El himno del Valle del Cauca se escuchó por primera vez en su historia el 14 de mayo de 1961 en la plazoleta de San Francisco en el centro de Cali. La interpretación estuvo a cargo de la Banda Departamental de Músicos del Valle, el coro del Valle y el orfeón de maestros de Cali.
Desde entonces, el himno se convirtió en un símbolo de unidad y grandeza reflejada en el Valle del Cauca.
Precisamente, en el marco de dicha conmemoración, El País habló con el historiador William Mallama, quien detalló la realidad del departamento para esa época, además de la importancia de tener un símbolo que uniera a una población multicultural.
Según William Mallama, la década de los 60 estuvo marcada por la instauración del Frente Nacional, un acuerdo entre los partidos tradicionales que buscaba brindar estabilidad política y un escenario de pacificación tras años de violencia. En el Valle, este periodo coincidió con un auge económico vertiginoso.
“El enjambre del Valle del Cauca con ese crecimiento económico hacía que se presentara un desnivel de clases porque la concentración de las tierras en pocas manos había dedicado su participación en el desarrollo no solamente de la parte agrícola, porque el Valle del Cauca pasaba de ese sector agrícola a ser un sector agroindustrial”, recalcó el historiador.
En este escenario de cambio, el himno surgió como un símbolo necesario para “unir a las clases políticas” y recoger las voluntades y la ideología de una región que buscaba proyectar su grandeza.
Siendo así, más allá de ser una pieza musical, el himno se convirtió en una herramienta para fortalecer el orgullo regional en una época donde la violencia todavía generaba tensiones.
De esta manera, Mallama explica que se buscaba rescatar valores y exaltar la pertenencia a través del fortalecimiento de la industria, especialmente el sector azucarero.
“Era necesario crear un vínculo que nos sacara de ese proceso de violencia que se estaba viviendo y de ese clima tensionante sobre el cual estaba divagando nuestra nación en la lucha de los partidos tradicionales, la forma era a través de fomentar ese sentido de pertenencia en los vallecaucanos y ese orgullo por la región”, explicó el experto.
En este punto es importante recordar que el himno es el resultado de un concurso lanzado en 1953 por la Gobernación del Valle. Los ganadores fueron Santiago Velasco Llanos, Pablo Emilio Camacho y José Ignacio Tamayo, figuras que representaban la élite intelectual de la época.
Mallama destaca que estos autores lograron consolidar una identidad de pertenencia que hoy se mantiene como uno de los himnos más representativos del país.