El mundo cultural del Valle del Cauca despidió este viernes a una de sus figuras más emblemáticas, la matriarca de los Arellano, Ana Luisa Becerra de Arellano, quien falleció a los 103 años de edad, los cuales celebró junto a su familia, el pasado 8 de enero.
Ana Luisa fue escritora, compositora y pintora, recordada no solo por su prolífica obra artística, sino también por haber sido el pilar de una familia que ha dejado una huella profunda en la música, la literatura y las artes plásticas de Colombia.
Nacida en Palmira, Ana Luisa Becerra creció en un entorno donde el talento artístico hacía parte de la vida cotidiana. Su nieto, Federico Arellano Mendoza, columnista de esta casa editorial e hijo del fallecido maestro Gerardo Arellano, la describió como una mujer excepcional, cuya influencia trascendió varias generaciones.
“Ana Luisa Becerra de Arellano nació en Palmira, Valle del Cauca, en el seno de una familia ilustre, humilde y con un gran talento para las artes plásticas y la literatura, así como para la composición de obras musicales”, expresó.
En su juventud, Ana Luisa contrajo matrimonio con Alfonso Arellano García, reconocido empresario bugueño, fundador de la emisora Voces de Occidente y del Club de Leones de Buga. De esa unión nacieron 11 hijos, entre ellos figuras destacadas del ámbito cultural como el maestro Gerardo Arellano Becerra, Beatriz Arellano Becerra y Eugenio Arellano Becerra.
“Todos sus hijos heredaron en su ADN la condición artística. Uno para las artes plásticas, otro para las letras y otros para la música. Lo mismo ocurrió con las siguientes generaciones, hasta sus bisnietos. Nosotros hemos tenido la fortuna de ser herederos cromosómaticos de un ADN virtuoso en materia de talento artístico”, afirmó Federico Arellano.
Cabe decir que, la artista cultivó con igual rigor la literatura, la pintura y la música. Y, de ese primer talento, el amor por la escritura y la literatura, hizo novelas entre las que se encuentran El gitano Josué, Un viaje feliz y Lucía. También escribió libros de poesía y compuso obras musicales como Velero azul, un vals que fue interpretado por su hijo Gerardo Arellano como homenaje a su madre.
Además de su producción artística, Ana Luisa fue una mujer profundamente comprometida con la filantropía y la fe católica. Según su nieto, durante años llevó regalos de Navidad a niños del Distrito de Aguablanca, en Cali.
“Se sentía absolutamente feliz dándole a los más necesitados. No conocía la mezquindad, no se limitaba en el amor generoso que entregaba jamás”, recordó.
Federico Arellano también resaltó la fortaleza moral de su abuela y el legado espiritual que dejó en su familia. “Fueron 103 años de una vida ejemplar en torno al amor por Dios, en torno a los valores y a los principios innegociables que nos inculcó a todos desde niños Y que gracias a Dios, muchos hoy seguimos ejecutando y con lo cual hemos dado dignificación a nuestras carreras y a nuestras vidas. Vivió 103 años intachablemente, con una verticalidad moral, rectitud en el obrar y principios cristianos férreos”, aseguró.
Y añadió, “Con cariño, la familia la llamaba ‘Mamá Nina’. “Era una mujer absolutamente generosa en sus sentimientos, desbordada en su talento y férrea en sus conductas ajustadas al derecho y a la moral cristiana. Un ejemplo de vida”, expresó su nieto.
El homenaje póstumo a Ana Luisa Becerra de Arellano se realizará en Buga, y en Cali, ciudad en la que residió durante gran parte de su vida y donde consolidó su legado cultural y humano.
Su partida deja así, un vacío en la cultura vallecaucana, pero también una herencia familiar invaluable que continúa viva en las obras que creó y en las generaciones de artistas que formó con su ejemplo. “A mi abuela le debemos el amor por Dios, la vocación y la devoción artística”, concluyó Federico Arellano.