Adrián Miranda Loaiza nació en Roldanillo por azar. Su madre, oriunda de Aguadas, Caldas, llegó al municipio vallecaucano a mitad de año y el embarazo no esperó el regreso.

Años después, él mismo escribiría uno de sus cuentos sobre ese impulso de salir para volver convertido en quien se está destinado a ser. La autobiografía y la filosofía, en su caso, son difíciles de separar.

Terminó el colegio en Roldanillo y en 2006 se fue a Bogotá. Quería estudiar filosofía en la Universidad Nacional. Terminó en la Universidad Sergio Arboleda, donde se formó durante seis años como filósofo humanista. Su tesis de grado fue sobre filosofía económica. Ese cruce entre ideas y economía no fue un accidente académico: sería el eje de todo lo que vendría.

Roldanillo fue el primer municipio donde se aplicó la metodología de vocación histórica: los tres ejes identificados fueron agricultura, arte y turismo. | Foto: El País

El detonante: una campaña presidencial y una pregunta sin respuesta

En 2018, con las elecciones presidenciales de fondo —Duque contra Petro—, Miranda Loaiza observó algo que lo inquietó: dos candidatos que afirmaban querer lo mismo, el bienestar de Colombia, con propuestas casi opuestas y un debate público convertido en trinchera.

“Si el fin es el mismo, ¿por qué tanta diferencia?”, se preguntó. La respuesta que encontró fue que Colombia no tenía un proyecto de país. Tenía partidos, ideologías, programas de gobierno. Pero no una idea de nación construida desde su propia esencia.

Esa pregunta se convirtió en libro: Hacia la sociedad del conocimiento, una investigación que cruzó filosofía, economía, historia, antropología, sociología y geología para responder qué es Colombia y hacia dónde debería ir.

El texto está organizado en cuatro capítulos: el primero explica qué es una sociedad del conocimiento; el segundo identifica los cuatro obstáculos que frenan el desarrollo del país —legislación variable y excesiva, impuestos casi confiscatorios, burocracia y contrabando—; el tercero expone lo que Miranda llama la vocación histórica de Colombia; y el cuarto, el que distingue su propuesta de la mayoría de los diagnósticos políticos, está dedicado al cómo: cómo implementar cada cosa.

La vocación histórica: megabiodiversidad, multiculturalidad y creatividad

El concepto central de su trabajo es la vocación histórica de los pueblos: la idea de que los territorios, como las personas, tienen características singulares e irrepetibles que los llaman a hacer algo específico.

No se trata de fundación —Colombia se fundó hace 205 años— sino de formación, un proceso que arrancó hace 120 millones de años cuando la placa de Nazca chocó con la plataforma sudamericana y formó las tres cordilleras que definen la geografía, el clima, la cultura y hasta la forma de hablar del colombiano.

De esa investigación, Miranda Loaiza extrajo tres características que considera la esencia irrepetible de Colombia: es el país más megadiverso del mundo por metro cuadrado, es multicultural en un grado difícilmente comparable con cualquier otra nación, y el cerebro del colombiano es altamente creativo.

Esta última característica, aclara, es una descripción neutra: “Somos tan creativos como destructivos a la vez.” El problema, dice, es que esa creatividad se queda en el rebusque y la malicia indígena en lugar de convertirse en ciencia, tecnología, innovación y emprendimiento, que son las cuatro vías por las que otros países alcanzaron el desarrollo.

Adrián Miranda Loaiza, filósofo humanista egresado de la Universidad Arboleda de Bogotá, nació en Roldanillo en familia oriunda de Aguadas, Caldas. | Foto: El País

De la teoría a la ONG: nace Proyecto País

Escribir el libro no fue suficiente. Miranda Loaiza fundó la ONG Proyecto País en el año 2023, con sede en Roldanillo pero con operaciones en el Valle del Cauca, Bogotá y otros municipios del país. La organización trabaja en cuatro sectores: educativo, sociedad civil organizada, sector privado y sector público.

En el sector público, la ONG ha asesorado la elaboración de planes de desarrollo municipales aplicando la metodología de vocación histórica: identificar los pilares singulares del territorio y ordenar todas las decisiones de gobierno alrededor de ellos.

Con ese método trabajaron en Roldanillo entre 2019 y 2020, donde concluyeron que el municipio tiene tres ejes estructurales: agricultura, arte y turismo.

A partir de ahí, cada decisión de inversión —vías, seguridad, infraestructura— debe justificarse en función de esos tres pilares.

Han aplicado el mismo proceso en Caicedonia, La Unión y Ubaté, en Cundinamarca. También participaron en grupos de trabajo para el plan de desarrollo de la Gobernación del Valle del Cauca y han asesorado alcaldías en actividades puntuales posteriores a la formulación del plan.

Miranda Loaiza también asesora candidatos a alcaldías y gobernaciones para que lleguen al cargo con una orientación clara del territorio que van a gobernar.

Su argumento es directo: en Colombia se elige por popularidad y emoción, no por conocimiento. “Uno no llama a un plomero porque le cae bien”, dice. “Lo llama porque sabe plomería.”

La misma lógica, sostiene, debería aplicar para el cargo más importante de un municipio.

El Laurigo: filosofía aplicada al campo

Uno de los proyectos concretos de la ONG es una aplicación llamada El Labriego, diseñada para acompañar al campesino en la gestión financiera de su producción agrícola.

El diagnóstico detrás de la app es preciso: la agricultura colombiana funciona en muchos casos como un juego de azar. El agricultor siembra lo que sembró el vecino, sin análisis de mercado ni de costos. Si el precio del producto sube, gana. Si baja, pierde. Y vuelve a empezar.

El Labriego guía al usuario para registrar costos, hacer seguimiento financiero y tomar decisiones con más información. La plataforma incluye también capacitaciones, orientación y opciones de comercialización.

Tiene un costo mensual de mantenimiento aunque las capacitaciones y orientaciones se ofrecen de forma gratuita.

La ONG también lleva su propuesta a universidades, buscando que la academia conecte la ciencia, la tecnología, la innovación y el emprendimiento con la sociedad civil, no solo con los circuitos académicos internos.

Un modelo que apuesta por el largo plazo

Lo que distingue el trabajo de Miranda Loaiza no es la novedad del diagnóstico —la polarización política, la informalidad económica y la desconexión entre gobernantes y territorio son males documentados— sino el intento sistemático de construir una respuesta que no dependa de un partido ni de un gobierno de turno.

Su apuesta es que si los municipios y el país identifican su vocación y orientan sus decisiones desde el conocimiento, el desarrollo deja de ser accidental.

Roldanillo, el municipio que lo vio nacer por azar, es también el laboratorio donde primero aplicó esa teoría.

Portada del libro Hacia la sociedad del conocimiento, que estructura en cuatro capítulos el diagnóstico y la propuesta de Miranda Loaiza para Colombia. | Foto: El País

El filósofo que también escribe cuentos para Roldanillo

En paralelo a su trabajo como filósofo y gestor de proyectos territoriales, Adrián Miranda Loaiza publicó un libro de ocho cuentos ambientado en Roldanillo: ‘Roldanillo el primero con el nombre’.

El autor lo describe como un libro escrito para roldanillenses, con lugares comunes del municipio, pero con una dimensión que puede resonar en cualquier lector: los temas que toca son universales aunque los escenarios sean locales.

Uno de los cuentos retoma un impulso que el propio Miranda Loaiza reconoce como autobiográfico: el de salir del pueblo para formarse y regresar convertido en quien se está destinado a ser.

La obra circuló principalmente en Roldanillo y generó recepción positiva en ese entorno. No es una producción desconectada de su pensamiento filosófico: la identidad del territorio, la memoria colectiva y el vínculo entre el individuo y su lugar de origen son preguntas que atraviesan tanto sus cuentos como su teoría de la vocación histórica de los pueblos.

Adrián Miranda Loaiza, filósofo humanista egresado de la Universidad Sergio Arboleda de Bogotá, nació en Roldanillo de familia oriunda de Aguadas, Caldas. | Foto: El País